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Grabación y declaración íntegra del presidente Fidel Castro (primera parte)

Hace pública una conversación con el mandatario mexicano Vicente Fox

La Habana, Cuba | Martes 23 de abril de 2002 Redacción online | El Universal00:00

Presentamos el texto íntegro de la Declaración Política del Presidente de la República de Cuba realizada en el día de hoy.

Mi renuencia a presentar las pruebas de lo ocurrido en Monterrey, que me obligó a retirarme el mismo día de mi discurso en la Cumbre, se debía a que el señor Castañeda había arrastrado en su descocada aventura al presidente Vicente Fox. No podía revelarlas sin implicar al propio Jefe de Estado mexicano.

La actual conspiración contra Cuba en Ginebra había sido urdida por el señor Castañeda en Washington. El gobierno checo estaba ya hastiado de su costoso y desacreditante papel mercenario.

El gobierno de Estados Unidos el pasado año, después de la resolución impuesta por la fuerza contra Cuba en Ginebra, había sido privado de su condición de miembro de la Comisión de Derechos Humanos en humillante y merecido castigo, mediante voto secreto del Consejo Económico y Social, (ECOSOC). Fue la más vergonzosa derrota que jamás había sufrido desde que fuera creado ese órgano en 1945.

El canciller mexicano Jorge Castañeda se ofrece para latinoamericanizar la nueva y artera maniobra. Una proposición cínica, amañada y engañosa debía ser promovida por delegaciones latinoamericanas en la Comisión de Derechos Humanos. A eso se dedicó el resto del año 2001, dando lugar a reiterados incidentes con Cuba, que fueron objeto de numerosas críticas por parte de personalidades políticas y miembros de la Cámara de Diputados y el Senado de México.

Ya desde el 20 de abril del 2001, un día después de la votación de la resolución contra Cuba en la que México se abstuvo, el compañero Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país, declaró que el canciller de México, Jorge Castañeda, había hecho todo lo posible para tratar de que México cambiara su posición y Cuba fuese condenada. A lo largo de todo ese año, el señor Castañeda se dedicó a intrigar y conspirar en esa dirección.

A principios del presente año, por iniciativa de México se fragua el viaje a Cuba de una delegación de alto nivel, presidida por Fox, con el pretexto de mejorar las relaciones entre nuestros dos países. La Conferencia de Monterrey se acercaba. Bush, como ya había hecho Reagan en 1981, a raíz de una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno Norte-Sur que tendría lugar en México en el mes de octubre de ese mismo año, amenaza con no asistir si Cuba participaba. El honor y los deberes del gobierno de México entraban de nuevo en contradicción con sus intereses. El viaje de Fox y Castañeda a Cuba, adonde llegaron el 3 de febrero a las 10:30 a.m. estuvo minuciosamente diseñado. En todo había doblez y cálculo. Conocíamos perfectamente que uno de los objetivos era solicitarnos que renunciáramos a nuestra participación. No se atrevieron. Bastó la primera hora de reunión, iniciada a las 11:14 a.m. Los primeros minutos fueron casi suficientes. Me adelanté a recordarles la invitación transmitida a nuestro país por las Naciones Unidas para participar en esa Cumbre. Después analicé a fondo toda la hipocresía y perfidia de las maniobras contra Cuba en Ginebra.

El intercambio con Fox y otros miembros de la delegación esa mañana se tornó serio y productivo sobre variados temas. Castañeda se revolvía nervioso e inquieto. Almuerzo ligero con Fox y su delegación, al concluir la primera reunión. Ofrenda floral a Martí. Un amplio recorrido programado, en el que lo acompañé todo el tiempo. Conversamos durante los trayectos con bastante seriedad y familiaridad sobre varios temas.

Visitamos la Habana Vieja; una planta generadora de electricidad al este de la capital, que funciona con gas acompañante del petróleo mediante la tecnología del ciclo combinado; a sugerencia mía, un encuentro en la casa del Historiador de la ciudad, Eusebio Leal, al que Fox acababa de condecorar, para visitar a su señora madre, que se encontraba convaleciente.

Finalmente, el recorrido concluyó en el Centro Internacional de Restauración Neurológica donde numerosos mexicanos reciben exitosos tratamientos.

