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| Un mártir atrapado en la disputa entre dos gobiernos |
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Juan Arvizu
El Universal Domingo 16 de septiembre de 2007 |
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Expertos opinan que la gesta de Primo de Verdad en 1808 debe abrir tregua para sacar adelante la celebración del bicentenario
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Un acto de valentía ocurrido en 1808, de quien es reconocido como el primer mártir de la nación mexicana, Francisco Primo de Verdad y Ramos, está atrapado en los festejos del bicentenario, entre falta de acuerdos y disputas políticas de los gobiernos federal y de la ciudad de México.
Especialistas en teoría del conflicto político, en democracia y en historia de la independencia consideran atinado rememorar el 1808, en el marco del bicentenario, pero advierten que no se deben mezclar las divergencias que han acompañado los mandatos del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, y del presidente de México, Felipe Calderón.
Proponen una tregua en la cadena de encontronazos, ya que la esencia de las celebraciones del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución es la nación, la unidad de los mexicanos. Las peleas pueden llevarlas en otros temas, aseguran.
Primo de Verdad, un criollo funcionario de la ciudad de México, entró a la historia hace dos siglos a costa de su vida, cuando proclamó en el cabildo la soberanía popular, con un plan de independencia pacífica.
Con la frase “Todos tenemos un primo” en carteles alusivos, el gobierno de la ciudad de México abrió en julio, con un año de anticipación, las celebraciones conmemorativas de la efeméride del cabildo, y le añadió un ingrediente:
“Hay quien no quiere que la ciudad no plantee su visión de las cosas. No le pueden regatear su derecho de dar a conocer su historia. ¡Nada más eso nos faltaba!”, dijo Ebrard el 3 de septiembre.
En torno de Primo de Verdad se formó un nuevo foco de confrontación política, de la cual el mismo Marcelo Ebrard dio cuenta el día de inicio de los festejos de 1808:
“Un gobernador me decía que si yo quería cambiar la historia, y le dije: No. ¿Perdón? ¡La historia está aquí! Si el movimiento armado fue en 1810, nadie lo está discutiendo, pero en la ciudad hubo un movimiento importante en 1808, y le costó la vida a quien defendió la soberanía del ayuntamiento, del país”.
Convocatoria universitaria
El madruguete en los terrenos de la historia está en curso, con la campaña de Primo de Verdad, la remodelación de plazas, y un discurso de que el Distrito Federal tenga Constitución propia.
Miguel Carbonell, coordinador de investigaciones de Derecho Constitucional de la UNAM, propone una tregua política. No reconocer a Calderón como presidente no debe extenderse a los festejos, dice. Propone un “ejercicio de unidad nacional” convocado por las instituciones universitarias. “No les faltarán, por otra parte, eventos para disputar sus ideas y programas de trabajo”, destacó el experto.
José Fernández Santillán, director del Centro de Investigaciones en Humanidades del Tecnológico de Monterrey Ciudad de México dice: “Este es un momento para recordar la historia y no para pelearnos por la historia”.
Señala que los dos gobiernos deben ponerse de acuerdo para dar el realce debido a los festejos. Y les recuerda: La solemnidad del momento debe estar por encima de los intereses de proyección personal de los gobernantes.
Demetro Sodi, analista político, afirma que sería ridículo que cada quien vaya a hacer su fiesta en la ciudad de México, ya que ambos gobiernos participan del mismo espacio. Por esa condición deberían de darse eventos compartidos. Propone que el Congreso convoque a la coordinación federal con las entidades federativas. “Si no privilegiamos la unidad, el diálogo, los festejos del bicentenario serán una farsa”.
Francisco Valdés Ugalde, estudioso de la UNAM sobre la reforma del Estado y del conflicto político, dice que las celebraciones por el 1808 se pueden armonizar con las de 1810, de manera “pacífica, favorable, amistosa”.
Plantea que más que celebraciones y fasto, “deberíamos tener una revisión crítica de nuestra historia”. Analizar, por ejemplo, el periodo entre los dos siglos que se festejan y entender por qué México pasó de ser una de las economías más importantes del mundo a una de las más atrasadas.
Allí debe de estar el debate, para “mirar hacia adelante los cambios que tenemos que llevar a cabo en el país”. De otra forma, concluye Valdés Ugalde, “lo que estamos haciendo son leyendas y mitos”.
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