Grabación y declaración Ãntegra del presidente Fidel Castro (segunda parte)
Recuerda su llegada y partida de la Cumbre de MonterreyEl señor Presidente de México habÃa dicho la última palabra. Era mi derecho incuestionable participar en esa conferencia convocada por Naciones Unidas y no por el señor Bush. Pero yo no podÃa viajar a Monterrey contra la voluntad expresa del Presidente del paÃs sede; tenÃa que resignarme a usar los seis minutos que me correspondÃan, y marcharme después de almuerzo, o antes, si lograba adelantar el turno número 30 que me correspondÃa según sorteo, entre otras razones porque no habÃa podido asegurar mi presencia con anterioridad, a fin de evitar la inmediata movilización de la jaurÃa de terroristas y matones ya mencionados, que desde territorio norteamericano son organizados y pagados para eliminarme fÃsicamente cada vez que viajo a un evento internacional.
Debo añadir que a mi llegada a Monterrey el señor Fox no se apareció por el aeropuerto, como habÃa prometido, sin que yo se lo solicitara en lo absoluto. Ni siquiera realizó una llamada telefónica para un saludo de cortesÃa. En nada me preocupó el asunto. No siento apego alguno por protocolos y cortesÃas.
Disfrutaba, en cambio, de un singular consuelo. A la vez que se me ordenaba partir de inmediato después de almuerzo, en dos ocasiones me anunció que recibirÃa el inmenso honor de sentarme a su lado, para el mundanal disfrute de un delicioso cabrito.
No podÃa, sin embargo, retirarme de la Cumbre sin la menor explicación. Nunca hice tal cosa en ninguna de ellas. El señor Presidente de Estados Unidos podrÃa suponer que Cuba temÃa sentarse, con la frente en alto, ante su poderosa y augusta presencia. En la Cumbre de RÃo de Janeiro en 1992, su propio padre tuvo el gesto encomiable, por lo inusual, de entrar deliberadamente en la sala minutos antes de mi turno, escuchar ecuánime mis palabras, e incluso aplaudir tanto él como su delegación al concluir las mismas. Un viejo refrán popular afirma que lo cortés no quita lo valiente. Nadie, en nuestro paÃs, en México o en cualquier otra parte, habrÃa comprendido tan extraña retirada. Para explicarla, dije sólo tres lÃneas:
?Les ruego a todos me excusen que no pueda continuar acompañándolos debido a una situación especial creada por mi participación en esta Cumbre, y me vea obligado a regresar de inmediato a mi paÃs.?
No podÃa decir menos, ni decirlo con más cuidado. Olvidé totalmente el cabrito. Salà de la sala y me reunà con el Presidente de Colombia breves minutos para intercambiar sobre las gestiones de paz en ese paÃs. Me dirigà luego a despedirme del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas que, como es lógico, habÃa sido informado de lo ocurrido desde el dÃa anterior por nuestro Embajador en esa institución. Con él me esperaban, en evidente actitud solidaria, Olusegun Obasanjo, Presidente de Nigeria, y Thabo Mbeki, Presidente de Sudáfrica. Salgo. Bajo por una escalera automática. Frente a la misma, en los balcones interiores y áreas laterales, numerosos empleados mexicanos, de Naciones Unidas y participantes de otros paÃses en el evento aplaudÃan en gesto de solidaridad. Un tumulto de periodistas se movÃan agitadamente tomando fotos, filmando, esperando alguna declaración. No dije una palabra. Asà abandoné el edificio.
No habÃa dejado atrás ninguna complicación insoluble. Mis últimas palabras al concluir la intervención, fueron:
?Al frente de la Delegación de Cuba queda el compañero Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, incansable batallador en la defensa de los derechos del Tercer Mundo. Delego en él las prerrogativas que me correspondÃan en esta reunión como Jefe de Estado.
?Espero que no se le prohÃba participar en ninguna actividad oficial a las que tiene derecho como Jefe de la Delegación cubana y como Presidente del órgano supremo del poder del Estado en Cuba.?