Por otro lado, a las cuatro de esa tarde tenía lugar una reunión de nuestro Ministro de Relaciones Exteriores y el señor Castañeda. Éste no se atrevió siquiera a discutir con Felipe la historia del proyecto contra Cuba en Ginebra. No menciona la Cumbre de Monterrey, y le promete que México no auspiciará, promoverá o apoyará moción alguna contra Cuba en Ginebra.

A las ocho de la noche recepción oficial en el Palacio de la Revolución; 8 y 53, reunión privada con el Presidente Fox en mi despacho. Cuando abordamos el tema de Ginebra, después de varias disquisiciones, me aseguró textualmente que México nunca haría algo que afectara a Cuba, pues eran muchos los años de relaciones que no querían afectar de ninguna manera. Más tarde, la cena prevista, que tiene lugar en un ambiente amistoso. La visita nos deja una impresión positiva. Fueron muchas las horas de intercambio respetuoso y aparentemente sincero.

Poco tiempo duró, sin embargo, la agradable impresión. A Castañeda le dio por hacer declaraciones enigmáticas y extrañas: ?Dejaron de existir las relaciones de México con la Revolución cubana y han comenzado con la República de Cuba...? , ?la postura mexicana de hoy no es la postura del pasado?, etcétera. Viaja a Miami poco después para inaugurar el 26 de febrero un instituto cultural de México. Allí son invitados una curiosa fauna de terroristas y contrarrevolucionarios de origen cubano que nada han tenido que ver jamás con la cultura. Aborda de nuevo las elucubraciones teóricas sobre las relaciones de México con la Revolución o con la República, y les dirige palabras edulcoradas a sus ?selectos? oyentes. Declara: ?Las puertas de la Embajada de México en La Habana están abiertas a todos los ciudadanos cubanos, del mismo modo que lo está México?. Redactores de la subversiva y mal llamada Radio Martí manipulan sus palabras, y durante todo el día siguiente repiten que las relaciones entre México y Cuba se han roto y las puertas de la Embajada de ese país en La Habana están abiertas para todos.

Un grave incidente tiene lugar ese mismo día en horas de la noche, resuelto sólo por la cooperación seria y eficaz de Cuba la madrugada del 1º de marzo, solicitada por el gobierno mexicano, sin el menor rasguño para los asaltantes de la sede. Ruedan infundios y groseras calumnias. Hasta se afirma que todo se debió a una provocación de Cuba. Comenzaba marzo. La Cumbre de Monterrey estaba muy cerca.

Como suele ocurrir, nunca anuncio la decisión de asistir o no a tales eventos. Son obvias las razones. Y cuando lo decido, sólo a última hora lo comunico a quien corresponda. Hay quienes llegan a estos eventos incluso sin haberlo informado previamente, y jamás han tenido dificultad alguna con los anfitriones. En esta ocasión, tomada la decisión aproximadamente tres días antes, anuncié mi llegada con 24 horas de anticipación, el 19 de marzo. Tenía dos razones: ni Bush quería mi presencia ni el propio Fox. Tampoco deseaba enfrascarme en una larga discusión con Fox y Castañeda, tratando de persuadirme e implorándome que no fuera. Cuando el presidente Reagan amenazó con boicotear la reunión en 1981, me vi obligado a complacer al presidente José López Portillo. Pero éste, en medio de su vergüenza y su pena, se comportó como un caballero. Fue elegante, me invitó a Cozumel, y con toda franqueza me explicó su tragedia. Accedí.

Esta vez habían cambiado los hombres y los tiempos. La situación internacional es hoy extraordinariamente grave y compleja. Se abordaba en esa conferencia un tema de vital importancia para todos los países del mundo pobre y explotado. Era mi derecho asistir y decidí asistir. Sabía bien que tan pronto comunicara la noticia de mi participación, el Presidente de Estados Unidos no tardaría un minuto en conocerlo, con las inevitables presiones sobre México. No deseaba darles demasiado tiempo para ello. Redacté una carta breve y cursé instrucciones a nuestro Embajador de entregarla a la Presidencia de México a las 7:00 p.m. hora de Cuba, 6:00 de la tarde hora de México.

Aunque Monterrey estaba saturada de delegados, nuestra delegación había alquilado con tiempo 20 de las 40 habitaciones de un pequeño hotel recién inaugurado. Debido a la incertidumbre sobre el viaje, no habían sido alquiladas todas. Deseábamos, además, desinformar a los sempiternos y omnipresentes terroristas, entrenados, consentidos y amparados por Estados Unidos. A última hora me bastaba con la mitad de aquel hotelito.

