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Noche de ‘cebollazos’ entre lujos y misticismo maya
Ricardo Gómez
El Universal

Miércoles 23 de enero de 2008



ricardo.gomez@eluniversal.com.mx

XCARET, QR.— En este mítico lugar maya, la bancada del PRI en la Cámara de Diputados recibió algo más que el reconocimiento de los dioses.

Fue el reconocimiento del empresariado, por haber permitido al presidente Felipe Calderón tomar protesta el 1 de diciembre de 2006.

En la inmensa palapa maya, donde se han llevado a cabo bodas como la del presidente de Televisa, Emilio Azcárraga Jean, y la de la cantante Paulina Rubio, ahora fue el priísmo el invitado de honor, que congregó a la clase política y gobernante de Quintana Roo a degustar platillos como ensalada de cangrejo, crema de chicharrón, y róbalo, y otras delicias culinarias en sus trabajos en la reunión plenaria.

Envueltos en el misticismo de este lugar sagrado, los priístas se prestaron al juego de los cebollazos, deshaciéndose en halagos entre ellos mismos y entregando reconocimientos a diestra y siniestra, entre ellos a la diputada Sara Latife, quien casualmente fue la anfitriona.

El ambiente huele a pasado, un pasado que es mismo reflejo del PRI, entre humo del copal, antorchas, pasadizos de piedra y grutas aderezadas de guerreros ancestrales que tocan caracolas al paso de legisladores del tricolor, algunos acompañados de familiares para una velada en tierra priísta.

Así, la clase política del PRI, gubernamental y empresarial, se congregó el lunes por la noche en un lugar que suele ser destino de turistas.

En las profundidades, a donde se llega por las veredas subterráneas alumbradas por antorchas, la diputación priísta fue reconocida por el sector empresarial, por haber sido el factor decisivo para que el presidente Calderón tomara protesta.

El reconocimiento cayó fuerte. Algunos no lo esperaban; alzaron las cejas, como Carlos Chaurand. Otros simplemente guardaron silencio.

Es la noche del lunes, la primera de la décima reunión plenaria. Insisten las diputadas en presumir su atuendo folclórico. Algunas ya no lo usan, como Lilia Merodio, pero otras incluso lo usan con orgullo, como Lorena Martínez.

Acuden también el gobernador de Quintana Roo, Félix González Canto, quien difícilmente capta la atención nacional; Emilio Gamboa, coordinador del PRI, y ese priísmo a varios metros al centro de la tierra —alejado de la realidad— los hace coincidir en que su partido está “en franca recuperación”.

Acuden también Rodrigo de la Peña, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Manuel Valencia (Convergencia), presidente del Congreso local, Lizbeth Loy Song Encalada, presidenta del Tribunal Superior de Justicia del estado, y las cabezas del grupo Xcaret, Miguel Quintana y Carlos Constandse.

Así, entre los suyos, la andanada de aplausos sin ton ni son, lleva algarabía a la décima reunión plenaria. Son los aplausos de 106 diputados que se hospedaron en un hotel de lujo, Le Meridien, donde el platillo principal entre pares fue un ofrecimiento: unidad.

En ese hotel donde ayer se ofreció la comida de despedida, en una de las exclusivas terrazas, a la presidenta nacional del PRI, Beatriz Paredes, la unidad parece haberse quedado entre la brisa y el mar.

Una unidad que quedó en el aire porque en la amplia terraza destaca la ausencia del diputado Mariano González Zarur, enemigo político de Paredes, quien, a kilómetros de ahí, prefiere no hacer eco de la presencia de su correligionaria y degusta platillos en el exclusivo restaurante de langostas Lorenzillos. Una unidad a lo PRI, en tierras mayas y lujos, todo a expensas del erario.



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