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Ni en 1998 vimos esto

Viernes 07 de octubre de 2005 Fredy Martín Pérez/Corresponsal | El Universal

AMATENANGO DE LA FRONTERA, Chis.- Frente a lo que fue la Iglesia pentecostés de esta comunidad, el pastor Francisco González llora desconsolado y clama a Dios para que cese el mal tiempo imperante en la Sierra Madre de Chiapas, donde decenas de poblados fueron arrasados por Stan.

"Dios, conocemos tu poder: ¡perdónanos!", expresa el hombre parado sobre un islote de lodo. Justamente en este sitio el agua destruyó casas y un edificio gubernamental, además de arrasar con varios vehículos y romper un puente de 300 metros.

En esta cabecera municipal, en lo que era un campo de futbol, el agua de los ríos Mazapa y Grijalva dejó un amasijo de rocas, lodo y árboles arrancados de tajo.

En menos de 12 horas, los ríos se robustecieron y sus cauces se desbordaron enfurecidos.

Aún no han sido cuantificados los daños causados por Stan en la Sierra Madre de Chiapas, una región que comprende siete municipios y donde decenas de comunidades permanecen aisladas.

Los habitantes de la Sierra Madre están horrorizados por los niveles que alcanzan actualmente los afluentes. Sin embargo, entre los viejos se escucha que algo similar a lo que ocurre se vivió también en 1945 y 1998. El agua también arrastró animales, cosechas y puentes; desgajó cerros y fracturó la carpeta asfáltica de las carreteras que comunican esta región con la costa y la frontera.



Peor ahora

Lo sucedido en 1998, cuando la lluvia "borró" poblados competos, no se compara con lo vivido las últimas horas. "Ni en 1998 vimos esto", cuenta un hombre que observa el crecimiento de las aguas del río Grijalva, que ayer amenazaba con llevarse el puente de hormigón, ya que sus pilotes eran socavados por el agua.

A pocos metros del puente Sonora, partido de tajo por las aguas del Grijalva, el alcalde de este municipio, Félix Toledo Rodríguez, asegura consternado que de más de 100 comunidades que hay en su jurisdicción 40 por ciento están dañadas por Stan.

"Queremos que nos ayuden, nos quedamos sin nada", lamenta Epitafio Pérez Trigueros, un hombre de 48 años que salió de su vivienda sólo con lo que tenía puesto.

En esta demarcación, cientos de personas seguían abandonando sus hogares ante el temor de que los afluentes ampliaran su caudal.



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