El contenido de mi carta, ya publicada por el señor Castañeda para manipular una frase que le serviría para elaborar un argumento con el que intentaría explicar mi rápido regreso, decía textualmente:

?La Habana, 19 de marzo del 2002

?Estimado Presidente:

?He vuelto a leer con atención su amable carta de 28 de enero del presente año, en la que me invita a participar en la Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo, de las Naciones Unidas, que se celebrará en Monterrey. Ya antes, el 21 de diciembre del 2001, había recibido la invitación de los embajadores Shamshad Ahmad y Ruth Jacoby, co-Presidentes del Comité Preparatorio de las Naciones Unidas.

?La enorme cantidad de trabajo que he tenido en las últimas semanas no me permitía tener la seguridad de participar en dicha Conferencia, lo cual realmente me apenaba mucho con México, sede de ese importante evento, y con las Naciones Unidas, que tanto interés ha puesto en el mismo.

?Es por ello que he tomado la decisión de realizar un esfuerzo extra y participar en esa reunión, aunque sea por el mínimo de tiempo posible, lo que tengo la satisfacción de comunicarle, en primer lugar, a Usted.

?Espero poder contribuir con espíritu constructivo al éxito de esta Conferencia, a la que México ha dedicado grandes esfuerzos.

?Al desearle éxitos, estimado Presidente Fox, le reitero el testimonio de mi amistad y consideración personal.

?Fidel Castro Ruz.?

Anunciar que mi estancia sería breve, significaba claramente que me limitaría sólo a los dos días de conferencia, y no incluiría ningún otro programa adicional en México.

A nuestro Embajador, cuando entregó la carta al Secretario personal del Presidente, le informaron que Fox saldría casi de inmediato para Monterrey. Cumplida esa tarea, nuestro representante se dirigió a las oficinas del Secretario de Gobernación, a quien comunicó la noticia para realizar las coordinaciones pertinentes. Nuestro arribo a Monterrey iba a producirse 24 horas después.

Alrededor de las once de la noche, hora de Cuba, se recibe en mi oficina una llamada de México, comunicando que el presidente Fox quería hablar conmigo lo más urgentemente posible. Como no me encontraba en mi despacho, se les ruega repetir la llamada un poco más tarde. A las 11:28 entra de nuevo llamada de México. En ese instante estaba reunido con varios compañeros en una pequeña sala no lejana a mi despacho. La llamada a esa hora me dio mala espina. ¡Qué raro, si el Presidente se acuesta temprano! El tono era de urgencia. Ya no tuve dudas. Me levanté de la mesa, fui para mi despacho, y pedí que me comunicaran con el Presidente Fox. Se produce entonces un insólito diálogo, que transcribo tal como quedó registrado.

Fidel.- Dígame, señor Presidente, ¿cómo está usted?

Fox.- Fidel, ¿cómo estás?

Fidel.- Muy bien, muy bien, muchas gracias. ¿Y usted qué tal?

Fox.- ¡Qué gusto! Oye, Fidel, pues llamándote por esta sorpresa que me llevé hace apenas un par de horas, cuando me entero de tu pretendida visita acá a México.

Primero, antes que nada, quisiera decirte que esta conversación sea privada, entre tú y yo, ¿estás de acuerdo?

Fidel.- Sí, de acuerdo. Usted recibió mi carta, ¿verdad? Se la envié...

Fox.- Sí, recibí tu carta hace apenas un par de horas y por eso te llamo ahora.

Fidel.- Ah, muy bien, a mí me habían dicho que usted se acostaba temprano y le enviamos la carta temprano.

Fox.- Sí, me acuesto temprano, pero esto me mantuvo despierto.

Fidel.- ¡No me diga!

Fox.- No, es que me llegó... Aquí son las 10:00 de la noche ahorita, me llegó a las 8:00, y estábamos aquí precisamente cenando con Kofi Annan.

Fidel.- ¡Ah!

Fox.- Pero, mira, Fidel, yo te hablo primero como amigo.

Fidel.- Sí, me habla primero como amigo, espero que no me diga que no vaya.