Allà estaba, al alcance de los anfitriones, una solución bien sencilla. Aceptar la presencia de Ricardo Alarcón, Jefe de la Delegación en las reuniones oficiales de la Cumbre, y no se habrÃa vuelto a hablar del incidente. Faltaba sólo un mÃnimo de visión y sentido común. No sé si la soberbia, la arrogancia y el espÃritu aventurero del consejero áulico del presidente Fox, o la prepotencia de Bush, impidieron esa salida decorosa.
Yo estaba todavÃa en ayunas a esa hora. Marché hacia el hotelito donde me albergaba. Allà habÃa invitado para almorzar a Hugo Chávez, amigo entrañable, que se vio envuelto también en una intervención azarosa e interrumpida por el ilustre anfitrión mexicano al hablar en nombre del Grupo de los 77 y de su propio paÃs. El fraternal y relajado encuentro se prolongó durante horas con intercambios sobre variados temas, tres semanas antes del abortado golpe fascista contra la revolución bolivariana. Fue un almuerzo no suculento pero agradable, con tortillas mexicanas, frijoles refritos y otros platillos tradicionales del paÃs hermano, que a mà me parecieron más deliciosos que cualquier cabrito.
Me habÃa olvidado por completo de la hora y de la orden perentoria de marcharme precipitadamente después de almuerzo. Mientras tanto, Bush esperaba impaciente desde hacÃa horas en El Paso ?ubicado en la actual frontera de Estados Unidos con México desde la invasión de 1846, cuando al paÃs le arrebataron más de la mitad de su territorio? la noticia de que tan inoportuno participante se habÃa marchado de México. Nadie del protocolo se acordó o quiso molestar al disciplinado y obediente, aunque olvidadizo huésped, que al fin y al cabo, se marchó a las 5:00 p.m. de Monterrey. Al parecer, Bush, cansado de esperar, recibió permiso o decidió por su cuenta despegar o corrÃa riesgo de llegar tarde a la cena.
Alguien parqueó su aeronave junto al viejo IL-62 de Cubana. Al pasar en su carro, con gesto amistoso, saludó a la tripulación cubana que me esperaba ya en lo alto de la escalerilla. Por mi parte, ajeno a tales peripecias, me despido de Chávez, tomo el carro, y con mi pequeña caravana me dirijo al aeropuerto. Pasamos bajo la avenida que conduce al mismo, y accedimos a esa vÃa por donde acababa de cruzar la cola de la enorme caravana de Bush. Después de todo, ambos estuvimos a unos metros de distancia en Monterrey. Al despegar nuestra nave, la tarde era radiante y bella.
En la ciudad sede quedaba nuestra delegación, encabezada por el presidente de nuestra Asamblea Nacional, acompañado por nuestro Ministro de Relaciones Exteriores. La lógica indicaba que no habrÃa más problemas. ¿Se excluirÃa a Ricardo Alarcón de los eventos de la Cumbre? ¿Se le admitirÃa o no en el convivio que tendrÃa lugar al dÃa siguiente, después del discurso en que el ilustre Presidente de Estados Unidos ?muy democráticamente? duplicarÃa sin interrupción alguna el tiempo asignado a los demás mortales que asistÃan a la conferencia como Jefes de delegación? Aunque nos parecÃa absurda, torpe e improbable tal exclusión, les encomendé la tarea, en ese caso, de explicar la verdad pero sin hacer uso ni mencionar siquiera el contenido y la existencia de la conversación sostenida entre Fox y yo, cuyo carácter personal deseaba mantener a toda costa, y destinarla a los archivos de la Revolución.
Constituyó un mal sÃntoma que el señor Castañeda se precipitara en afirmar esa tarde que el protocolo era el protocolo y que no serÃa violado, urdiendo como siempre pretextos para cumplir los compromisos contraÃdos con el gobierno de Estados Unidos y ocultar la verdad. Minutos antes de la reunión se le comunicó al compañero Alarcón que no tendrÃa acceso alguno a la misma. Tal como se habÃa decidido, el jefe de nuestra delegación explicó en numerosas conferencias de prensa la verdadera causa de mi ausencia. Entre otras cosas, expresó:
?Ayer el canciller Castañeda, en varias oportunidades en su reunión con la prensa, manifestó que no habÃa habido ninguna gestión de ningún funcionario autorizado en el sentido de poner cortapisas a la participación de Cuba y sugirió varias veces que fuera Cuba la que explicara lo que habÃa sucedido, porque él no tenÃa elementos. Tengo que decir que las declaraciones que él formuló son fundamentalmente falsas.?
