Los códigos no escritos establecidos por el narcotráfico de mantener a la familia, y en especial a las mujeres, fuera del "ajuste de cuentas" entre bandas rivales se rompieron en 1989 con los asesinatos de la esposa y dos hijos de Héctor El Güero Palma Salazar, cuando éste trabajaba bajo la sombra del entonces Zar de las Drogas , Miguel Ángel Félix Gallardo. Sin embargo, según el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Sinaloa, Óscar Loza Ochoa, en la violenta batalla que libran los narcotraficantes sólo hasta hace pocos meses las mujeres han pasado a formar parte constante de sus víctimas, y sus cadáveres se encuentran atados de pies y manos, con huellas visibles de tortura y disparos en la cabeza.
Tal fue el caso de Alma Beatriz Cotera Zavala y María Elena Jiménez Sepúlveda, cuyos cuerpos fueron encontrados el 19 de mayo pasado en una colonia popular al sur de Culiacán junto con los cadáveres de otros dos hombres.
Las mujeres también han sido blanco directo de los pistoleros del narcotráfico, como sucedió con Alma Lorena Rivera Campillos, el 18 de mayo de 2005, quien fue acribillada a balazos cuando salía de un minisúper en Culiacán acompañada de su marido y de su hijo, quienes resultaron ilesos.
Para Beatriz Rodríguez Pérez, secretaria general del Consejo Estatal de Prevención de Delitos de Violación Intrafamiliar (Cepavi), ante el incremento de asesinatos de mujeres en Sinaloa urge un estudio serio sobre las causas, ya que no se pueden argumentar justificantes, sobre todo cuando se alude al narcotráfico.
Sensibilización
Rodríguez Pérez consideró que una de las acciones inmediatas es tratar de sensibilizar a las mujeres para no caer en el uso o en la venta al menudeo de drogas, pues ello constituye uno de los mayores riesgos a los que se exponen.
De enero a agosto de este año, en el país fueron asesinadas 58 mujeres: en Sinaloa, 25; Tamaulipas, 17; Chihuahua, 11; Michoacán, 3 y Guerrero, 2.
En muchos casos, las mujeres han sido asesinadas junto con sus compañeros sentimentales, como sucedió con Alma Lorena Rivera Campillos y Sandra Leyva Reyes, quienes, por separado, fueron victimadas en "ajustes de cuentas" del narcotráfico con sus respectivos esposos el 18 de mayo en Culiacán.
Es precisamente en Culiacán, junto con Navolato, en Sinaloa, donde se concentra casi 70 por ciento de las muertes de mujeres en el país, entre enero y los primeros días de septiembre de este año.
Familias de narcos
Para el presidente del Centro Binacional de los Derechos Humanos (CBDH) en Tijuana, Baja California, Víctor Clark Alfaro, la familia de los integrantes del crimen organizado ha dejado de ser "intocable" en su código de acción, ya que cada vez es más frecuente que también se extiendan las venganzas y "ajuste de cuentas" a los parientes cercanos.
Las reglas han cambiado para la actividad delictiva y ahora la familia también es parte de los "ajustes de cuentas", por lo que el resultado de la actividad delictiva no sólo debe medirse por los homicidios, sino por los damnificados que resultan de ella, añadió Clark Alfaro.
Según el defensor de derechos humanos, ahora las familias de los involucrados en el narcotráfico y el crimen organizado, no sólo enfrentan las consecuencias de una detención o "ejecución" de sus parientes, sino también la muerte de manera directa.
En 1989, el venezolano Enrique Rafael Clavel Moreno, un ex operador del narcotraficante Félix Gallardo actualmente en prisión secuestró en Caracas a Guadalupe Laija Serrano Serrano y a los niños Natali y Héctor, de cuatro y cinco años de edad, respectivamente, esposa e hijos de El Güero Palma.
Poco después, Palma Salazar recibió un paquete con la cabeza de su esposa y 15 días después la policía venezolana informó del hallazgo de los dos menores muertos bajo el puente de La Concordia, en el suroccidental estado venezolano de Tachira.