Fox.- (Se ríe) Bueno, vamos a ver, déjame platicarte, a ver tú que opinas.

Fidel.- Yo lo escucho, pero se lo advierto de antemano. Muy bien.

Fox.- ¿Mande?

Fidel.- Que yo lo escucho, pero lo digo de antemano.

Fox.- A ver, escúchame primero. Escúchame primero.

Fidel.- Sí.

Fox.- Sí, como amigo, la verdad es que así de última hora y esta sorpresa sí me pones en una buena cantidad de problemas.

Fidel.- ¿Por qué?

Fox.- Problemas de seguridad, problemas de atención.

Fidel.- Bueno, no me importa, yo no tengo ninguna preocupación, señor Presidente; parece que usted no me conoce.

Fox.- ¿Tú no tienes preocupaciones por eso?

Fidel.- No, se lo aseguro que ninguna; no llevo 800 hombres como lleva el señor Bush.

Fox.- Pero no es muy de amigos avisar a última hora que te apareces aquí.

Fidel.- Sí, pero también yo corro muchos riesgos que nadie corre, usted lo sabe perfectamente bien.

Fox.- Bueno, pero tú puedes confiar en un amigo y me podías haber hecho saber un poco antes que pretendías venir, eso yo creo que hubiera resultado mucho mejor para ambos.

Pero, mira, de plano yo sé que no solo tienes el derecho, sino, si no te es posible ayudarme como amigo en ese sentido y te es indispensable...

Fidel.- Sí. Dígame en qué puedo ayudarlo, menos en eso.

Fox.- Bueno. ¿En qué puedes ayudarme menos en eso?

Fidel.- Dígame, ¿cómo? ¿Qué debo hacer? Yo los riesgos los corro tranquilamente.

Fox.- A ver, déjame...

Fidel.- Pero usted comprenderá que esto daría lugar a un escándalo mundial, si realmente ahora me dicen a mí que no vaya.

Fox.- ¿Pero qué necesidad tienes de armar escándalo mundial, si te estoy hablando como amigo?

Fidel.- Óigame, es que usted es el Presidente del país, y si usted es el anfitrión y me lo prohíbe, no me quedaría más remedio hasta que publicar el discurso mañana.

Fox.- Así es, así es. No, tú tienes todo el derecho.

A ver, déjame hacerte una propuesta.

Fidel.- Sí.

Fox.- ¿Sí?

Fidel.- Dígame.

Fox.- No sé cuándo pretendes venir, porque eso no me lo dices, pero mi propuesta sería que vengas el jueves.

Fidel.- A ver, dígame, dígame exactamente, estoy dispuesto a escuchar una transacción en esto. Bien, ¿qué día es hoy?, martes. ¿A qué hora usted quiere que yo llegue el jueves?

Fox.- Porque tú tienes... o sea, Cuba tiene apartada su presentación ante el pleno para el jueves.

Fidel.- Sí, sí, la hora exacta ahí, ahí estaban... El jueves debe ser...

Fox.- Hacia la 1:00 de la tarde.

Fidel.- No, el jueves tengo que participar en una mesa redonda y tengo que hacer el discurso por la mañana.

Fox.- Porque tú tienes discurso por la mañana hacia la 1:00 de la tarde.

Fidel.- Más o menos. Yo le ayudo en todo, no le molesto en nada, ni voy a las comidas, ni siquiera a la reunión... Bueno, esa reunión ya la tendríamos que discutir...

Fox.- Ahí te va, ahí te va, déjame terminar.

Fidel.- Sí.

Fox.- Que puedas venir el jueves y que participes en la sesión y hagas tu presentación, como está reservado el espacio para Cuba a la 1:00. Después tenemos un almuerzo, un almuerzo que ofrece el gobernador del estado a los Jefes de Estado; inclusive te ofrezco y te invito a que estuvieras en ese almuerzo, inclusive que te sientes a mi lado, y que terminado el evento y la participación, digamos, ya te regresaras, y así...

Fidel.- ¿A la isla de Cuba?

Fox.- No, bueno, pues a lo mejor te buscaras...

Fidel.- ¿A dónde? ¿O al Hotel? Dígame.

Fox.- A la isla de Cuba, o a donde tú gustaras ir.

Fidel.- Correcto.

Fox.- Y que me dejaras libre -y es la petición que te hago- el viernes, para que no me compliques el viernes.