Y agregó:
?No solamente funcionarios autorizados, sino yo dirÃa que personas muy autorizadas del gobierno de México nos comunicaron, antes de la conferencia, las presiones de que eran objeto de parte del gobierno de Estados Unidos para que Cuba no participase en la conferencia y para que especÃficamente no estuviese encabezada por el Presidente del Consejo de Estado, el compañero Fidel Castro.?
?Castañeda sabe que nosotros lo sabemos y que nos era muy fácil explicarlo; pero que si no lo hemos hecho hasta ahora es porque tratamos de ser constructivos y de persuadir a las autoridades mexicanas de que era lo más conveniente para todos encontrar una solución honorable, adecuada, que ya es imposible, puesto que tuvo lugar una reunión de la cual ha sido excluida arbitraria e ilegalmente una delegación, que no ha sido invitada, que es la de Cuba.
?Dicen que las reglas de Naciones Unidas y las reglas del paÃs anfitrión son diferentes. No, ciertamente, yo no soy Jefe de Estado; pero soy la única persona que está en Monterrey en quien el Jefe de Estado delegó su representación y es el único Jefe de Estado que en Monterrey fue arbitrariamente excluido de participar en el retiro.
?No es cierto que Cuba podÃa estar representada por su Jefe de Estado, porque se le pidió, de modo muy claro, muy categórico, que, por favor, se marchase lo antes posible de México."
Por su parte, nuestro Canciller, por vÃa telefónica, en su alocución a la Mesa Redonda de la televisión cubana en la tarde del dÃa 22, expresó lo siguiente:
?Cuba sabÃa de las presiones que, previo a la conferencia, habÃa estado haciendo sobre el gobierno mexicano el presidente Bush. El presidente Bush amenazó con que no vendrÃa a la cumbre si en ella participaba el compañero Fidel.?
?Se habÃa producido la invitación del Comité Preparatorio creado por la Asamblea General de Naciones Unidas en una resolución, la carta que se acaba de dar a conocer de los dos embajadores, y después se produjo la invitación oficial del presidente Fox.?
?Después se le solicitó al compañero Fidel que no viniera a la Cumbre, como era su derecho como Jefe de Estado de un paÃs miembro de Naciones Unidas que tenÃa ya la invitación del Comité Preparatorio de Naciones Unidas para participar en una conferencia en la que Cuba habÃa desempeñado un papel importante en su convocatoria.?
?Esa es la realidad histórica, se le pidió que no participara, y se lo pidió ?como ya dijimos? una persona muy autorizada en el gobierno de México para hacer una solicitud de esa magnitud. Se le pidió que no viniera, y ante la posición firme de Fidel, que defendió el derecho de Cuba a estar soberanamente presente en esta reunión, entonces le pidieron que fuera sólo en la mañana del jueves, y que, inmediatamente después del almuerzo que ofrecerÃa el gobernador del Estado, se retirara.?
?El compañero Fidel estaba en la necesidad y el deber de explicarles a los delegados, y lo explicó cuidadosamente y dijo realmente la razón que le impedÃa estar allÃ, pero con discreción y con cuidado. Y planteó una solicitud que podÃa haber sido atendida y que tenÃa realmente una lógica, y era que el compañero Alarcón, presidente de nuestra Asamblea Nacional, participara en las demás actividades de la conferencia.?
?Ha habido, realmente, una incapacidad de comprender este razonamiento, y una incapacidad para aceptar una solicitud razonable.?
Castañeda desmentÃa frenéticamente las palabras de Alarcón y de Felipe.
En conferencia de prensa el 21 de marzo, a la pregunta de un periodista si el gobierno de México pidió o sugirió al de Cuba que el Presidente cubano ajustara su agenda para no encontrarse con el presidente Bush, Castañeda respondió:
?De ninguna manera, en ningún momento ningún funcionario autorizado del gobierno de México le hizo un planteamiento de esa Ãndole, o de cualquier otra Ãndole que pudiera semejársele, al gobierno de Cuba, a las autoridades cubanas?.
