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| Jornada sin tensión ni interés |
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Fidel Samaniego
El Universal Lunes 14 de noviembre de 2005 |
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Ya en el último de los 36 escalones, cuando faltaban 15 minutos para las 11 de la noche, Mariano Palacios Alcocer y Everardo Moreno Cruz levantaron las manos de Roberto Madrazo Pintado. Y ellos y quienes les acompañaban mostraron sus mejores sonrisas a las cámaras. Después, se dirigieron a la plazoleta para continuar con la celebración, un evento casi igual a los de antes. El destape presuntamente legitimado con votos se había consumado. Unas 11 horas antes, la sede nacional del PRI estaba desolada. En una de las principales oficinas del lugar recibían el primer reporte: hasta ese momento no había incidentes, ni votantes. "Pasé por dos casillas aquí en la ciudad de México y no había más de 10 boletas en cada urna", confesaba uno de los integrantes de la cúpula. Sin embargo, en esos momentos comenzaban ya los preparativos para el festejo. Camiones que llegaron desde el estado de México llevaban decenas de vallas metálicas y todos los materiales necesarios para armar dos templetes. Comenzaron a instalarse también un par de pantallas gigantes. Solitario, inanimado el cuartel general priísta. Sucias, empolvadas, las esculturas que representan a Calles, Colosio, Cárdenas y Ruiz Massieu. En el despacho de Rafael Rodríguez Barrera, éste, el árbitro de la desigual contienda entre Roberto Madrazo y Everardo Moreno, insistía a uno de sus compañeros que no era conveniente hablar de expectativas en cuanto al número de votos que esperaban. El argumento: "De cualquier manera nos van a madrear; si decimos que esperamos muchos y no lo logramos, nos criticarán; si hablamos de un porcentaje moderado también". Mientras tanto, cerca de ahí, en un hotel de Paseo de la Reforma, esperaban integrantes del equipo madracista. Un ejército con muchos generales. Uno de ellos, Sergio Martínez, caminaba de un lado a otro con su irrefrenable protagonismo. Un cuartel sin limitaciones económicas. A todo lujo. Mucha gente con sus camisas rojas. Pasó el tiempo. Continuaban los preparativos. Desde el primer círculo madracista llegaba al principal edificio del PRI una sugerencia, o petición, o instrucción: que cambiaran los planes iniciales, según los cuales ayer domingo por la noche Mariano Palacios daría un mensaje por su lado, Roberto Madrazo otro en su hotel y hasta el lunes intervendrían los dos en una conferencia de prensa. Una jornada sin mayor tensión. Nadie dudaba del resultado. La expectación, las esperanzas, giraban en torno a dos asuntos: que no hubiese enfrentamientos con las huestes de Elba Esther Gordillo y que Roberto Madrazo tuviese más de 3 millones de votos y Everardo Moreno más que los que obtuvo el triunfador de la contienda interna del PAN, Felipe Calderón Hinojosa. Cayó la noche, comenzaron a llegar las primeras cifras, los mayores números se daban en los estados de Oaxaca, el estado de México y Tabasco. A las 20:40 horas en el salón Presidentes de la sede priísta, Mariano Palacios dio a conocer lo que les interesaba: que el PRI había mostrado su capacidad logística y operativa y que las tendencias indicaban que se rebasarían los 3 millones de votos. Abajo, en la plazoleta, la gente. La llevaron en camiones. Les pusieron un conjunto musical para que se divirtieran. Les regalaron globos, camisetas, gorras. Les hicieron esperar más de cuatro horas. Y por fin bajaron el presidente del partido, el candidato derrotado y el triunfador. Y aquellos levantaron la mano a éste. Y enseñaron las más abiertas sonrisas. Y tras ellos avanzaron empujando cuerpos y dignidades los que querían llegar al templete con el nuevo ungido. Y ya dirigía su mensaje Roberto Madrazo Pintado. Ya le gritaban: "¡Sí se puede, sí se puede!". Después, quien por fin seis años más tarde era el candidato, se marchó al hotel a festejar con los suyos. Y la plazuela se quedaba sola. El conjunto musical abandonaba el escenario. Un buen grupo, su canción más aplaudida fue la versión al éxito de Intocable: "Y todo para qué"... |
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