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| ´Explota´ buen humor entre algunos priístas |
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Juan Arvizu Arrioja
El Universal Miércoles 08 de noviembre de 2006 |
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¡ Bomba! La ola expansiva que lleva la carcajada del sinaloense Francisco Labastida Ochoa resume el contraste entre el desenfado priísta y las caras duras, tensas, que poblaron ayer las bancadas del PRD y del PAN, para las que sólo hay dos asuntos a la vista: 20 de noviembre y primero de diciembre. ¿De qué se reía a todo pulmón el ex candidato presidencial de un partido que un día antes, el lunes pasado, su sede fue objeto de un atentado guerrillero, además de que uno de sus gobernadores es objeto del aporreo público desde hace meses? Por si fueran pocos esos males, Labastida trae el ojo izquierdo fuera de combate. Cuatro intervenciones quirúrgicas le han marcado ese órgano para salvarle la vista. Desprendimiento de retina. Y está de vuelta en el Senado con esa luz apagada. Lo que alcanza a ver lo registra el ojo derecho. Ello explica que el senador Labastida entre al salón de sesiones con lente oscuro. Sonríe de oreja a oreja ¿A sus colegas? ¿A los panistas? ¿A los perredistas? ¿A quiénes? Nadie sabe qué ve. Por su cuenta vuelve a las carcajadas que suenan con la estridencia de una bomba en estallido. Por lo que se oye, el pulmón lo tiene sano. "Los periodistas me acaban de preguntar por los bombazos. Abrí los brazos, les dije ´espérenme´ (tiempo, tiempo); los flashes, los reflectores me lastimaban. ´Me operaron de los ojos; ando mal de la vista...no veo...no veo gobierno, ni presidente´. Eso les dije". Ja-ja-ja. "No veo". ¡Bomba! De esa ocurrencia sale una ola expansiva que contagia a sus compañeros senadores de la bancada priísta. Tal parece que están de día de campo. "No hay que perder el sentido del humor", aconseja Labastida a quien escuche hacia los cuatro puntos cardinales. En el lado izquierdo del salón, los perredistas están severos. A la derecha, los panistas, crispados. Con esos ánimos al final de la sesión se trenzarán en gritos en un intercambio de negativas en torno de un tema cuyo fondo era "condenar actos de violencia" (sic). La mañana es tensa. El panista Santiago Creel Miranda entra y sale repetidamente del salón de sesiones. La seriedad en la primera minoría se volverá enojo cuando el coordinador del PRD, Carlos Navarrete, luego de unos arreglos con Graco Ramírez le diga que en el patio de Xicoténcatl estan montando una bomba (a las 13 horas) política. Seis diputados locales de Oaxaca (PTD y PT) se declaran en huelga de hambre y en plantón dentro del palacete ubicado en Xicoténcatl. Llega el momento de condenar la violencia. Por los bombazos. Se lanza Felipe González (PAN). Acusa a profetas de la violencia, "a quienes prenden la mecha y nos exigen que la apaguemos". Pero no hay dinamita en el lado del PRD. Condenan la violencia, también, pero ceban lo explosivo de la proclama panista, con un alegato sobre procedimientos parlamentarios. Y en el centro del salón, entre los priístas el que no ríe está de día de campo, en la recta final hacia dos tomas de posesión y un solo poder verdadero. ¡Bomba!.
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