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Truenos en Los Pinos
RAYMUNDO RIVA PALACIO
El Universal

Miércoles 25 de julio de 2007

El presidente Calderón se encuentra muy malhumorado estos días. ¿La razón? Ya tiene claro qué secretarios de Estado no le funcionan y no aguanta el tiempo para cambiarlos

En las tres últimas semanas, el presidente Felipe Calderón ha estado sacando chispas. Está muy enojado y razones tiene. Durante este lapso, la Presidencia perdió la iniciativa de comunicación política; Zhenli Ye Gon, primero, y después el EPR le arrebataron el manejo de la agenda pública. Su comunicación se vio desarticulada, reactiva y no preventiva, atajando sólo en forma descompuesta. Aunque las encuestas presidenciales dan dos puntos más de popularidad a Calderón que el mes anterior, la percepción en la opinión política —que al final del camino influye en la pública— es negativa. Pero quien piense que como la burbuja mediática de Ye Gon se desinfló y el EPR no ha ejecutado más sabotajes su estado de ánimo se modificará, se equivoca. Esas no eran las razones de su molestia prima.

El enojo central del presidente Calderón radica en que después de seis meses de gobierno, varios secretarios de Estado pasaron del “no está funcionando” al “no sirven para el cargo”. En las evaluaciones regulares sobre el gabinete realizadas en Los Pinos se venían perfilando las áreas en las cuales las cosas definitivamente no están saliendo. La peor evaluada en Los Pinos es Beatriz Zavala, secretaria de Desarrollo Social, sobre quien existe la peor opinión del gabinete. En segundo lugar estaba el secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, pero en los últimos meses corrigió su trabajo y salió del pozo. En su lugar entró Rodolfo Elizondo, el secretario de Turismo que, igual que Zavala, es el candidato más próximo a ser despedido, o que les solicite la renuncia.

Zavala llegó al cargo por las razones equivocadas. Esposa de un empresario que estuvo en la cárcel, vinculada a otro prócer del tráfico de influencias, Carlos Cabal Peniche, entró al gabinete por una suma infame: es amiga de la primera dama, Margarita Zavala, y ayudaba a llenar la cuota de género en el gabinete. Su desempeño ha sido desastroso. La forma como su ex oficial mayor designó sin recato a delegados de Sedesol y a administradores, le generó problemas gratuitos a Calderón, quien fue acusado por la oposición de manejar electoralmente la política social. Lejos de ayudarle a formular una política pública en la materia, el ex funcionario, muy cercano a la secretaria, realizó obras suntuarias en la dependencia. Fulminante, Zavala tuvo que prescindir de su oficial mayor, pero no de lastres donde encargó de áreas estratégicas a especialistas, por ejemplo, en dientes y muelas.

Elizondo, quien lleva casi una década en la bohemia, ha sobrevivido en cargos públicos casi siempre por ser inofensivo para todos. Como legislador del Partido Acción Nacional fue miembro de la Cocopa cuando intermediaba para la paz en Chiapas, pero de su paso por San Cristóbal de las Casas muy pocas aportaciones se le recuerdan para la solución del conflicto. Panista de cepa, trabajó desde el principio en el gobierno de Vicente Fox, y se convirtió en su segundo jefe de prensa, de donde salió para la Secretaría de Turismo. Su tempranero compromiso con Calderón, cuando las estrellas se formaban detrás de Santiago Creel, lo llevaron a ser el único que repitió cargo en el gabinete. Pero no fueron por sus escasos méritos, sino en pago político por agradecimiento. Sin embargo, esa línea de crédito política abierta parece agotada. Elizondo, a decir de funcionarios en Los Pinos, está cansado y se refleja en su falta de dinamismo y energía para sacar adelante un sector estratégico para el fortalecimiento de las finanzas públicas. Elizondo no tiene más deuda con Calderón que su ineficiencia, a diferencia de Zavala que sí ha tropezado continuamente. Pero no se miden medios sino resultados. Y en ellos, los dos están reprobados.

El presidente Felepe Calderón había dicho desde el inicio de su gobierno que haría revisiones periódicas sobre su equipo, y que si no funcionaban serían removidos. Aunque nunca estableció plazo alguno de prueba, dos años parecía un periodo razonable para que demostraran su valía. Al arrancar el gobierno, colaboradores de Calderón señalaron que la revisión del gabinete podría hacerse al cumplir un año, pero ahora están comenzando a hablar de que un año pareciera mucho para que las cabezas de Beatriz Zavala y Rodolfo Elizondo permanezcan en su lugar.

No hay nadie más en esa tesitura. Cárdenas salió adelante y otras dos figuras sobre las cuales se ha especulado insistentemente que están congelados por el Presidente, no lo están. Una es la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, y otro es el secretario del Trabajo, Javier Lozano. La primera, pese a sus ambiciones políticas y constantes deslices, no ha acumulado las calificaciones negativas suficientes para estar en la picotilla, mientras que el segundo, aunque no gustó la forma como reaccionó ante las imputaciones de Ye Gon, está fuera del radar inquisidor presidencial. De cualquier forma, no deja de llamar la atención que el presidente Calderón esté pensando ya en los relevos.

Los cambios en un gabinete no suelen darse de manera descontextualizada, en términos de opinión pública, como parece estarse conformando la salida de Zavala y Elizondo. Por el momento no parece haber más. Hay algunos secretarios que aunque han hecho un trabajo mediocre, como el de Economía, Eduardo Sojo, y el de Medio Ambiente, Juan Rafael Elvira Quesada, su rendimiento no los ha expuesto merecedores aún de cortarles la cabeza. En otros casos, como es el del Gabinete de Seguridad, pese a los constantes rumores de salida de varios de sus integrantes, no hay señales reales de que el presidente Calderón se encuentre en esa ruta. Los rumores han sido alimentados por los bríos con los que el asesor jurídico de la Presidencia y ex procurador general, Daniel Cabeza de Vaca, quisiera regresar al gabinete, y por la autopromoción de Vázquez Mota y otro ex procurador, Rafael Macedo de la Concha —quien está haciendo análisis policiales para Los Pinos— para el cargo del titular de Seguridad Pública.

Pero los cambios en el gabinete se dan en coyunturas por errores graves y públicos, o como parte de una estrategia para relanzar al propio gobierno. Cambiar secretarios de Estado fuera de ese marco de referencia equivale a admitir públicamente que la decisión de nombrarlos fue errónea. Reconocer errores no es nada malo, sobre todo en la cultura política mexicana, donde por más equivocado que esté, un presidente nunca se equivoca. Calderón tendrá que pensar con cuidado para enviar el mensaje correcto hacia el interior del gabinete, que podría mal entenderlo. Una decisión presidencial mal procesada abre las puertas para que se disloque el gabinete y, pese a las mejores intenciones, conduzcan a los mexicanos hacia el infierno. Ese despropósito seguramente no está en la mente del presidente Calderón, pero puede concretarse con una nueva decisión mal tomada y fuera de tiempo. En todo caso, el plazo mínimo para que comience la danza de los secretarios, como los ven en Los Pinos, será hasta el 1 de septiembre.

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