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| De un mundo paradisiaco a mausoleo de la desolación |
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Héctor de Mauleón/Enviado
El Universal Lunes 24 de octubre de 2005 |
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CANCÚN, QR.- La zona hotelera de Cancún, un mundo paradisiaco donde no existía el dolor, quedó convertida en menos de 48 horas en el escenario aterrador de una película de ciencia ficción, 28 kilómetros de hoteles vacíos, en ruinas, en cuyos pasillos desechos ulula lúgubremente el viento. La vista general es la de edificios que perdieron ventanas y paredes, y de miles de cortinas que en hilachos ondean al aire, como pañuelos que despidieran a Wilma . Inaccesible hasta ayer por defectos de la devastación, la avenida Kukulcán, en la zona más exclusiva de Cancún, reveló de golpe la fuerza destructora del huracán que pegó durante dos noches en esta ciudad del Caribe, y la convirtió en un mausoleo dedicado a la categoría 5. Los pisos de mármol que encuadraban lobbies repletos de turistas son ahora museos de la desolación en los que pocos vigilantes deambulan como almas en pena. Los travesaños de las palapas que servían de recepción en algunos hoteles de lujo cayeron sobre escaleras eléctricas hoy inservibles; en los salones con vista al mar, donde hubo restaurantes y snacks, se acumulan muebles hechos astillas, marcos de ventanas que el huracán arrancó de cuajo, planos partidos en dos, ventiladores hechos pedazos y millones de vidrios que crujen bajo los pasos. El agua gotea ininterrumpidamente sobre pasillos fantasmales. De los jardines y las piscinas se fue el sol. Ahora sólo flotan colchones que parecen destripados con las uñas, y se ven pijamas, cobijas y otras ropas de cama arrancadas con furia de sus lugares de origen. En esa zona, las escenas son más la de un terremoto que las de un ciclón. Numerosas tiendas y plazas comerciales se volvieron escombros. El Sheraton perdió un ala entera. Restaurantes, bares, boutiques, farmacias y supermercados perdieron sus puertas y durante la mayor parte del día quedaron a merced de la rapiña, que se desató sin freno en todos los puntos de la ciudad y adquirió en ese sitio su carácter más exclusivo: camisetas, bermudas y tenis de marca desaparecieron de los anaqueles. "To bueno, to be true", se leía en un cartel del llamado Downtown , una de las zonas más afectadas por el saqueo, pero también una de las primeras en ser resguardadas por los cuerpos policiacos. En los asentamientos irregulares no hay agua ni comida y la gente se está preparando para venir al centro a saquear", denunció José Cantón, representante de colonos del Ejido Isla Mujeres. A lo largo del día, casi en todas las calles de la ciudad se repitió la misma escena: personas que salían de tiendas y supermercados cargadas de bolsas de comestibles. "Ya está abierto el Oxxo", decían jóvenes en tono de broma. Unas 400 personas se lanzaron sobre la bodega Aurrerá de la calle Corales; después de saquear la tienda, y de llevarse en carritos incluso aparatos electrodomésticos, intentaron abrir varios tráileres estacionados frente al almacén. A las cinco de la tarde centenares de vecinos se apostaron a las puertas del Palacio Municipal para exigir atención médica y comida. "¡Venimos a que nos ayuden y sólo nos dan botellas de agua!", gritaba Guadalupe Palacios, de la colonia Lombardo Toledano. Frente a los vehículos militares se hacían colas infinitas de vecinos que esperaban comida. "¡Esto va a estallar, no podemos resistir mucho así!", gritaba José Cantón. Pero entonces el agua arreció y los gritos se fueron perdiendo en la lluvia, y luego en la tensa calma con que Cancún alcanzó la noche. |
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