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Insatisfechos con la democracia
Claudia Altamirano
El Universal

Domingo 28 de mayo de 2006

He aquí algunas razones de quienes deciden no ejercer derecho a sufragar

Octavio Silva se decepcionó de la política mexicana desde que, en su adolescencia, comenzó a enterarse de lo que sucede al interior de los partidos y los gobiernos. No se inclina por ningún partido y cree que ninguna figura extraída de ellos sabrá gobernar este país. A sus 31 años, no ha votado ni una sola vez, y su credencial de elector se usa sólo como identificación.

"Nunca he votado porque no creo en un sistema gubernamental como tal. Ningún candidato me ha convencido para que logre algún cambio social en el país. Nuestros padres han votado, nuestros abuelos, y si les preguntamos, siempre nos dicen que nunca han visto cambio alguno en el país con los diversos representantes del pueblo. La política es sólo una total sed de poder para lograr sus objetivos personales", argumenta.

Como Octavio, en México hay cada vez más ciudadanos que renuncian a su derecho al voto. Sólo en la última elección federal para renovar el Congreso, en 2003, 59% de la población no acudió a las urnas y solamente en seis estados el número de votantes rebasó 50% del padrón, de acuerdo con un estudio del Instituto Federal Electoral.

Y la cifra de votantes parece ir en descenso: el estudio del IFE indica que la elección presidencial de 1994 registró el nivel de abstención más bajo de los últimos 20 años, con 24%; seguida de la histórica elección del año 2000, cuando esta cifra ascendió a 36%.

Ciudadanos insatisfechos

Este fenómeno tiene varias lecturas, pero la más clara sería que el abstencionismo es la manifestación de una ciudadanía desinteresada, desgastada por la insatisfacción de sus necesidades, señala la consejera electoral del IFE, Teresa González.

Para la funcionaria, la participación tiene que ver con la calidad de vida de cada habitante del país y el ejercicio de gobierno. "Son ciudadanos insatisfechos con la democracia en términos de lo que ha aportado y de los resultados que da en su vida inmediata, cotidiana".

Este desencanto hacia los partidos y sus candidatos genera incredulidad sobre el poder del voto. "Todos los partidos son iguales, los perredistas son ex priístas y los panistas acaban actuando igual que el PRI, entonces, ¿para qué votar por uno u otro si son lo mismo?", cuestiona Octavio.

Joel A. Chiquete, un microempresario de 38 años, ni siquiera se registró en el padrón electoral. No cree en el poder del voto, en el padrón del IFE ni en ningún partido político. Tras cumplir su mayoría de edad, acudió con su madre a emitir el que sería su primer y único voto, pues tras esa fecha decidió no volver a votar por nadie:

"Una sola vez voté y creo que era para presidente municipal, cuando aun no existía el IFE. No volví a hacerlo porque no creo en la política mexicana ni en sus políticos. Creo que la falta de cultura del voto no viene de una falta de educación, sino de una ausencia de gobierno real", argumenta.

Ante este panorama, la única herramienta que el IFE tiene a la mano es la invitación al voto a través de spots y de programas de educación cívica, impartidos a los funcionarios de casilla en el momento de su capacitación y al gran público en escuelas, centros patronales, empresas y organismos civiles, a fin de recuperar la participación ciudadana en la vida pública.

Si no votas, ¿cállate?

Las campañas de promoción del voto no surten efecto en los abstencionistas por convicción. Para Joel, la campaña Tu Rock es Votar, que invita a los jóvenes a votar bajo el lema "Si no votas, cállate", es errónea, incongruente y excluyente. Considera que cualquier ciudadano que pague impuestos y cumpla con sus obligaciones civiles tiene derecho a quejarse de un mal gobierno, aun cuando no haya votado por él.

"Entonces, los que no votamos, ¿podemos desobedecer y estar fuera de la ley? No. De cualquier modo eres ciudadano, eres contribuyente y pagas impuestos, por lo tanto, tienes derecho a exigir y quejarte. Esa campaña es una incongruencia y es excluyente", puntualizó.

Por su parte, Octavio Silva afirma que se trata de una simple estrategia publicitaria que no surtirá efecto, cuyo mensaje representa un acto de intolerancia; "¿Por qué nos habríamos de callar? Nadie tiene el derecho de hacerte callar por no hacer algo que no quieres", reclama.

Para la elección del próximo 2 de julio, Joel y Octavio harán lo mismo que en años anteriores y que seguirán haciendo mientras no haya un candidato que los convenza: dejar su boleta electoral intacta. "Ni voto ni me callo", exclama Octavio.



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