¿Y el prólogo fue la sangre? Amaneció el jueves 3 de octubre de 1968 la ciudad de México con la noticia del tiroteo en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, y las versiones contradictorias: oficialmente, francotiradores habían disparado contra soldados y gente del pueblo; extraoficialmente, se sabía que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz había puesto en operación un dispositivo para capturar a los principales líderes del movimiento estudiantil y terminar con los "disturbios" que habían ocurrido en los últimos meses. Desde muy temprano, los funcionarios del Comité Olímpico Internacional se reunieron en la fastuosa suite de Avery Brundage, presidente del organismo deportivo, en el hotel Camino Real. Las noticias más claras venían del exterior, la responsabilidad de la matanza recaía en el presidente... Las listas oficiales daban 25 muertos, pero el periódico inglés The Guardian consideró como cifra probable 325. Los Juegos ya habían sido bautizados en Europa como "Olimpiadas Amargas".
Los teléfonos no dejaron de sonar en la suite de Brundage, y el diálogo con los miembros del COI fue subiendo de tono. El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, presidente del Comité Organizador, intentaba tranquilizar a los "señores de los anillos"; cuatro años después reconocería que "se consideró seriamente la suspensión de los Juegos entre los altos dirigentes del Comité Olímpico Internacional", por los sucesos del 2 de octubre. ¿Cuánto estaba en juego? Inversiones millonarias en infraestructura deportiva y organización, la cifra exacta es 2 mil 198 millones de pesos de aquella época.
En el hotel Camino Real la prensa nacional e internacional aguardaba una resolución.
Por fin, hacia las 17:00 horas, Avery Brundage se presentó ante los reporteros para decir: "Los juegos de la XIX Olimpiada se desarrollarán tal y como están programados. Hemos consultado con las autoridades mexicanas y nos han asegurado que no habrá interferencia en la entrada de la flama olímpica en el estadio, el día 12 de octubre, ni en los eventos que le sigan hasta la clausura. Hemos sido asegurados que las manifestaciones y actos de violencia que se han suscitado en esta gran metrópoli de seis millones de habitantes, no han tenido relación alguna con los Juegos Olímpicos, ya que éstos tienen todo el apoyo del pueblo mexicano".