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| Nuevas formas de vivir |
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TEXTOBELÉN MERINO
El Universal Domingo 27 de agosto de 2006 |
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En México, según el INEGI, hay 24 millones 800 mil hogares; de ellos, 22 millones 790 mil (casi el 92%) son familiares, es decir al menos uno de los integrantes tiene relación de parentesco con el jefe del hogar. Es decir, la mayoría de los mexicanos viven en familia y nueve de cada diez piensa que es el valor más importante. Cuando en los ámbitos más conservadores se habla del peligro de desintegración familiar y la pérdida de cohesión social, en realidad se están presentando nuevas formas de organización. Los demógrafos y sociólogos explican que lo que está en juego es la transformación de la familia, debido principalmente a la incorporación masiva de la mujer al ámbito laboral, al aumento de la esperanza de vida y, particularmente en México, a la política de población que inició en 1974. Sean nucleares, extendidas, monoparentales, reconstituidas o del mismo sexo, la familia es la institución social básica y su desaparición no está en riesgo, como señalan los que reivindican a la familia tradicional. “A pesar de sus mutaciones a lo largo de la historia, la familia no ha dejado de ser la célula social básica, el ámbito de reproducción biológica y social, así como el refugio para la expresión de los sentimientos”, señala la profesora Julieta Quilodram, del Centro de Estudios Demográficos y Desarrollo del Colegio de México. “En realidad lo que está en proceso es una nueva manera de vivir en sociedad, donde la familia se transforma una vez más para adaptarse a las condiciones que en parte ella misma generó”, agrega. Sexualidad, reproducción y susbsistencia cotidiana son las tres funciones básicas de la familia pero el hecho de que cada vez se viva más y mejor obliga a replantear el papel de esta institución. “Tener hijos o no; tenerlos dentro o fuera del matrimonio; prolongar la soltería y disponer aún de tiempo suficiente para lograr descendencia; equivocarse en la elección de pareja y rehacer la vida conyugal; enviudar y volver a casarse... manifiestan las diversas opciones de organización familiar que hace posible una vida prolongada”, explica la profesora Quilodram. Pero ¿es correcto hablar de nuevos tipos de familia? Lo cierto es que la sexualidad fuera del matrimonio, los hijos nacidos fuera de éste, las uniones informales e incluso las parejas entre personas del mismo sexo siempre han existido, lo que ha cambiado son los niveles de incidencia de cada uno de estos fenómenos y las razones a las cuales responden. El advenimiento de la anticoncepción, además, ha desvinculado la sexualidad y la reproducción biológica y ha modificado también las razones para contraer matrimonio. Familia tradicional Matilde y Horacio, ginecóloga y pediatra, respectivamente, dieron “el sí” cuando estaban cercanos a cumplir 30 años, después de haber terminado sus estudios. Tienen un hijo, Horacio, de 15 años y una hija, Isabel, de 11. Forman una familia tradicional y es lo que siempre desearon. “Hasta que no nos casamos por la Iglesia no nos sentíamos comprometidos; para algunas personas no tendrá importancia, pero es como nos habían educado y es lo que deseábamos”. Además del deseo de formar una familia, Matilde considera que para las familias nucleares tradicionales la vida es más fácil y tienen más posibilidades de éxito a pesar de que al incrementarse el número de miembros también aumentan los problemas de comunicación. “El matrimonio te permite compartir responsabilidades, tener ayuda en la toma de decisiones y afrontar el cuidado de los hijos. Finalmente la familia es la base de la sociedad y es importante tener un registro para ser reconocido en derechos y deberes”. Ambos hubieran querido tener más hijos, pero por razones económicas y profesionales decidieron quedarse con la pareja. Aunque siempre han tenido ayuda en casa, Matilde dejó de trabajar seis meses al nacer su primer hijo y dos años cuando nació su hija. Por ello opina que el Estado apoya poco a las familias. “Creo que deberían crearse más guarderías, pero en los mismos lugares de trabajo, al menos en las grandes empresas y la empresa pública, de esta manera se evitaría la pérdida de tiempo en trasladarse de casa a las guarderías y de éstas al trabajo, se ayuda a las madres y se contribuye a la estabilidad de las parejas”. Además hay pocas guarderías, apenas mil 335 del Seguro Social en toda la República, informa Horacio. Como experto en neonatología, Horacio señala que en México habría que apoyar con más educación a las mujeres, y a la madre nutricionalmente desde el momento de la concepción para favorecer el desarrollo del feto. “También habría que legislar para garantizar el mantenimiento del puesto de trabajo de las mujeres en caso de maternidad”, concluye. Dos son los grandes factores que han impactado en la forma de organización de las familias: la Ley General de Población de 1974 y la incorporación de la mujer al mercado de trabajo. Al cabo de 30 años el descenso sostenido de la fecundidad (actualmente está en el 2.1) ha modificado el tamaño de los hogares. Mientras que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo (ya representan el 40%) ha influido en la organización familiar, ya que se ha prolongado el periodo de soltería y el retraso en la formación de nuevas familias.
