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PFP toma el control de la plaza de Santo Domingo
Alejandro Torres
El Universal

Domingo 26 de noviembre de 2006

"La APPO declara incontrolable la situación", soltó Flavio Sosa, y desapareció. Eran las 18:05 horas. Minutos después, la plaza de Santo Domingo era ocupada por la PFP al paso de lanzar gas lacrimógeno para replegar a los miles de miembros de la APPO que se amontonaban y huían

OAXACA, Oax.- "La APPO declara incontrolable la situación", soltó Flavio Sosa, y desapareció. Eran las 18:05 horas. Minutos después, la plaza de Santo Domingo era ocupada por la PFP al paso de lanzar gas lacrimógeno para replegar a los miles de miembros de la APPO que se amontonaban y huían, no sin antes pegar fuego a su propio campamento.

Minutos antes, arriba de una jardinera del ex convento de Santo Domingo, Flavio Sosa, dirigente de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), intentaba reagrupar a su gente:

"Compañeros, vamos a ordenarnos porque un combate de esta manera vamos a perderlo", gritaba para hacerse escuchar entre una multitud que tenía ya más de una hora combatiendo con piedras, cohetones y bombas molotov a la Policía Federal Preventiva en todo el centro histórico.

-¡Cállate hijo de p... y ponte a pelear! -le gritaron.

-Calma, calma, somos compañeros -intentó entonces protegerse de una multitud amenazante que empezaba a rodearlo.

-¡Ni madres, güey, ni madres! -le volvieron a gritar, y Flavio caminaba nervioso, sin voltear, para ponerse a salvo de los suyos. Lo despedían con señas obscenas y reproches.

Mientras salía con los ojos enrojecidos por el gas lacrimógeno y el rostro pegajoso por las cocacolas con las que se había enjuagado para aliviar el ardor, alcanzó a soltar la expresión que sintetizaba su rendición:

"La APPO declara incontrolable la situación", y desapareció.

Dos horas después, en un lujoso hotel de la zona más exquisita de la ciudad, la colonia San Felipe del Agua, el gobernador Ulises Ruiz repetía ante la prensa: "El conflicto está terminado". Culpaba "a los atencos, a los panchos villas, a los cegeaches", y también a extranjeros de "los actos vandálicos".

En la oscuridad de la noche ardían todavía varias oficinas públicas, casonas viejas, hoteles, comercios y vehículos en los que impactaron las bombas molotov del ala juvenil de la APPO, la que nunca pudo controlar la dirigencia de ese movimiento, la que mantuvo barricadas, la que ayer ignoró a sus líderes y se enfrentó a la PFP.

Tan sólo en la zona del parque El Llano, en el estacionamiento y calles donde está el Tribunal Superior de Justicia quemaron unos 15 vehículos. Sobre todo el centro histórico se levantaban humaredas negras que se abrían espacio entre una neblina blanquecina que invadió el lugar que desde las 17:05 horas fue zona de un combate extendido por varios puntos. Así culminaba el intento de la APPO de poner un cerco a la PFP.

El contingente de la APPO se dio cita en la casa de gobierno, a las 10:00 horas, en la carretera a Puerto Escondido, en el municipio de Santa María Coyotepec. Se reunieron miles y al avanzar hacia el centro de la ciudad, a partir de las 11:00 horas alcanzaron más de dos kilómetros sobre los carriles de acceso a la ciudad.

Atrás del contingente marchaban los punketos y los chavos de las barricadas que llegaron bien pertrechados a bordo de unos cuatro camiones, donde transportaron piedras, bombas molotov, palos, varillas, de todo.

Llegaron al centro de la ciudad poco después de las 15:00 horas y empezaron a rodear el zócalo y la alameda de León, donde se encuentra la PFP desde el 20 de octubre. Siempre hubo al menos una calle de distancia entre los manifestantes y la PFP.

La dirigencia de la APPO formó entonces una comisión de organización y vigilancia que se encargó de distribuir en grupos al contingente para cubrir las bocacalles del zócalo y la alameda e iniciar el cerco que la dirigencia decidió hacer a la PFP, durante 48 horas, como parte de su plan de acción para presionar la salida de esa policía y del gobernador Ulises Ruiz.

Pero no terminaron nunca de organizarse ni de instalarse las guardias en todas las bocacalles cuando la violencia estalló, a las 17:05 horas cuando los miembros de la APPO y la PFP intercambiaron proyectiles en la esquina de Morelos y Alcalá. En cuestión de minutos la violencia se generalizó.

La PFP respondió con varias descargas de gas lacrimógeno a los constantes disparos de cohetones y piedras de la APPO. Los combates se entendieron entonces a las bocacalles del norte y oriente del primer cuadro.

Los de la APPO se armaron con todo. Incluso destrozaron banquetas y jardineras para obtener pedazos de concreto y piedras para arrojar a los de la PFP. Las tanquetas que han permanecido en el zócalo salieron en varias ocasiones para dispersar con sus chorros de agua a los manifestantes.

La batalla campal terminaría avanzada la noche, pero no sin antes una segunda confrontación en Santo Domingo; la PFP se había replegado hacia el zócalo cuando los de la APPO se lanzaron calles arriba. Pero al regresar a su campamento en cenizas, volvieron reagrupados, para atacar.

Entonces una segunda incursión de la PFP no se detuvo hasta que obligó a la APPO a replegarse. Mientras tanto, los combates continuaban, aunque esporádicos en otros puntos cercanos al zócalo. En su retirada, miembros de la APPO la emprendieron contra automóviles y oficinas públicas que ardían todavía anoche.



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