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| "Tuve que renacer con nuevas metas": militar con VIH |
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CARLOS AVILÉS
El Universal Jueves 01 de marzo de 2007 |
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Dice sentirse "mejor que muchas personas" gracias al tratamiento que sigue, aunque afirma que perdió todo cuando las Fuerzas Armadas lo dieron de baja por ser seropositivo. Ahora, después del fallo de la Corte, está a punto de ser reinstalado y no cree que existan represalias cuando regrese; su único temor es que sus compañeros sepan que porta la enfermedad
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No necesita presentarse. Todos sus rasgos dicen que es militar, que nunca ha dejado de serlo. Sólo basta ver su corte de cabello, sus uñas excesivamente cortas y su forma de vestir, para corroborarlo. Pero ninguno de sus rasgos hace pensar que tiene el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Y él prefiere que así siga siendo, por eso pide que no se publiquen todos los datos que permiten identificarlo. Sólo sus seres más queridos saben que padece este mal. Los demás no tienen forma de darse cuenta. Su calidad de vida, dice, y eso también se le nota, es buena. "Me siento bastante bien, mejor que muchas personas", afirma con calma, tranquilo. El tratamiento que sigue y los medicamentos que toma le han permitido que su padecimiento sea asintomático. Y por lo mismo, dice, puede hacer lo que quiera, desde el punto de vista físico y mental. Y lo que él quiere es reincorporarse a las Fuerzas Armadas, de las que se le separó hace más de cuatro años, después de que salió positivo en la prueba del VIH. Y lo hará gracias al amparo que decidió otorgarle la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en la sesión del pasado martes. El impacto inicial de saber que había resultado positivo en la prueba del VIH y el hecho de haber sido dado de baja por este motivo se conjugaron para acabar con sus aspiraciones, su trabajo, el sustento de su familia y, en suma, con su vida. "Perdí todo -reitera-, todo lo que había proyectado, lo que pensaba hacer se desmoronó en el momento en que las Fuerzas Armadas me dieron de baja. Me sentía en óptimas condiciones, en buen estado de salud, como me sigo sintiendo". Estar en una situación así, dice en entrevista para EL UNIVERSAL, "es como si uno muriera y tuviera que renacer como una nueva persona, con una nueva identidad, y eso tuve que hacer". Y lo hizo. Porque esa enfermedad que ahora "la extrañaría si me dejara", le dio fuerzas para construirse una nueva vida, con otras aspiraciones, otras metas. y para estudiar una licenciatura y encontrar un nuevo trabajo. Y aun así, con una nueva vida, insiste, quiere regresar a las Fuerzas Armadas, al área de servicio en la que se encontraba, a sus funciones administrativas o adonde se le asigne, porque, afirma, "no he perdido la disciplina". Él no cree que existan represalias en su contra o que se le margine cuando se reincorpore a las Fuerzas Armadas, pero lo ideal, considera, es que sus compañeros militares no se enteren que tiene VIH. Aunque si esto ocurre, dice, está preparado para enfrentarlo. Lo único que le pide a la Corte es que en la redacción final de su sentencia no se deje abierta la posibilidad de que, como dijo el presidente del alto tribunal, Guillermo Ortiz Mayagoitia, su permanencia en las Fuerzas Armadas dependa de nuevos dictámenes de salud realizados únicamente por médicos militares, porque ellos pueden presentar resultados "a modo" para darlo de baja. Mientras platica se le ve sereno, en paz. Terminaron más de cuatro años de litigios, de visitas a juzgados y tribunales, en los que inicialmente sólo logró que se le otorgara la atención médica y los medicamentos que necesitaba durante el tiempo que duró su juicio. En la sesión del martes pasado, la Corte le otorgó un amparo para que fuera reinstalado y se le pagara el salario y todas las prestaciones que dejó de recibir durante todos estos años. Ese día, después de haber seguido de cerca todas las sesiones en las que la SCJN trató su caso, se hizo un espacio en su nuevo trabajo, acudió a un "café internet", se conectó a la página de la Corte, y justo cuando su juicio estaba siendo analizado. se interrumpió la conexión a internet en el lugar en el que se encontraba. Buscó otro lugar y cuando lo encontró su caso había sido resuelto. "Fue dramático", dice, después de comentar que se enteró de la sentencia favorable de la Corte hasta las cuatro de la tarde, cuando habló con su abogado. "Me dio mucha alegría, no podía creerlo". Los altibajos que sufrió durante el desarrollo de las posturas de los ministros de la Corte habían acabado para él, lo mismo que los comentarios prejuiciados y desinformados del ministro Genaro Góngora Pimentel que, en verdad, dice, lo desilusionaron, porque lo admiraba y tenía entendido que era un jurista de corte humanista, defensor de los derechos fundamentales. Por todos los prejuicios que hay en torno del padecimiento que enfrenta, lo único que pide, una y otra vez, a la gente en general, pero en particular a los legisladores que pueden generar reformas y acabar con la discriminación de que son objeto los militares, es que no se les tengan miedo a las personas portadoras del VIH, y que si tienen prejuicios o les falta información, que se acerquen a quienes conocen el tema.
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