Desde hace cuatro años, —en septiembre de 2003— cuando se inició el programa Conduce sin alcohol, el Centro de Sanciones Administrativas, conocido como El Torito, ha recibido a 17 mil 292 personas por este concepto, lo cual significa 34% del total de ingresos.También, el pasado mes, por violar el nuevo Reglamento de Tránsito Metropolitano, que en su artículo 31 sanciona el conducir en estado de ebriedad, 441 hombres y 27 mujeres fueron arrestados.
El segundo lugar de las faltas cívicas que ocasiona más internamientos, de entre 20 y hasta 36 horas, se encuentra el ingerir bebidas alcohólicas o estupefacientes en la vía pública —255 varones y 8 mujeres— lo que es 27% del total.
En tercer sitio, con 10% de casos, está los que impiden o estorban en la vía pública, con 95 hombres y ocho mujeres.
Conduce sin alcohol
En el patio de este centro de detenciones, que data de 1958 y que se ubica en lo que antes fuera un rastro, —de allí su nombre de El Torito— internos que no presentan resaca o algún otro malestar, pueden jugar volibol.
Cantantes, actores, empresarios, funcionarios y hasta un diputado que no quiso hacer uso de su fuero, han pisado las pequeñas celdas enrrejadas, en cuyo interior no se han reportado malos tratos y por lo tanto no tienen denuncias ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).
Caldo de pollo y te para hidratar el cuerpo tras una noche de copas, es el alimento más recurrente para la población, que en algunos días llega a sumar hasta 200 personas.
Este centro que pertenece al sistema penitenciario, tiene 120 camas, 57 para hombres y el resto para mujeres.
Sin embargo, su directora Silvia Pérez Colmenero indica que los movimientos de la población aquí son constantes y mientras unos entran, otros van de salida, lo cual ayuda a no estar saturados, sobre todo los fines de semana.
Muchos de los conductores que no aprobaron el examen del alcoholímetro entran preocupados, otros deciden relajarse y animosos, aun con la energía de quien tiene unas copas de más, hacen plática con sus compañeros.
“Se cuentan cuánto tomaron, de dónde venían, qué festejaban. Se ríen y a veces parece que allá adentro hay fiesta”, narra la funcionaria.
Afuera de esta prisión, algunos familiares, sobre todo mamás, tratan de hacerle llegar al hijo, comida, ropa o alguna cobija, lo cual no es permitido, sólo medicamentos.
Los más afectados físicamente prefieren descansar y dormitar en sus celdas mientras transcurren las horas que estarán sancionados. Si quieren, en la enfermería les darán suero para beber. Otros, los más desesperados, buscan un amparo para salir.
Del total de ingresados —17 mil 292— hasta agosto, 11 mil 355 decidieron culminar su sentencia y 5 mil 535 consiguieron una suspensión provisional, pero poco a poco han tenido que regresar a El Torito para terminar con el arresto, tras perder los juicios procedentes.