México vive una situación crítica ambiental al perder cada año unas 700 mil hectáreas de bosques y selvas, así como una importante cantidad de animales medianos y grandes aún no cuantificada, que deriva en una "cascada de consecuencias ecológicas", informó Rodolfo Dirzo Minjarez. Dirzo, quien recientemente obtuvo el Premio Nacional al Mérito Ecológico 2003 e investigador de la UNAM, explicó que la pérdida de animales propicia que se modifiquen procesos naturales, que, a su vez, provocan la desaparición de otros componentes, como las plantas.
Recordó que México es un país reconocido en el mundo por su biodiversidad. Se calcula que dentro de nuestras fronteras existe alrededor de 10 por ciento de la riqueza de especies de todo el planeta, cifra "verdaderamente importante", además de que contamos con la mayoría de los ecosistemas presentes en la tierra.
El especialista reconoció que aunque en México existe una tradición bien establecida en el estudio de las selvas tropicales, sus formas de vida son tantas que "aún nos falta mucho por conocer".
Perderlas significaría desperdiciar recursos que potencialmente pudieran ser benéficos, como nuevos fármacos, alimentos o fibras, entre otros usos, destacó.
El desafío radica, continuó, en encontrar el punto intermedio entre las posturas extremas de "no tocar" la selva o destruirla, para que se combine la preservación de los hábitats con actividades productivas para la población local.
Sin embargo, el investigador dijo "sentirse optimista" porque hay decretos para las diversas áreas naturales protegidas.
El reto es que sean operativos, que se continúe con la investigación y se incorpore a las comunidades en las acciones a emprender, subrayó.
Resaltó que en el mantenimiento de los recursos naturales deben involucrarse todos los sectores de la sociedad.
Dirzo, quien es especialista en temas sobre ecología y conservación de las selvas de América, uno de los ecosistemas más amenazado del mundo, afirmó que los daños a las especies animales ahí existentes son incalculables.
Venados, jabalíes, jaguares y hasta los tapires han ido desapareciendo a consecuencia de la reducción del tamaño de su hábitat, la cacería y el tráfico ilegal de especies.
Investigaciones recientes han revelado que las consecuencias ecológicas del tráfico de especies trae como consecuencia la pérdida de ecosistemas.