Fidel.- Usted no quiere que yo le complique el viernes. Muy bien, es que usted parece que no leyó una línea en que yo le digo que voy con espíritu constructivo, a cooperar en el éxito de la conferencia.

Fox.- Sí, sí leí esas líneas.

Fidel.- Si mi palabra no le dio el efecto... Yo comprendo las demás cosas, de las cuales no vamos a hablar, y lo que puede pasar. Casi adiviné que usted me iba a llamar para decirme algo parecido a eso. Pero, muy bien, yo con toda franqueza se lo digo: Estoy dispuesto a cooperar con usted. Estoy dispuesto a cooperar con usted y a hacer lo que usted está solicitando.

Fox.- Podemos hacerlo de esta manera.

Fidel.- Sí, repítamelo, por favor.

Fox.- A ver, llegar el jueves por la mañana, a la hora que tú gustes.

Fidel.- Sí, jueves por la mañana, pronunciar el discurso.

Fox.- Sí, pronunciar el discurso en el pleno; participar en la comida de Jefes de Estado y donde yo te invito, inclusive, a estar sentado al lado.

Fidel.- Muy bien, muchas gracias.

Fox.- Y por la tarde, pues salir a la hora que a ti te convenga.

Fidel.- Sí, muy bien. Déjeme ver el horario, allí hay una hora de diferencia, la hora en que yo tengo que moverme.

Fox.- Tenemos una hora de diferencia.

Fidel.- Si acaso tuviera que llegar un poquito más temprano, digamos, porque ya yo sé dónde ocasiono el mayor daño (Se ríe), pero tal vez pudiera estar allí al amanecer.

Fox.- ¿Del día jueves?

Fidel.- Porque la hora es la 1:00 y allí estaban negociando la hora del turno, tal vez yo hable antes; tal vez, pero estoy preparado para esa hora más o menos, ya que hay 30 oradores. Yo salí perjudicado, porque fue a última hora, y se lo confieso, que he tomado la decisión a última hora. Usted me reprochaba que un amigo debe decirlo o no.

En primer lugar tengo dos cosas: tengo los riesgos y, además, no había tomado la decisión. Esa es la verdad.

Fox.- Sí, sí, lo entiendo, lo entiendo.

Fidel.- Pero decidí, en un momento dado, que era conveniente, como se lo expliqué en mi carta. Yo le ruego que usted, cuando pueda, la vuelva a leer.

Fox.- Aquí la tengo enfrente mío.

Fidel.- ¿Y usted tiene por ahí al Secretario General cerca, está cenando con él?

Fox.- Se acaba de ir hace 15 minutos. Se fue al hotel y mañana él va a allá a Monterrey.

Fidel.- ¡Qué lástima que yo no pueda escucharlo a él cuando hable!, porque creo que habla al principio.

Fox.- A ver, Fidel, tú... tú... Sí, yo sé que...

Fidel.- Bueno, si usted me consiguiera que, por ejemplo, yo usara el turno 10, si me consigue un turno...

Fox.- A ver, espérame.

Fidel.- Sí.

Fox.- Yo tengo una participación el jueves, arranca la ceremonia de inauguración a las 9:00 de la mañana.

Fidel.- A las 9:00, muy bien.

Fox.- A esa hora me supongo que va a hablar el Secretario General y voy a hablar yo.

Fidel.- Sí, yo quisiera escucharlo a él, porque él fue el que me invitó.

Fox.- No hay problema en que vengas a eso.

Fidel.- Usted es el presidente del país anfitrión; no era Estados Unidos, era México.

Fox.- No hay problema en que vengas a eso, que llegues temprano y que participes desde la inauguración; desde las 9:00 de la mañana que empezamos, ahí va a hablar él, hablo yo y, efectivamente, tu lugar es como el lugar número 10.

Fidel.- No, el lugar mío es el número 30; pero si usted me consigue el 10, es decir, después que hablen los principales allí ?creo que encabeza Chávez como presidente de los 77?, algunos más, si usted me consigue el turno 10 ó 12...

Fox.- ¿Pero tú quieres que te cambie ahí, digamos, de la 1:00 de la tarde hacia un poco antes?

Fidel.- Hable con Kofi, hable con Kofi y plantéele su problema, él va a entender que el mundo tiene dueños y que eso es muy serio.