Divorcio y nuevos modelos Desde inicios de los 90 comienza a haber mayor incidencia en las uniones libres, sobre todo en los jóvenes, y menor cantidad de matrimonios religiosos. Otro cambio importante en la sociedad mexicana es la disolución de las uniones, por separación o divorcio. En la actualidad, una de cada 10 parejas se disuelve antes de 10 años de convivencia; en los 70 se producían 3 separaciones por cada 100 parejas. Este incremento de separaciones genera el aumento de familias monoparentales o los “rematrimonios”, que son nuevas formas familiares, indica la doctora Quilodrán. Familias monoparentales surgidas de separaciones son como la formada por Rubí Borges y Aldeni, madre e hija adolescente que viven en el Distrito Federal. Sus rutinas no han cambiado demasiado desde hace un año y medio que viven solas. “Llevamos una vida tranquila, dialogamos mucho y procuro que Deni se involucre en las tareas de la casa y vaya adquiriendo poco a poco más autonomía”, comenta Rubí, que destaca que la separación “ha fortalecido la relación madre e hija”, pero no ha modificado el nivel de responsabilidades como madre. “Cuando estaba casada era yo la que tomaba casi todas las decisiones respecto a nuestra hija, ya que mi marido estaba casi todo el tiempo fuera de casa”, añade, “así que las cosas no son muy diferentes”. Cuando ha necesitado ayuda para que se hagan cargo de su hija por algún viaje, la abuela o alguna amistad ha suplido la figura paterna, “pero sólo excepcionalmente, ya que afortunadamente mi trabajo de profesora me permite ocuparme de mi hija”. Quizá lo que haya cambiado es que toma más precauciones para evitar que sepan que dos mujeres viven solas. Rubí también señala que el Estado debería apoyar más a las familias, sobre todo en la cobertura de salud y educación. Para Deni la vida tampoco ha variado, sigue en el mismo colegio, con los mismos compañeros, las clases de piano y natación, “ahora estoy más tranquila ya que ahora mis papás no discuten”. Padre e hijo Aunque menos frecuentes, las familias monoparentales con un hombre al frente existen en México y son cada vez más numerosas. Este es el caso del doctor Jorge Nava, que vive con su hijo Ricardo de 15 años. Jorge se hizo cargo de su hijo desde que tenía 6 años, “mi vida cambió, dejé de salir con amigos, de trasnochar y comencé a ocuparme de su baño, de hablar con los maestros, de la plancha, de organizarle el cumpleaños, vigilar su alimentación, comprar su ropa...” Jorge ha contado con el apoyo de su madre para cuidar a su hijo, pero asegura que él ha asumido la responsabilidad de su atención y tiene muy claro que la abuela nunca va a suplir la figura materna, “cada cual tiene su función y yo tomo las decisiones respecto a mi hijo Ricardo”. Jorge no descarta formar una nueva familia, pero insiste en que “su vida gira” en torno de sus responsabilidades como padre, aunque su hijo dice que no le importaría que su papá se uniera de nuevo. Cuando esta reportera entrevistaba a la familia, se preparaban para salir de vacaciones a la playa, junto con su otro hijo, Daniel, de ocho años, quien vive con su mamá. Para Jorge es doloroso no poder tener a los dos hijos siempre con él y también le hubiera gustado conservar su matrimonio, pero la vida lo ha llevado a esta nueva rutina. “Ser padre no es un juego es una gran responsabilidad y a ello me dedico. Pienso que nuestra relación de padre e hijo se ha afianzado en estos años de convivencia”, concluye.
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