Con la mirada llena de ilusión, similar a la de los niños cuando están a punto de recibir un anhelado regalo, los jugadores del Cruz Azul ingresan al restaurante del hotel de concentración, en el que ya los espera Rubén Omar Romano. Sesenta y seis días después, los Cementeros se reencuentran con su estratega, quien sella el momento con un fuerte abrazo y una enorme sonrisa. Uno a uno, los integrantes de La Máquina se acercan al argentino. La portería marca el inicio y final de las muestras de afecto, pues Emmanuel González es el primero y Óscar Pérez el último abrazarlo.
"(Fue) muy emotivo, porque la mejor forma de demostrar que estaban conmigo era lo que hacían", asegura Romano, mientras las pupilas se le dilatan. "El mejor regalo que me pudieron dar es llegar y ver al equipo fuerte, en el primer lugar. Tenía la posibilidad de seguirlos, aunque sea por radio, y eso me fortaleció dentro del encierro, el cual fue bastante duro".
En la mesa, Isaac Mizrahi (auxiliar técnico), José Romano (padre), Norberto Scoponi (entrenador de porteros), Luis Betolaza (preparador físico) y Carlos Villar (secretario técnico del club), intercambian bromas y puntos de vista con el estratega, quien se deleita con un plato de pasta y verduras al vapor.
A unos metros, los jugadores muestran su regocijo por el regreso de Romano.
"Teníamos muchas ganas de que ya estuviera con nosotros", expone Denis Caniza.
Algunos familiares y amigos del sudamericano completan el cuadro, al cual se agregan Claudio Piojo López (delantero del América) y Sergio Bueno (director técnico del Atlante).
Antes de retirarse a su habitaciones, algunos como Gerardo Torrado y Gabriel Pereyra se acercan a Rubén y charlan con él. Las sonrisas y jugueteos son constantes.
"El futbol es mi vida", manifiesta Romano. "Ya antes tenía una pasión por él y ahora creo que será más, la prueba está en que no me tomé demasiados días para estar con mi familia, la cual me comprende perfectamente, y creo que será lo mejor".
La serie de reencuentros finaliza con la directiva celeste. El abrazo con Guillermo Álvarez, presidente del Cruz Azul, provoca un sentimiento especial en el entrenador celeste, quien lo aprieta de una forma más intensa que al resto. Minutos después, Alfredo Álvarez, vicepresidente, se une a la tertulia.
Eso sí, entre "tantas personas a las que debo agradecer", Romano no olvida a Diego Armando Maradona, quien solicitó a los secuestradores que lo liberaran.
"Fue un momento especial allá adentro", asevera emocionado.