Fox.- Puedo hablar con Kofi Annan (Se ríe).

Fidel.- Hable con Kofi (Risas), ¿comprende?

Fox.- Sí, sí, puedo hablar con él, cómo no.

Fidel.- Entonces yo lo complazco mucho más a usted, me aparezco allí y hablo. Casi sería mejor que llegara un poco a media noche o a una hora de esas, y durmiera un poco y fuera para allá.

Fox.- Tú no más me avisas a qué hora vas... Tú me avisas a qué hora, si yo te tengo una residencia, un lugar donde llegar, si llegas muy temprano.

Fidel.- Bueno, yo tenía un hotelito ahí, unos cuartos, porque es que no estaba decidido si iba.

Fox.- Sí, es que no hay cuartos, ese es el problema, que no hay habitaciones.

Fidel.- No, pero la delegación nuestra tiene 20 cuartos allí y algunos de ellos los podemos mandar para otros puntos, una casa de huéspedes.

Fox.- Sí, incluso nos acomodamos, tú tienes amigos ahí en Monterrey que a la mera hora te pueden instalar. Eso no es problema. Tú tienes que llegar de madrugada...

Fidel.- Mire, yo lo puedo complacer más completo. ¿Tengo que llegar de madrugada?

Fox.- Sí. ¿A qué le llamas madrugada, 5:00 o 6:00 de la mañana?

Fidel.- No, yo prefería sobre las 10:00 de la noche o algo así, una hora determinada.

Fox.- ¡Ah!, llegar por la noche del miércoles.

Fidel.- Sí, sí, sin que nadie me vea. Nos vemos por la mañana allí, que me vean por allí por la mañana.

Fox.- Ponlo más cargado hacia la noche y vemos cómo nos acomodamos, o sea, más hacia la media noche o la madrugada.

Fidel.- Bien.

Fox.- Y llegas, te instalas y participas desde las 9:00 de la mañana.

Fidel.- Me instalo y estoy allí a las 8:30. Fíjese.

Fox.- Sí. Correcto, correcto.

Fidel.- Entonces usted me garantiza con Kofi Annan y le explica los problemas; si no, tendría que hablar y explicarle, porque es que a mí me invitan las Naciones Unidas.

Fox.- No, no hay problema en eso. Yo...

Fidel.- Usted como anfitrión fue muy amable al enviarme la invitación, pero son las Naciones Unidas las que me invitan. Y se lo dije a usted aquí, fue lo primero que le dije tan pronto empezamos las conversaciones, que tenía la invitación.

Fox.- Bien, por eso.

Entonces, vamos a seguir pensando así, de esa manera. Después terminamos...

Fidel.- Correcto. Entonces yo lo complazco a usted, yo me voy más temprano. Si yo tengo unas ganas de estar aquí tremendas, tengo mucho trabajo y muchas cosas con las que estoy entusiasmado.

Fox.- Fidel, ¿te puedo pedir otro favor?

Fidel.- Dígame.

Fox.- Que estando en casa a mí me serviría muchísimo que no hubiera declaraciones sobre el tema de la Embajada o de las relaciones México-Cuba o de ese evento que vivimos en estos días pasados.

Fidel.- No tengo ninguna necesidad de hacer declaraciones allí.

Fox.- ¡Qué bueno!

Fidel.- Dígame, ¿en qué más puedo servirlo?

Fox.- Pues básicamente no agredir a Estados Unidos o al presidente Bush, sino circunscribirnos...

Fidel.- Óigame, señor Presidente, yo soy un individuo que llevo como 43 años en política y sé las cosas que hago y las que debo hacer. No le quepa la menor duda de eso, que yo sé decir la verdad con decencia y con la elegancia necesaria. No albergue el menor temor, que no voy a soltar ninguna bomba allí. Aunque la verdad es que estoy en desacuerdo con el consenso ese que han propuesto ahí. No, yo me voy a limitar a exponer mis ideas básicas y fundamentales, y lo haré con todo el respeto del mundo. Yo no voy a tomar aquello como una tribuna para agitar ni mucho menos: voy a decir mi verdad. Y puedo no ir, y la digo desde aquí, la digo mañana por la mañana, así que para mí no es...

Fox.- Es que tú me ofreces en tu carta, precisamente eso: participación constructiva, para que sea una verdadera aportación a la discusión, al debate y a la solución de los problemas que todos tenemos en el mundo.

