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El ´espectáculo´ ya se esperaba
Fidel Samaniego
El Universal

Miércoles 04 de octubre de 2006



Era beatífica la imagen de Carlos María Abascal. Una mirada suave, la sonrisa bondadosa, las manos unidas como en oración. Así, con esa actitud, desde la tribuna de la Cámara de Diputados, el secretario de Gobernación contemplaba la manifestación de legisladores perredistas.

El encargado de la política interior del país leía su discurso con el que iniciaba la comparecencia, cuando ante él se plantaron algunos de los integrantes de la bancada del PRD. Le mostraban pancartas en las que expresaban su oposición al uso de la fuerza en Oaxaca, demandaban la caída de Ulises Ruiz, de una de las cartulinas leyó: "Las antenitas del Chapulín son más eficaces que el Cisen".

Se trataba de una manifestación, un espectáculo ya esperado. Desde antes de la sesión los diputados de la Revolución Democrática habían posado para las cámaras con sus leyendas y mostraron unas antenas de vinil y el famoso martillo de plástico, el llamado chipote chillón que utilizaba el héroe televisivo creado por Chespirito.

Un acto que duró poco. El presidente de la Cámara, Jorge Zermeño, llamó al orden a los que protestaban, los regañó, les dijo que si querían manifestar ideas, argumentos, lo hicieran en su oportunidad, desde la tribuna.

Y ante todo ello, frente a ellos, Carlos María Abascal Carranza mostraba su complaciente, amable semblante, y esa mirada como la de las esculturas de los santos que hay en los templos. Sin embargo, más adelante, el rostro del secretario de Gobernación se endurecería, y su voz adquirió tonos enérgicos, casi gritó, sentenció: "¡No tengo absolutamente nada que ocultar frente a esta legislatura! ¡He sido transparente y lo seguiré siendo porque México merece que nos pongamos de acuerdo y ponerse de acuerdo significa abandonar las posiciones irreductibles!".

Palabras esas, como centenares más, tanto de él como de los legisladores, en relación al conflicto en Oaxaca. Una comparecencia en la que Abascal respondió a todo lo que le dijeron, incluso debatió, y se metió en terrenos difíciles, hizo enojar a los perredistas cuando mencionó el nombre, como de uno de los luchadores por la democracia, lúcido y congruente, a Cuauhtémoc Cárdenas.

Carlos María Abascal y su estilo. Dejó salir el temperamento. Se incomodó cuando uno de los oradores perredistas que dijo compartir su fe, le pidió que por Dios, no hubiese solución violenta a la crisis oaxaqueña. Más adelante el secretario expresaría que en el nombre de Dios no habrá represión. Sin embargo no quedó claro si el devoto funcionario estaba jurando e invocaba al creador o adelantaba que si se usa la fuerza no será en el nombre del Señor.

La primera de las últimas comparecencias de los actuales integrantes del gabinete presidencial. Un principio tenso e intenso. Después el clima se relajó. Carlos Abascal escuchó y tomó nota. No se alteró ante los fuertes juicios de los priístas Beatriz Pagés y Mariano González. Sereno oyó a Salvador Ruiz, del PRD, quien recordó parte de la tesis académica del hoy secretario, en la que habría expresado que la democracia sólo promueve la masonería y en su forma peligrosa nos puede llevar al comunismo. Su respuesta fue: "Bueno, pasé mi examen profesional".

Carlos María Abascal Carranza y su comparecencia. Oaxaca fue el tema, el cuestionamiento, el desafío. Él y sus varias facetas, cual beato varón, pero también como temperamental hombre de polémica.



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