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Poca ayuda, mucha necesidad

Miércoles 12 de octubre de 2005 Fredy Martín Pérez/Corresponsal | El Universal

MOTOZINTLA, Chis.- "Pidan una despensa. Tal vez a ustedes sí se las van a dar. Necesito ayuda, tengo una hija con discapacidad", dice a punto del llanto María Esther Domínguez Sánchez a un grupo de reporteros, segundos antes de que un helicóptero descendiera en un campo de futbol de esta localidad con ayuda para los damnificados.

Aura Amparo González Díaz, quien está a lado de María Esther, nada más escucha el llamado de desesperación, y no espera más para protestar: "Si le van a dar a ella, que nos den a todos".

Molesta, la mujer encara a los policías que resguardan el escaso alimento que traen los helicópteros desde Tuxtla Gutiérrez y Frontera Comalapa: sopas instantáneas, aceite, leche en polvo, mermeladas, sardinas y galletas.

Cerca del mediodía de ayer, varios helicópteros con ayuda descienden en esta localidad. Los damnificados no esperan más tiempo y cruzan el río Xelajú para ir a clamar ayuda, pues alegan que desde la semana pasada los alimentos escasearon.

La gente no mide el peligro que significan las aspas de los helicópteros. Está desesperada por conseguir algo de alimento. Así, impacientes, hombres y mujeres de los barrios La Nueva Unión, Los Pinos, Ignacio Allende, Sarabia y La Lucha, tratan de abrirse paso, pero los oficiales instruyen: "¡Fórmense!. A los niños no se les va dar", vocifera un policía.

Aura no aguanta más y despotrica contra los encargados de repartir la ayuda, entre ellos el secretario de Atención a Pueblos Indios, Juan Vázquez. "Sólo un kilo de maseca nos han dado. Tenemos enterradas nuestras casas. Si tuviéramos no viniéramos a pedirles".

La joven mujer insiste: "Los niños no tienen nada que comer. Son pendejadas lo que nos están haciendo".

El edil Jesús Ulises Zapata hace esfuerzos por calmar a los damnificados, a quienes después de jaloneos y la desorganización reinante, no les queda otra opción que formarse en filas según el barrio del que provienen.

Los funcionarios y policías entregan la ayuda como si lo hicieron con los ojos cerrados. Muchos damnificados sólo reciben una mermelada de fresa, otros un paquete de sopa instantánea y alguien más una lata de sardinas.

Con el "botín" en las manos, la gente no espera más y sale corriendo hacia sus casas con la "recompensa" obtenida, fruto de varios minutos de jaloneos.

Una mujer, que no se identificó, reconoce que el lunes pasado habitantes de dos barrios estuvieron "a punto" de enfrentarse a golpes por la disputa de las despensas.

Camiones del gobierno, de empresas privadas e iglesias evangélicas se ven a lo largo de la carretera entre Frontera Comalapa y Motozintla, con varias toneladas de alimentos, pero la ayuda no llega a la gente que más sufrió los daños de Stan .



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