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| Ola de plástico arrasó al Congreso |
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Fidel Samaniego
El Universal Viernes 11 de abril de 2008 |
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fidel.samaniego@eluniversal.com.mx Era como una ola, enorme, blanca. Se levantó y ascendió, avanzó hasta cubrir en su totalidad el estrado. Entonces, de abajo de ella salió la voz enérgica de Ruth Zavaleta, presidenta de la Cámara de Diputados, quien exigía a los legisladores integrantes del Frente Amplio Progresista que habían tomado la tribuna que bajaran la manta que portaban para que pudiera dar el resultado de la votación. Segundos después, la gran lona volvió a levantarse, a crecer, y otra vez tapó todo el proscenio. Y se pudo leer de la misma: “Congreso Mexicano: CLAUSURADO”. Marea o hasta maremoto político en San Lázaro. Un conflicto que poco antes de la una de la tarde de ayer hizo silenciosa implosión. Protesta o presión, espectáculo de los diputados perredistas, petistas y de Convergencia (los del llamado Frente Amplio Progresista) una vez que desde el Senado de la República recibieron la señal. Ellas y ellos se pusieron de pie, caminaron. Nadie hablaba. Llegaron a la tribuna unos, y otros hasta los lugares de la Mesa Directiva. Sorprendidos observaban panistas y priístas. Héctor Larios, coordinador de los primeros, entró apresurado al recinto y dio la orden: “¡Nos vamos!”, dijo. En el orden del día estaba programado el debate y aprobación de un proyecto que crea el fideicomiso que otorgará recursos a ex braceros. La perredista Ruth Zavaleta otorgó el uso de la palabra al legislador priísta Jorge Stefan Chidiac. Le dijo que ante la imposibilidad de hablar desde la tribuna lo hiciera en su curul. “¡Ven, sube!”, gritaron a coro los que entonces eran dueños de esa zona. “¡La que conduce la sesión soy yo!”, los regañó la presidenta. Después, el debate sobre el proyecto fue cancelado. En el templete continuaban los que demandan debate nacional sobre la reforma energética. La minuta se puso a votación. Fue entonces cuando nació, creció y ascendió la gran ola de plástico y lona. Así, de hecho, la sesión y los trabajos del Congreso de la Unión quedaban clausurados, no había la menor duda. Una jornada inocultablemente cargada de tensión en el Palacio Legislativo. Cuando estaban por iniciar los trabajos, Javier González Garza, coordinador perredista, manifestaba que, de hecho, la secretaria de Energía, Georgina Kessel, había dejado plantados a los diputados del FAP al avisar apenas en la avanzada noche del miércoles que no acudiría a la cita que tenía programada para dialogar ayer sobre la iniciativa de la reforma energética. “¡Para acabar pronto, si no hay debate nacional, no habrá reforma!”, advirtió González Garza. En esos momentos, en otra parte del salón, Alejandro Chanona, de Convergencia, recibió un llamado en su teléfono móvil. No pudo responder, se limitó a escuchar durante casi un minuto, hasta que intervino. “¡ahora déjame hablar a mí!”, dijo. Agregó que Layda Sansores retirará las pancartas que ha colocado afuera de sus oficinas con las fotos de los que ella ha llamado “panistas misóginos” hasta que ellos le presenten una disculpa pública por las ofensas que le hicieron hace unas semanas cuando la legisladora subió a tribuna. Héctor Larios, quien le hablaba, le habría advertido entonces que algo tenían que hacer porque varios de sus compañeros de la fracción del PAN ya andaban muy molestos. “¡Pues entonces como quieran y donde quieran!”, exclamó. De inmediato comentó al cronista: “Ni hablar, las cosas están muy calientes”. Pasaron las horas y el estrado seguía cubierto por esa que fue una ola, o parte de un maremoto político. Algunos diputados estaban con sus cascos y banderas. Una voz se multiplicaba y causaba nueva alarma: “¡van a llegar las adelitas!”. Y en las aguas revueltas de esa mar de intereses, ambiciones, pasiones, flotaban la incertidumbre y el miedo.
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