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El `fantasma` del desempleo en víspera de temporada alta
Alejandro Suverza/Enviado
El Universal

Viernes 28 de octubre de 2005



CANCÚN, QR.- En el bulevar Kukulkán, María Ligia Hipólito esperaba el camión que la llevaría a su casa. Se miraba pensativa. Una pequeña despensa que apretaba entre las piernas y que le dieron en el restaurante Ibiza del hotel Gran Oasis, para el que había trabajado durante un año, auguraba que el huracán Wilma no sólo la había asustado, sino que estaba a punto de arrebatarle el empleo.

A las dos de la tarde, de ese mismo día, una compañera le había dicho que tenía que presentarse en la oficina de recursos humanos para firmar su contrato, pero una señorita le informó que el siguiente sería su último día de trabajo y que tendría que presentarse en el restaurante hasta el 1 de diciembre para ver qué pasaba.

Era cocinera. En el bufette del restaurante tenía a su cargo una plancha, en la que exhibía hongos, jamón, queso y camarones. Hacía los omeletes y los huevos al gusto y con gusto. Le agradaba su trabajo. La noticia había minado su ánimo, porque el día anterior su hijo Diego Andrés que trabajaba como garrotero en un restaurante de la zona hotelera de Cancún, que devastó el huracán Wilma le contó que se quedaba sin trabajo. Sólo faltaba saber qué noticias llevaría a casa Yolanda, su otra hija que también trabajaba en un restaurante de la misma cadena de hoteles.

Todos habían venido de Ciudad Juárez. Y si las noticias de Yolanda eran negativas, toda la familia se quedaría sin trabajo en plena temporada alta. María Ligia se enfiló.

Cuando en 1988 el huracán Gilberto golpeó el corredor turístico de Cancún, había entrado en septiembre. En 2005 Emily entró en junio, pero nunca se imaginaron que Wilma , el huracán más violento en la historia de los sopladores del viento y agua, llegaría a mediados de octubre, casi a un mes de que comenzara la temporada más fuerte del año, la que hace vivir y sobrevivir a por los menos 45 mil de los 750 mil habitantes del municipio de Benito Juárez. Por eso hoy, cientos de trabajadores del bulevar Kukulcán viven en la incertidumbre. Los hoteles de esta zona tardarán por lo menos un par de meses en ser reconstruidos. A la mayoría de los empleados eventuales, se les dieron permisos o vacaciones forzadas.

En un recorrido que se realizó por esta zona, decía una mujer del Hyatt, que coordinaba los trabajos de limpieza que el hotel sufrió demasiados destrozos. "Por lo menos hasta enero va a quedar listo. Dijeron que van a meter una fuerte inversión, pero lo estamos dudando mucho. Lo que pensamos es que la inversión va irse a la Riviera Maya (complejo turístico que no incluye a Cancún) porque es donde está menos dañado".

Aún hoy, después de cinco días de que Wilma salió de la península, algunos de los trabajadores de mantenimiento no podían ni siquiera ingresar al hotel para realizar reparaciones porque las aseguradoras no habían llegado. Eso le ocurrió el pintor Manuel del hotel Club Med.

Teresa Jiménez, camarera de otro de los hoteles, incluso apenas apareció para saber si podía trabajar o no. Durante varios días intentó comunicarse para saber qué hacer, pero nunca pudo contactar.

Apenas hace dos días la Asociación de Hoteles de Cancún aseguraba que en cuánto "el aeropuerto funcionara bien" estarían disponibles por lo menos 6 mil habitaciones y que 60 por ciento de los 24 mil cuartos de la Riviera Maya estarían en condiciones de recibir turistas. El presidente del organismo, Jesús Malaguer, decía ya estaban todos listos, pero también afirmaba que los hoteleros trabajan en la salida de 4 mil turistas de los 20 mil que se prevé que salgan en los próximos días.

Martiniano Maldonado, secretario de Administración y Finanzas del Comité Estatal de la CROC que afilia a 28 mil trabajadores hoteleros, dijo que la pregunta principal de los trabajadores es qué va a pasar con su empleo. Aseguró que se pidió el compromiso con los empresarios para rescatar las fuentes de empleo, que respondan por el salario de los trabajadores con los fondos que tienen de las temporadas en que lograron bonanzas. Y también que los ayudaran con despensas y láminas. El dirigente aseguró que hasta el momento no tenían conocimiento de despido alguno.



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