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| "Entrenan sicarios de Colombia a narcos mexicanos" |
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Doris Gómora
El Universal Sábado 26 de mayo de 2007 |
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Sicarios de Colombia, que originalmente fueron elementos del Ejército de ese país, se encuentran en México al servicio de los cárteles del narcotráfico, reclutando y entrenando a nuevos gatilleros bajo la experiencia de haber trabajado para los grandes capos de Cali y Medellín, como es el caso del teniente Edgardo Hernández, conocido como K6, indican informes de inteligencia de los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia. El paso por México de 90% de la cocaína que se consume en Estados Unidos incrementó la violencia en la guerra de los cárteles por los territorios, y fortaleció el uso de sellos distintivos en las casi mil ejecuciones que se han registrado en el 2007, señala información de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA). Hernández, un teniente retirado del Ejército de Colombia, formó parte del grupo de sicarios del cártel de Cali de los hermanos Rodríguez Orejuela. El grupo de gatilleros, la mayoría ex militares, era comandado por Jorge Rojas, identificado como K9, fundador de las fuerzas especiales del Ejército colombiano. Las entradas y salidas de Hernández, así como de gente relacionada con él, no existen en los registros oficiales del gobierno mexicano, debido a que pudo utilizar uno o varios alias, pero además de los registros de inteligencia que confirman sus estancia en el país, su manera de operar lo delató en varios estados del país, indica la información. El miércoles último en Tepalcatepec, Michoacán, fueron detenidos por el Ejército mexicano tres colombianos que responden a los nombres de Luis Eduardo González, José Luis Ortega y Luis Jaime Montoya, quienes las autoridades federales presumen que llegaron a México hace unos días para dar entrenamiento de estrategias y armas sofisticadas a futuros sicarios de los cárteles mexicanos. De acuerdo con información del Departamento de Estado estadounidense, México enfrenta la posibilidad de que este 2007 se convierta en el más sangriento, dado que las ejecuciones que registraban un promedio de cuatro por día en el 2005, pasaron a seis diarias durante todo el 2006, y actualmente llegaron a siete por día tan sólo en los primeros cinco meses de este año. Entre esas muertes, señala la DEA, destacan las ejecuciones bajo la influencia de sicarios colombianos que aún están en México con un bajo perfil y se mueven especialmente en Sinaloa, Veracruz, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Nuevo León y la ciudad de México. Se recrudece la violencia Con una población de 107 millones de habitantes, y 330 mil policías trabajando en diferentes niveles de gobierno, destaca la información, México ha registrado un mayor número de bajas en cuerpos policiacos y militares en 2007 que en otros años. En 144 días de 2007, las mil ejecuciones marcan territorios, identifican a los enemigos o a los que representan un peligro, representan ajustes de cuentas con ejecuciones que dependen de la gravedad de la deuda, y lanzan advertencias incluso para imitadores que tratando de aprovechar la guerra del narcotráfico usan los mismos estilos de asesinar, pero no conocen los códigos ni las reglas no escritas, señala un agente especial de la DEA que pidió confidencialidad en su identidad, dado que no está autorizado para hablar de manera pública y trabaja en una investigación sobre el tema. Los mensajes indelebles entre cárteles no van escritos, sobre todo en ejecuciones especiales como son el caso de los que son entambados, rociados vivos con gasolina o quemados vivos atados de pies y manos, añade. Las ejecuciones más violentas son atribuidas al cártel del Golfo, cuyas decapitaciones son firmadas por Los Zetas, ex militares que forman el brazo armado de ese cártel, quienes también matan con un solo disparo en la cabeza como francotiradores; los descuartizados son atribuidos al cártel de Juárez; encobijar o quemar para el de Sinaloa, y una ráfaga en el cuerpo para los sicarios del cártel de Tijuana. Todos usan el tiro de gracia, pero no todos envían mensajes escritos; el cadáver es el mensaje, agrega. En una zona pueden encontrarse tres tipos de ejecuciones que registran la presencia de los grupos de diferentes cárteles. Las armas más utilizadas son los rifles AK-47, R-15 y M-16, y las pistolas calibres 9 mm, 38 súper, Colt 40 y la Colt 45, explica. Al igual que en Colombia, previo a la ejecución los sicarios torturan para extraer la mayor información posible; después matan y se deshacen del cuerpo, en la tercera parte de los casos al estilo colombiano, refiere. Lo que más destaca de los sicarios es la paciencia para ejecutar especialmente a soplones, ex funcionarios o policías, aunque en ocasiones parezca que es algo rápido, explica. Al igual que ahora ocurre en México, en Colombia los sicarios del cártel de Medellín, de Pablo Escobar, "acostumbraban dejar sus mensajes escritos. La motivación era personal, era venganza, era para generar más intimidación", expresa Raúl Muriel, consultor privado en Bogotá. Lo que sigue estando vigente en Colombia -y que comienza a crecer en México- son las ejecuciones de heridos en los hospitales debido a los pocos controles policiales o militares, agrega Muriel. La diferencia entre las ejecuciones en Colombia y México, explica, es que ahora los pequeños cárteles colombianos se proveen en el mercado negro de armas 9 mm para matar; dejan el cuerpo en carros, sin mensajes ni huellas, con el propósito de dificultar más la identificación del autor, lo que implica más desgaste de recursos de parte de la policía.
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