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Sin grandes cambios, gane quien gane: EU
JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
El Universal

Domingo 02 de julio de 2006

El gobierno considera que economía, sociedad, geografía y política limitan espacios de maniobra del ganador. Con cierta prudencia, se pronuncian por uno u otro candidato

WASHINGTON.- El gobierno estadounidense ha mantenido una actitud oficial de circunspección respecto de las elecciones presidenciales mexicanas, con la creencia de que economía, sociedad, geografía y política limitan los espacios de maniobra de quienquiera que gane.

"Obviamente las seguimos de cerca por un par de razones: una porque México es un país tan importante y por razones de historia y geografía e intereses compartidos con Estados Unidos", dijo Adam Ereli, portavoz del Departamento de Estado.

La segunda razón, agregó, es que "esta elección en particular es otra indicación de la salud, el dinamismo y la vivacidad de la democracia mexicana".

La tercera razón, inferida si no expresa, es el impacto que las políticas del nuevo presidente pudieran tener sobre dos problemas que tocan de cerca a la política estadounidense: seguridad y migración.

Ambos factores, tanto como la economía, son testimonio de la creciente interrelación entre los dos países, pero al mismo tiempo califican la posición estadounidense hacia México y hacia quien resulte el próximo presidente. De hecho, si bien nadie espera cambios de fondo en la relación, analistas como Michael Shifter, del Diálogo Interamericano, consignaron la creencia de que la falta de un acuerdo migratorio favorecería marginalmente a los partidarios de un cambio respecto del gobierno de Vicente Fox.

Desde el punto de vista estadounidense, los márgenes de acción del posible presidente de México están limitados por las realidades de una abrumadora relación económica bilateral, con un comercio bilateral que llega a los 300 mil millones de dólares, una creciente población estadounidense de origen mexicano y de migrantes mexicanos en Estados Unidos, que implican además más de 20 mil millones de dólares anuales en remesas.

La idea de que alguno o todos los candidatos busque mayores relaciones con otras regiones del mundo, en especial Europa o América Latina, es considerada como un intento para compensar políticamente por el peso de la relación con Estados Unidos pero no necesariamente como un inconveniente.

Pero al mismo tiempo, la creciente colaboración mexicana en términos de seguridad está integrada a obligaciones incluidas en acuerdos como la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN).

Entre uno y otro

Esa red de acuerdos explica la relativa indiferencia o tranquilidad con que el gobierno estadounidense ha seguido las elecciones, aunque ciertamente no impide que haya algunas dudas y menos que grupos de derecha, incluso algunos vinculados con el gobierno o el Partido Republicano, expresen alarma sobre la posibilidad de un triunfo de Andrés Manuel López Obrador, el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que muchos en ese extremo comparan con el venezolano Hugo Chávez.

López Obrador realizó sin embargo una campaña de perfil bajo para enviar constantes mensajes de tranquilidad a políticos, funcionarios, inversionistas y académicos estadounidenses. Su grado de éxito es relativo sin embargo: fuentes del Congreso estadounidense expresaron un nivel de "incertidumbre" ante lo que consideran como "una contradicción entre lo que él dice y lo que su gente dice...".

Pero muchos en Estados Unidos, especialmente del centro a la izquierda, no tuvieron problema en recibir y aceptar el mensaje de López Obrador, que busca presentarse como más cercano al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva o la chilena Michelle Bachelet que a Chávez o incluso a Fidel Castro.

Ciertamente, para el aparato político-económico estadounidense sería preferible que el nuevo mandatario mexicano fuera Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN), tanto porque representa una opción política que pueden comprender y con la que se pueden identificar incluso, como porque representaría en alguna medida la continuidad de un proyecto político y económico.

De hecho el PAN mexicano y el Partido Republicano estadounidense tienen contactos institucionales y participan en las reuniones de la Unión Democrática Internacional (una agrupación de partidos políticos conservadores) en la que los republicanos son miembros completos y el PAN suele actuar como observador.

En un distante tercer lugar se considera pero no se descarta a Roberto Madrazo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuya elección se vería en términos amplios como un "retroceso" político.

Pero de acuerdo con académicos como Peter deShazo, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) de Washington, "puede haber algunos cambios en estilo y algunos cambios de dirección, pero en términos macroeconómicos no pienso que se vayan a ver cambios mayores en la orientación económica general de México".



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