Fidel.- Sí, señor Presidente, usted debe tomar en cuenta, incluso, que cuando yo hago un viaje de estos lo hago con bastante riesgo.

Fox.- Sí, eso lo entiendo.

Fidel.- Debe saberlo. Y no lo hago ?ausentarme de ahí? porque sentiría vergüenza, cuando he tomado la decisión de ir. Y a muchos lugares no he ido, no fui a la Cumbre allá en Perú, pero yo tengo un concepto mucho más elevado de la importancia de esta conferencia y un concepto mucho más elevado de México; me parecía, incluso, que lo estaría lastimando, en realidad, a usted o a los mexicanos.

Yo no voy allí ni a agitar ni a organizar manifestaciones, nada. Tengo en cuenta que usted es el Presidente de ese país y que un deseo suyo, por muchos que sean los derechos, debo tomarlo en cuenta.

Y me alegro que usted haya pensado en una fórmula decorosa, en que yo esté allí a la hora, escuche al Secretario General de las Naciones Unidas. Y si usted pudiera, con la ayuda del Secretario General de las Naciones Unidas, garantizarme que yo tome un turno ?no esperemos tanto tiempo allí, mientras más tiempo entonces más...? y hablo en el turno entre el 10 y el 15, después que empiece la lista de oradores, aparte de su discurso, entonces nosotros hablamos con un compañero que estaba allí, le daremos instrucciones ?que ya le habían dado hoy instrucciones de que gestionara un más temprano turno?, entonces yo quedo libre para ocasionarle a usted las menores molestias.

Fox.- Sí.

Oye, Fidel, de cualquier manera está la invitación a que me acompañes a la comida, que eso sería como a la 1:00 de la tarde ó 1:30 y acabando de comer, entonces puedes salir.

Fidel.- Siempre y cuando usted no me ponga mole con guajolote y mucha comida ahí, porque en el avión viajar hacia acá muy lleno...

Fox.- No, hay cabrito que es muy rico.

Fidel.- ¿Hay un cabrito?

Fox.- Sí, señor, excelente.

Fidel.- Bueno, muy bien.

Fox.- Entonces, ¿podemos quedar con ese acuerdo, Fidel?

Fidel.- Podemos quedar con ese acuerdo y quedamos amigos, como amigos y caballeros.

Fox.- Sí, te lo agradezco muchísimo y nada más me vas a dar la hora de tu llegada, para poder recibirte y llevarte a acomodar.

Fidel.- Le daré la hora de mi llegada.

Bueno, si quiere llego hasta más temprano y con eso salvamos mucho. ¿A qué hora te vas a acostar mañana?

Fox.- ¿Mañana?

Fidel.- Sí.

Fox.- ¿Mañana qué es, miércoles? Mañana me voy acostar temprano, como buen ranchero.

Fidel.- Como buen ranchero. Yo soy al revés, yo suelo como buen trasnochador.

Dígame, ¿cuál es la hora que más le conviene?

Fox.- Mira, como tú estás señalando, 10:00, 11:00, 12:00 de la noche, para que te instales y puedas descansar y estar al otro día en la mañana.

Fidel.- Muy bien, de acuerdo.

Fox.- Entonces, ya no más que la Embajada me da la hora exacta para recibirte allí como se debe.

Fidel.- Sí, mañana te dará la hora exacta.

Fox.- Con la Embajada hablamos sobre eso.

Fidel.- Sí, como siempre, te agradezco mucho esa deferencia, ese honor, si vas allí, creo que ayudaría mucho a...

Fox.- Me acompañas a la comida y de ahí te regresas.

Fidel.- Y de ahí cumplo sus órdenes: me regreso.

Fox.- Fidel, te agradezco muchísimo.

Fidel.- Muy bien, Presidente.

Fox.- Nos van a salir bien las cosas así.

Fidel.- Yo pienso que sí, y le doy las gracias...

Fox.- Bueno, igualmente y que pases buena noche.

Fidel.- ...Por su deferencia y por buscar una fórmula que sea honorable y aceptable.

Fox.- Sí, yo creo que lo es y te lo agradezco.

Fidel.- Muy bien, muy bien, le deseo mucho éxito.

Fox.- Buenas noches.

Fidel.- Buenas noches.



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