Ante la insistencia de la prensa, Castañeda respondió:
?No hubo ninguna presión, influencia, gestión, solicitud, sugerencia, insinuación. Si tuviera mi diccionario de sinónimos, seguirÃa, pero pues de memoria quizá no se me ocurran muchas más; pero si a usted, Blanche, se le ocurre una, plantéemela y le doy la misma respuesta.
Ante el programa de televisión ?Zona abierta?, Castañeda reiteró: ?No hubo en ningún momento presión por parte de ningún funcionario mexicano a Fidel Castro, para que se fuera antes de lo previsto.?
El señor Fox, el 22 de marzo en conferencia de prensa conjunta con Bush, al preguntársele por las presiones para excluir a Castro, dijo: ?No hay tal. El señor Fidel Castro hizo su visita a México, a la conferencia de la ONU, estuvo aquÃ, participó y se regresó a Cuba. ¡No hay más! Asà de sencillo.?
En entrevista concedida a JoaquÃn López Dóriga, y publicada en el diario La Jornada, al preguntarle si era cierto que Fidel Castro se fue, primero, porque su gobierno dijo que no viniera; y, segundo, porque cuando estuvo aquà usted le dijo que se fuera, Fox respondió: ?No, que yo sepa, para nada. SerÃa interesante, oportuno, que nos señalaran de dónde salió este asunto; creo que Fidel Castro tiene la suficiente madurez, lleva tantos años gobernando, no creo que a él cualquier cosa como ésta le impidiera su libertad y su voluntad. Castro estuvo aquà en Monterrey, participó en el congreso, en la reunión de la conferencia de las Naciones Unidas, y después decidió irse. Nadie lo obligó a irse.?
En declaraciones a la televisión azteca el 24 de marzo, al preguntársele qué habÃa ocurrido conmigo, respondió: ?Asà como fue de repentino su aviso de llegada y su llegada, que llegó por la noche del dÃa anterior, asà fue su salida. Simple y sencillamente, vino, dio su discurso y presentación, se le recibió con todas las cortesÃas en el aeropuerto, lo saludé a su llegada, igual que a todos los demás, me despedà de él y se fue. Asà de sencillo. ¿Qué pasa, qué hay detrás? No entiendo.?
Bush, por su parte, afirmaba beatÃficamente que Estados Unidos no habÃa ejercido presión alguna sobre México.
Todos mentÃan a diestra y siniestra.
Si Castañeda hubiese abierto el diccionario de sinónimos donde debÃa, se habrÃa encontrado con que mentir equivale a: engañar, embustir, trapalear, embrollar, tramar, faltar a la verdad, novelar, falsificar, fingir, simular, fantasear, adulterar, trapacear, dar gato por liebre, ocultar, burlar, timar, embaucar, cascabelear, etc., etc., etc.
La credibilidad de nuestro paÃs fue puesta en duda. De acuerdo con una encuesta, casi la mitad de los mexicanos habÃan sido inducidos a desconfiar de la veracidad de Cuba.
En el editorial de Granma del pasado 26 de marzo se advirtió: ?Cuba posee pruebas irrebatibles de todo lo ocurrido que barrerÃan cualquier duda. Ha preferido abstenerse de usarlas, porque no desea perjudicar a México, no desea lesionar su prestigio, no desea en lo más mÃnimo crear desestabilización polÃtica en ese hermano paÃs.
[...]
?De alguna forma, por el honor de México, debe ponerse fin a tales ofensas y agresiones al pueblo cubano. Que no se obligue a Cuba a presentar las pruebas que poseemos.?
Dicho editorial concluye afirmando:
?No pedimos otra cosa que el cese de las provocaciones, insultos, mentiras y macabros planes del señor Castañeda contra Cuba. De lo contrario, no quedará otra alternativa que divulgar lo que no hemos querido divulgar y hacer polvo sus falsos y cÃnicos pronunciamientos, cueste lo que cueste. ¡No lo dude nadie!?
