Incremento de dos a tres veces en el número de suicidios, depresiones crónicas, fobias, alcoholismo, divorcios, abandono del trabajo, decepción por la vida y deterioro físico fueron las secuelas de los sismos de 1985 en una población que se estima casi 30 mil personas que directamente fueron afectadas, reveló Federico Puentes Silva, director del Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono (Saptel). El especialista, quien junto a un grupo de académicos de la Facultad de Psicología de la UNAM brindó atención y seguimiento a víctimas de los sismos, dijo a EL UNIVERSAL que la mitad de la población afectada con la pérdida patrimonial o de familiares no fueron atendidos por especialistas y ello ocasionó que desarrollaran un "síndrome de estrés postraumático".
Entre las manifestaciones de este padecimiento estuvieron el aumento del número de suicidios, en particular entre las personas que lo perdieron todo.
Tal es el caso de un investigador y médico que laboraba en el Centro Médico Nacional. El sismo le tocó durante su trayecto al hospital y, cuando llegó ahí, vio perdido su trabajo de 20 años de investigación. Sus archivos se perdieron. "Pero no fue todo. Al regresar a su casa, en la zona de Tlatelolco, se encontró con lo peor: el fallecimiento de sus padres, de su esposa y sus dos hijos".
Fue en ese contexto que un grupo de académicos de la Facultad de Psicología decidió crear el Saptel (21 de septiembre de 1985), a través del cual se atendió directamente a 700 personas. En este momento, Saptel es un programa conjunto de la Cruz Roja, la Secretaría de Salud y la Federación Mundial de la Salud Mental. Señala que hasta ahora las acciones de protección civil y prevención que se han desarrollado "están por debajo de las necesidades que representa una población que ha crecido en asentamientos de forma irregular".