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| Elecciones 2006: Las luchas intestinas |
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DAVID APONTE
El Universal Domingo 15 de enero de 2006 |
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En el interior de los partidos se repiten escenas de confrontación.Algunos candidatos no tienen margen para sanar rupturas. No hay banderazo de salida y ya se están haciendo trizas
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El perredista Jesús Ortega está eufórico y va de mesa en mesa en un restaurante de moda del centro histórico de la ciudad de México. "No esperaba el apoyo de (Cuauhtémoc) Cárdenas, de verdad", susurra a algunos comensales a unas semanas de la contienda interna para la candidatura del PRD a la Jefatura de Gobierno del DF. Con el espaldarazo de Cárdenas, el líder del grupo de los Chuchos siente que podrá vencer a su contendiente Marcelo Ebrard, cobijado por Andrés Manuel López Obrador. El PRD se divide entre los cardenistas y los simpatizantes de López Obrador, entre los que sienten la crianza de la izquierda y los ex priístas que ganan posiciones en el interior de un partido al que combatieron en el sexenio salinista. Algunas escenas de confrontación en los partidos ocurren en noviembre de 2005. Unas se ventilan en público; otras se dan en la sombra. La política mexicana con distintas tramoyas frente a la elección presidencial del 2006. Las escenas son de golpes, puntapiés bajo la mesa, puñaladas entre unos y otros. A mediados de noviembre de 2005, la profesora Elba Esther Gordillo y Roberto Madrazo se lían en cadena nacional radiofónica por la candidatura presidencial, tomada por asalto por el tabasqueño desde la dirección del PRI. "Quizás hace unos días hubiera pensado que realmente usted había cambiado, porque siempre tiene un gran don de seducción y de engaño. Es como esa serpiente que fantasea, que domina, que seduce", sorraja la profesora a Madrazo. -La maestra Gordillo no está con el PRI, está contra el PRI -se repone el tabasqueño ante los micrófonos. La profesora vaticina que con Madrazo el PRI va en la ruta del "fracaso" en la elección presidencial. Las escenas se replican en todas las fuerzas políticas, si acaso con menor intensidad. El panista Armando Salinas Torre maldice en la casa de campaña de Santiago Creel los resultados de la tercera ronda de votación interna, que favorecen a Felipe Calderón, el llamado hijo desobediente. Semanas antes, Creel presume en privado que Calderón no era su verdadero contrincante, que en realidad sus adversarios estaban en el PRI, con Madrazo, y en el PRD, con López Obrador. Todo se viene abajo para el ex secretario de Gobernación. Durante la contienda interna, los equipos de campaña de Creel y de Calderón cruzan acusaciones de utilizar recursos públicos para favorecer sus eventos proselitistas, acciones que solían hacer los gobiernos priístas. La más reciente escena se observa en Ciudad Valles, San Luis Potosí, entre los integrantes del Partido Alternativa: un grupo de consejeros del sector campesino desconoce a su candidata a la Presidencia, Patricia Mercado, y catapulta a Víctor González Torres, el Doctor Simi, como el nuevo contendiente de los comicios presidenciales. La mañana del jueves 12 de enero, los representantes de la parte campesina, Ignacio Iris y Mauricio Valdés, proponen al dirigente del partido, Alberto Begné, y a Mercado que repartan 50% de las posiciones en la dirección de la organización política, el respaldo a Demetrio Sodi para la candidatura al gobierno del DF y el apoyo para que Rosario Robles compita para el Senado. -Yo soy la candidata a la Presidencia y esas posiciones no están a negociación -responde Mercado, entre acusaciones de vendidos. El nuevo partido político amanece el viernes con dos candidatos a la Presidencia de la República. El arranque de la contienda electoral de 2006 está marcada, sin duda, por luchas intestinas entre los partidos. Así comienzan los candidatos presidenciales. Unos tienen mayor margen para tratar de apagar las revueltas e inconformidades, y otros están frente a escenarios de rupturas más profundas. El PRI, por ejemplo, afronta el desaire de los profesores, que con el apoyo de Gordillo generaron su propio partido, Nueva Alianza, con su candidato presidencial, Roberto Campa, un ex priísta que supo bordar amistades entre los grupos perredistas manejados por René Bejarano. Este partido tiene pendiente además una impugnación que hicieron priístas de Sonora, encabezados por el hermano del gobernador Eduardo Bours, ante el tribunal electoral por los términos de la alianza con el Partido Verde. Los panistas, con Felipe Calderón al frente, están en proceso de reconciliación. Pero tienen el lastre de reyertas ocasionadas por la llegada de Josefina Vázquez Mota a la coordinación de la campaña. La ex secretaria de Sedesol no cuenta con el apoyo de la primera dama, Marta Sahagún. La alianza Por el Bien de Todos, de López Obrador, tiene problemas por el control de la campaña misma. Los dirigentes del Partido del Trabajo y Convergencia no logran acomodarse en la coordinación, frente a las redes ciudadanas manejadas por los ex priístas Ricardo Monreal y Manuel Camacho. López Obrador sufre además del desdén del líder moral del partido, Cuauhtémoc Cárdenas, y tiene que resolver el acomodo de Jesús Ortega en un equipo de campaña manejado por los ex priístas. Militantes de Convergencia también han impugnado la coalición con el PRD, con el argumento de que se firmó sin el aval del consejo político. Éstas son algunas de las tramoyas de los partidos cuando sus candidatos están en el arrancadero de la campaña presidencial. Todavía no hay banderazo de salida y ya se están haciendo trizas.
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