La palabra desestabilización se empleó porque el aventurero canciller mexicano arrastró en su perfidia nada menos que al Presidente de México. No podÃan usarse nuestras pruebas sin implicarlo. Tal vez esto los condujo al error de creer que nos resignarÃamos al golpe sin que se destapara la caja de Pandora. Un paÃs bloqueado por el gigante que hoy inspira tanto miedo y amenaza al mundo con sus mÃsiles y bombarderos, cuyos gobiernos arbitrarios además incluyen de forma cÃnica y calumniosa a nuestra Patria entre los paÃses que apoyan el terrorismo, no podÃa atreverse a tanto.
Mas, ni aun asà deseábamos sacar a la luz nuestras pruebas. Guardamos silencio hasta casi más allá de lo que permitÃan la ética y la verdad. Faltaba, sin embargo, la gota que colmó la copa.
El miércoles 10 de abril, el trasnochado y abyecto Judas que preside el Uruguay, asumiendo el inglorioso papel de lacayo que venÃa desempeñando la República Checa, presentó ante la Comisión de Derechos Humanos el engendro contra Cuba, concebido y fraguado con Washington por el canciller Castañeda.
El 15 de abril, la Presidencia de México emite un comunicado oficial donde informa que México votará a favor del proyecto presentado por Uruguay.
Era una decisión conocida por nosotros varios dÃas antes. RespondÃa a un acuerdo concertado con Estados Unidos.
Lo más grotesco es que hasta se nos quiso sobornar y comprar nuestro silencio sobre lo ocurrido en Monterrey. En medio de los dramáticos acontecimientos que tenÃan lugar en Venezuela, cuando la vida de Hugo Chávez corrÃa mortal peligro y todo parecÃa liquidado, el Embajador de México en Cuba transmitÃa, la tarde del 13 de abril, aproximadamente 38 horas antes del comunicado oficial del 15, un mensaje del gobierno mexicano prometiendo que Petróleos Mexicanos podrÃa asumir los suministros venezolanos que dejarÃa de entregar PDVSA.
Nos repugnaba la cÃnica maniobra de engaño con la que pretendÃan neutralizar nuestra protesta contra la fechorÃa que iban a cometer en Ginebra. El gobierno de México siempre se opuso sistemáticamente a que Cuba recibiera beneficio alguno de acuerdos como los de San José y otros. Le dimos frÃamente las gracias y no mostramos el menor interés por la hipócrita oferta.
La promesa de no auspiciar, promover, ni apoyar una resolución contra Cuba, tanto de Castañeda como del presidente Fox durante su visita a Cuba, habÃa sido vilmente traicionada.
Puede ocurrir todavÃa que algunos de los que me escuchan digan: muy bien, todo está explicado de forma aparentemente lógica y articulada, pero ¿quién garantiza que Castro, considerándose un émulo de Shakespeare, no haya inventado este drama? Para los que asà piensan, les ruego escuchen durante unos minutos la grabación donde constan las palabras precisas, con el tono y énfasis exactos de las voces de Fox y mÃa.
Los presentes en esta conferencia, si lo desean, pueden llamar de inmediato a Fox y Castañeda. Preguntarles si existió o no esta conversación el 19 de marzo entre las 11:30 y las 11:50 de la noche aproximadamente, si lo reconocen y si son o no exactas estas palabras. Si se probara que tal conversación no tuvo nunca lugar, y que éstas no son las palabras del Presidente Fox, me comprometo a renunciar de inmediato a todos mis cargos y responsabilidades como dirigente del Estado y de la Revolución cubana. No tendrÃa cara para seguir dirigiendo este paÃs.
Me gustarÃa, en cambio, que los autores de tantas mentiras y del colosal embuste con el que quisieron manipular y embaucar al pueblo mexicano y a la opinión pública mundial, fuesen capaces de reaccionar con el mismo sentido de la dignidad y el honor.
Los pueblos no son masas despreciables a las que se puede engañar y gobernar sin ética, pudor ni respeto alguno.
Por decir estas verdades, las relaciones diplomáticas se podrán romper, pero los vÃnculos fraternales e históricos entre los pueblos de México y Cuba serán eternos.


