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| El estreno del ejército de ‘adelitas’ |
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Héctor de Mauleón
El Universal Viernes 11 de abril de 2008 |
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hdemauleon@eluniversal.com.mx Claudia Sheinbaum recibió una llamada a su celular: “Ya”. Las adelitas se habían concentrado en el Hemiciclo. Avanzaron por avenida Juárez hacia las inmediaciones de Xicoténcatl. Ahí, las brigadas se dividieron en un perímetro que envolvió las calles aledañas al Senado de la República. Los automóviles comenzaron a pitar y varios peatones protestaron cuando se les impidió el paso. Las mujeres que guardaban el cruce de Tacuba y Filomeno Mata, comenzaron a corear: “Si estás muy enojado, y no puedes pasar, reclámale al espurio, que nos quiere estafar”. Unos minutos más tarde, como en los días del plantón, las calles fueron cerradas con lazos y se cubrieron de toldos. En Eje Central, una mujer de la tercera edad, con los pechos descubiertos, mostraba la leyenda que traía pintada en la piel: “Pemex no se vende”. “Vas a estar muy cotizada en internet —le dijo entre risas una de sus compañeras—, hasta rica te puedes volver”. De ese modo comenzó la primera fase de la “resistencia civil pacífica”. Desde las bocinas de una camioneta estacionada en República de Cuba, se escuchaba, una y otra vez, la voz del “presidente legítimo”: “Hoy más que nunca quiero hablarles con el corazón, hoy estamos decididos a defender el derecho del pueblo a la esperanza… Quién mejor que ustedes, con su sensibilidad, para enseñarnos las grandes verdades sobre el amor, la justicia, la libertad y el patriotismo…”. En Allende, el perredista Víctor Hugo Círigo descendía la escalinata de la Asamblea Legislativa. Las adelitas acantonadas en la esquina de Donceles, lo identificaron. Retumbaron los gritos de “vendido” e “hijo de Calderón”, que lo obligaron a apretar el paso. “¡Uuuleero! ¡Uuuleero!”, le corearon. Varias cartulinas retomaban la frase de Fidel Castro: “Ni un paso atrás, ni siquiera para tomar impulso”. La brigadista María Rojas, representante de colonos en Azcapotzalco, y activista pro López Obrador —“¡Uy! desde la toma de pozos en Tabasco”—, expuso: “Si no se privatiza el petróleo nos va a tocar un barril al mes a cada mexicano. Por eso estamos aquí. Para defender la riqueza y que no se roben el país los españoles”, comentó. Una de sus superiores la mandó callar: “No hable con la prensa, compañera. La única que puede declarar sobre la resistencia se llama Claudia Sheinbaum. Que le pregunten a ella”. En Cuba y Callejón del 57, mujeres vestidas de blanco, y envueltas en banderas nacionales, escuchaban a la “Adelita” que las aleccionaba por medio de un altavoz: “No sólo tenemos que oponernos a la privatización de Pemex, ¡tenemos que luchar también contra la Cocacola, que está privatizando el agua!”. En la brigada que había tomado posesión de Donceles y Eje Central, Rosalba Nieto Pivarar, del grupo Participación Ciudadana (y activista desde hace 15 años), comentaba: “En el 68 mataron a los chamacos porque estaban solos. Pero ahora las mujeres y las personas de las tercera edad vamos a impedir que el usurpador los mate”. Quedaban por delante varias horas de sol. Los autos seguían pitando. Las encargadas de mantener el ánimo promovían sus consignas sin descanso. Andrés Manuel López Obrador había estrenado a su flamante ejército. El centro está tomado al fin por las adelitas.
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