Unos antiguos y desvencijados vagones de tren que a fuerza de necesidad quedaron adaptados como vivienda fueron el escenario de pobreza y hacinamiento por donde ayer realizó actividades proselitistas Demetrio Sodi.El candidato del PAN al gobierno de la ciudad se comprometió aquí a impulsar un acuerdo con la administración federal para que, cuando él sea mandatario, se expropie este terreno federal y se construyan departamentos para las 400 familias que habitan este asentamiento irregular de la colonia Nextitla.
Es la calzada de los Gallos, en la Miguel Hidalgo; a unos 500 metros confluyen el Circuito Interior y la calzada México-Tacuba.
Todo alrededor se encuentra urbanizado. La ciudad fluye, pero aquí parece que el tiempo ha quedado atrapado; en los restos de estos viejos trenes de carga no hay drenaje y ni hablar de la pavimentación.
No existen calles en este tramo de vagones destartalados y casuchas levantadas con láminas de cartón que se han adherido a ellos, como en espera de una locomotora que nunca llegará por ellos.
Por aquí aún pasan trenes de carga, que para las madres de familia representan un peligro, pues a cualquier hora vienen a desenganchar vagones en las vías que aún existen.
En medio de ese estacionamiento de gigantes juegan los niños y hacen su vida los adultos, quienes han abierto ventanas, construido puertas y alzado escaleras para hacer de estos vagones sus hogares.
Ayer, Sodi los visitó con la promesa de que sus 40 años de adaptación serán recompensados con la expropiación y regularización del terreno, la edificación de vivienda nueva en este espacio y la seguridad de que nadie más que no viva aquí reclamará derechos.
El problema es que hace unas semanas los perredistas también ofrecieron lo mismo, con la noticia adicional de que los departamentos también se repartirían para familias que vienen de otras áreas.
Sodi aseguró a los habitantes que las casas serán sólo para ellos; lo escucharon, saludaron y se tomaron fotos con él, pero permanecieron incrédulos. "Pues a ver", le respondió una señora, quien así parecía resumir el sentimiento comunal gestado durante cuatro décadas en espera a que su "tren" de una mejor condición de vida pase.