![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Fox agradece oportunidad de servir a México |
|
José Luis Ruíz
El Universal Viernes 01 de diciembre de 2006 |
|
Tiene misa privada en la Basílica
|
|
Vicente Fox Quesada llegó a este templo mariano, el último día de su gobierno, como lo hizo en el primero, a la Basílica de Santa María de Guadalupe. Pero ahora su estancia fue más breve. Estuvo 31 minutos. Ya había partido del recinto sagrado de los mexicanos, cuando una treintena de personas gritó "¡Obrador, Obrador, Obrador!". En este Año Jubilar Guadalupano, a 475 de sus apariciones, el guanajuatense de nueva cuenta se postró al pie de la Morenita del Tepeyac, para agradecer, lo había dicho antes, la oportunidad de servir a México y a los mexicanos. En su paso por la Basílica, que fue cerrada a las seis de la tarde, su investidura presidencial, la de Vicente Fox, se desvanecía sutilmente, se esfumaba sin remedio, en esta noche fría del último día de noviembre. Como lo hizo el indio santo Juan Diego Cuauhtlatoatzin, Fox se mostró contemplativo ante la Virgen de Guadalupe, como ese 1 de diciembre del año 2000, cuando asumió el poder Presidencial, en medio de un frenesí producto de la esperanza. Pasaron seis años y la escena se repitió. Fox oró ante la guadalupana. La noche fría cubría el ánimo de Vicente, de ese "chente" que dejó atrás la actitud bravía que lo caracterizó en su campaña presidencial y que conservó en el arranque de su mandato, para asumir la de un hombre dócil y reflexivo, al final de su mayor aventura política. La melancolía se apoderó del templo mariano, el más grande del mundo, el más visitado, el más mexicano. Discretos, ya más distantes que de costumbre, los elementos del Estado Mayor Presidencial, resguardaban el lugar, para que Fox pudiera cumplir con su última voluntad, dar gracias por lo favores recibidos por la Virgen de Guadalupe. A lo lejos, fuera de los límites del centro sagrado, medio centenar de hombres viejos, pero llenos de temple por el trabajo duro en Estados Unidos en sus años mozos, reclamaban a Fox el no haber resuelto lo relacionado con sus ahorros que lograron como braceros. Seis años después no se dieron esos gritos del 1 de diciembre de 2000, cuando decenas de feligreses le gritaban a Fox "¡Dios te bendiga!", ¡Estamos contigo", "¡no te olvides de nosotros!", "¡Viva Fox!". Fox pasó parte del día en su natal Guanajuato, donde aseguraba que hoy, 1 de diciembre, colocaría la banda presidencial "en el pecho de don Felipe Calderón", y que esto lo haría con un "enorme gusto". "Mañana me devuelvo definitivamente a mi tierra, al rancho San Cristóbal, donde todos los mexicanos tienen su casa. Regresó a la ciudad de México a bordo del helicóptero TPH-01, que aterrizó en Los Pinos, poco después de la una de la tarde. Ahí estuvo 15 minutos. Se trasladó al hotel Camino Real, a su suite que se convirtió en su hogar por tres días, y ahí comió en privado con sus más allegados, para luego reunirse con Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, uno de los invitados especiales de Calderón. Y antes de partir a la Basílica de Guadalupe, Fox ofreció una cena en honor a los jefes de Estado que asistirán este viernes a la ceremonia de toma de posesión de Calderón, como Presidente de la República. Con ellos compartió un menú compuesto sopa de tortilla, arrachera en molcajete y guacamole, y un postre de pastel de chocolate y helado. A los invitados les aseguró que México dejó definitivamente atrás la idea del "no se puede", y que se enfila hacia un nuevo futuro de desarrollo con estabilidad, justicia y de bienestar para todos. Sólo para cumplir con un acto inédito Fox regresó a Los Pinos para entregar el poder al nuevo presidente Felipe Calderón. En este día no supo nada de su esposa Marta Sahagún ni de sus hijos Ana Cristina, Paulina, Vicente y Rodrigo.
|
|
© 2009 Copyright El Universal-El Universal Online |