Cuando la fe mueve las montañas
La noticia llevó al pequeño Armando hasta el inmueble de la colonia Noche Buena, ilusionado con la posibilidad de ver a Rubén Omar Romano aunque sea de lejos.
El niño de 10 años el menor de la familia Hernández pegó una discreta cartulina junto a la puerta 1 del estadio Azul. "¡Bienvenido Romano, te estábamos esperando! Por ti seremos campeones, por tu fuerza después del secuestro, por todo, bienvenido a la mansión Azul. Te queremos. Familia Hernández".
El día del secuestro (19 de julio), Armando puso un altar en su cuarto con la imagen del papa Juan Pablo II, la de la Divina Providencia y una foto de Rubén.
"Le rezábamos todas las noches para que lo regresaran", confesó Alma Elisa, hermana del niño y quien compartió la decisión de la familia de mantener el pedestal por siempre, con todo y que ya cumplió con el cometido.
"Vamos a dejarlo ahí para que ya no le pase nada malo", dijo la muchacha de 18 años, cuya familia es fanática de los colores celestes.
Aunque no hubo acceso para los aficionados, al menos unos 30 fueron al Azul. Algunos de ellos fijaron en la pared una pancarta que exigía: "¡Pena de muerte a los secuestradores!".


