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| “Fue como si el cielo ardiera” |
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Blanca Patricia Galindo
El Universal Martes 11 de septiembre de 2007 |
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CIUDAD MENDOZA, Ver.-— “Fue como si el cielo ardiera”. Con esa sola frase, Ofelia Ramírez describe la impresión que sufrió al darse cuenta del estallido de un ducto de Pemex en la entrada de Maltrata. A sus 80 años repite constantemente que a eso de las cuatro de la mañana “se oyó el tronidazo y comenzamos a correr para arriba, porque empezamos a oír cómo ardía el monte, y luego, al ver la flamada, mejor nos fuimos”. Vecina de la comunidad de Salinas —antes La Estancia— la mujer mira a lo lejos la columna de humo que a ratos se ilumina con las flamas reavivadas por el viento y recuerda que no es la primera vez que le toca una explosión de éstas. Hace 40 años, dice, en el cerro del Borrego, en Orizaba, también le tocó ver el estallido de un ducto de la paraestatal, pero sin mayores consecuencias. “Era de noche cuando oímos el tronidazo. Oímos que se reventó el tubo y vimos la lumbrada. Parecía que ardía el cerro; levantamos al vecino; nos dijo que no pasaba nada... De pronto todo se iluminó y dijimos ‘mejor vámonos’, vaya a explotar más y nos quema”. Para Ofelia no pasó del susto, si bien abandonó su vivienda, sólo fue un rato y al poco tiempo regresó para seguir su vida y atender una pequeña tienda. A Dorotea Cortés y su familia, el susto les obligó a salir de su casa y cuando querían regresar, personal del Sistema municipal de Protección Civil ya no se los permitió. “Estábamos durmiendo y de pronto oímos las sirenas de las patrullas. Le hablé a mi esposo y le dije: algo pasa; salimos a la calle y nos dimos cuenta de que estaba el incendio y corrimos pa’l cerro”, narra la mujer que con su esposo, su hija, un nieto y su yerno se albergaron en Ciudad Mendoza. “Nos espantamos mucho y cuando quisimos regresar a nuestra casa ya no nos dejaron porque el río Chiquito estaba contaminado y nos dijeron que era peligroso”. Ella, como otras mil 500 personas de la región de Maltrata, tuvieron que abandonar sus viviendas para ponerse a salvo tras el estallido de los ductos, pero sobre todo por el combustible que se derramó en el río Chiquito, que atraviesa los municipios de Nogales y Ciudad Mendoza. Ya al filo del mediodía, luego que se les ofrecieran desayuno y comida, poco a poco fueron regresando a sus viviendas, no sin antes dárseles cubrebocas para evitar intoxicaciones por los restos que pudiesen quedar.
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