Llegaron desde Perú cargados de esperanza y realidades. Los seleccionados Sub 17 y su entrenador Jesús Ramírez, no ocultaron su sorpresa cuando arribaron al aeropuerto y se toparon con mas de 150 reporteros, fotógrafos y camarógrafos esperandolos. Eso sólo fue el principio de la cascada de adrenalina que brotaría de cada uno de ellos y que se secó hasta la madrugada de este martes.
No fueron cientos, fueron miles y miles de personas las que orgullosas siguieron un recorrido de poco más de dos horas del aeropuerto capitalino a la residencia oficial de Los Pinos vitoreando a los que algunos ya califican como los Nuevos Niños Héroes de México.
Dentro de ese hormiguero humano había personas como Miguel Ángel López. Un joven de 15 años, quien apenas los vio salir en su recorrido, se volcó en un trote constante, acompañado de una bandera Tricolor.
La afición mexicana los esperaba ansiosa. Había banderas, cornetas, trompetas, matracas, gorros, sombreros, bufandas y bandas, todo con los colores nacionales, listas para ser ondeadas o lanzadas al aire al paso del turibús, que con andar lento, solemne como si se tratase de una carroza, los llevo por algunas de las principales avenidas del Distrito Federal, calles que, al menos para los miembros de este equipo campeón, nunca más serán iguales.
A su paso, bocinazos, cartulinas con la leyenda: "Fuera La Volpe". "Los queremos", y luego el grito al unísono "¡Chingones, chingones!".
Sobre la calle de Morelos, los camiones de basura formaron un escandalosos coro con sus bocinas, mientras Miguel Ángel, corre que corre, le abría camino al turibús, orgulloso de su playera verde, misma que se deshilaba en su espalda que ya transpiraba por el esfuerzo realizado.
El triunfo en el Mundial Sub 17 en Perú, fue el bálsamo esperado por un pueblo ansioso de éxitos en su deporte favorito.
De ahí la leyenda en una cartulina de un jovencito con la playera de las Chivas Rayadas del Guadalajara: "Se acabó el ya merito, hoy somos campeones, sí se pudo".
Al bajar el puente del eje 3 que cruza Tlalpan, la recepción no fue menos calurosa. "¡Campeones!, ¡Campeones!", coreaban los que estaban a pie mientras quienes debieron detener sus autos hacían sonar sus bocinas. Qué más daba, ayer era el día del reventón de la Infantil.
Siempre rodeados de un mosaico tricolor y voces que llegaban desde todas partes. Lo mismo aceras o ventanas de altos edificios.
Miguel Ángel cada vez sudaba más, pero no acusaba cansancio.
El cruce con Insurgentes se aproximaba y el chico de la bandera sólo sufría para que no le resbalaran sus pants.
"Voy a llegar hasta Los Pinos, lo prometí desde que los vi que eran campeones y supe que harían el recorrido".
Casi sobre Revolución, La Rebel , barra de Pumas, fue su última gran escala, donde lo mismo volaron sombreros que playeras y balones, nada era suficiente para estos pequeños gigantes que no sólo golearon 3-0 a Brasil, sino que le escondieron la pelota como un mago lo hace con sus monedas.
La llegada a Los Pinos, la cumplió Miguel Ángel, quien no ocultó que se vio en los pies de los Sub 17, "yo juego en el América, tengo 15 años y lo que acaban de hacer me llena de valor para seguir sus pasos", dijo exhausto, mientras el autobús se perdía en la casa presidencial.