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Huyen y se refugian en templos
Juan Veledíaz
El Universal

Martes 11 de septiembre de 2007



OMEALCA, Ver.— “Estaba tan iluminado que toda la noche fue de día. Explotó como a las dos de la mañana, pero fueron dos seguidas; luego como a los cinco minutos vino otra y como a los 10 se oyeron otras dos bien fuertes, que fueron las últimas”.

Son las cuatro de la tarde y Epifanio Valerdi, un vecino de este municipio veracruzano, no sale de su asombro de lo que le tocó presenciar 14 horas atrás, cuando a unos metros de su vivienda, en este poblado que se encuentra al pie de la sierra de Zongolica, se levantaron unas llamaradas de más de 80 metros hicieron huir de sus domicilios a alrededor de 200 vecinos de la colonia Plan de Ayala, la más cercana a la planta de Pemex que explotó.

Plan de Ayala fue una de las 15 comunidades evacuadas pertenecientes a Omealca, cuyos habitantes abandonaron ayer por la madrugada sus pertenencias, tomaron lo indispensable y salieron a la carrera para buscar refugio en templos y escuelas de poblados cercanos pertenecientes al municipio vecino de Yanga, donde se habilitaron albergues para cerca de 5 mil afectados.

“Yo escuché tres seguidos y me espanté”, cuenta Rosario Medina, una mujer cuya piel morena hace que resalte el blanco de su cabellera corta, que luce canas. Platica mientras está rodeada de una de sus vecinas y tres de sus hijos con quienes toma el fresco a la sombra de un árbol en el parque principal del poblado de San José del Corral, aledaño a Yanga. “Todo se iluminó, haga de cuenta que era de día. Nos dio miedo que nos fuéramos a quemar y mejor salimos corriendo con mis hijos y nada más alcanzamos a agarrar algunas cosas”, relata.

Un lugar para refugiarse

En San José se concentran alrededor de un millar de habitantes de Xúchiles, otro de los sitios evacuados, y por todo el parque que rodea a un kiosco color verde botella están dispersas muchas personas; algunas recostadas sobre el césped reposan la comida que momentos antes les han servido en el atrio de la iglesia, justo a un costado donde Protección Civil del estado de Veracruz instaló un puesto de auxilio.

Al fondo se puede observar cómo se levanta la silueta de la densa nube negra de humo que sale con llamaradas de la estación donde se distribuía gas, petróleo y gasolina por medio de los ductos que alimentaban a los estados de Puebla y Oaxaca.

Porque ese es el camino, explica Epifanio mientras con el índice apunta hacia las montañas que lucen de fondo al fuego. “Si usted agarra por esos cerros, que son los que comunican con la sierra de Zongolica, sale a Oaxaca y más adelante hacia Puebla. Por ahí hay mucha gente que huyó para el monte, son como 2 mil personas de la comunidad de Rincón de Buenavista que se fueron para arriba de la sierra”.

Zongolica, la región vecina a la explosión, no ha dejado de ser en los últimos sexenios una región de constante preocupación para el ejército en virtud de que, en varias comunidades, se ha registrado un fuerte activismo político de sus pobladores, la mayoría vive en pobreza extrema y quienes en algún momento han sido objeto de señalamientos por presuntamente ser de grupos armados.

“Esta es zona cañera y hasta hace unos años el ejército mantenía un destacamento para resguardar la instalación que ahora explotó. Había una guardia aquí y otra rumbo a la sierra; quién sabe por qué las quitaron”, dice Bernardo de la Cruz, trabajador en uno de los campos cañeros que rodean al sitio donde se registró la explosión.



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