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Por horas, a merced del meteoro

Martes 19 de julio de 2005 Juan Arvizu/Enviado | El Universal

Cancún, Q. Roo. Casi a la medianoche tronó un transformador afuera del gimnasio Kuchil Baxal , habilitado como refugio para unos 2 mil turistas extranjeros. En reacción a ese aviso de peligro, los vigilantes ataron con más fuerza las cuerdas que cerraban las puertas de cristal contra las que chocaba el silbido sin fin de Emily .

El temido momento estaba allí. El viento golpeaba muros, tapias y los únicos cristales que no pudieron cubrirse con madera, los de las puertas. La lluvia danzaba en los techos.

El futuro inmediato era impredecible. El meteoro era dueño de la suerte de Cancún. Y más en ese gimnasio de los 2 mil vulnerables, que ocupaban cientos de metros cuadrados bajo techo.

Turistas de América y Europa se sofocaban por el calor del extenso lugar, de nombre impronunciable para ellos, Kuchil Baxal , e inesperado en sus vacaciones "viaje todo pagado".

Eran familias en el descanso millonario de verano, parejas y grupos que dejaron las confortables habitaciones y suites del hotel Riu, en el Cancún de lujo, para quedar lejos del mar.

Se encontraban en un ambiente de aire muy caliente, sobre el piso duro del gimnasio, y sin privacidad alguna. Durmieron con sus ropas puestas.

A las 20:30 horas del domingo, se sintieron los primeros vientos. Y de allí para adelante, Quintana Roo dejó todos los espacios abiertos en poder de Emily . Los 382 kilómetros de carretera de esta ciudad, hasta Chetumal, la capital, quedaron desiertos de actividad y seña humana.

Ciudad del Carmen se quedó en tinieblas. Emily centró su fuerza entre esa localidad y Tulum. Derribó árboles, anuncios comerciales, una línea larga de postes de electricidad y casitas de cartón de los muy pobres.

Las aguas del mar avanzaron 30 metros tierra adentro. En un refugio, Adrian Grant, turista de San Antonio, Texas, se sobresaltó por la fuerza de los vientos y porque en la habitación del hotelito en que pasó el huracán entraba agua debajo de la puerta.

Para las cinco de la mañana, las tormentas eran más débiles en Playa del Carmen. Después del amanecer, habitantes y turistas fueron a ver el mar picado, y muchos se quedaron a disfrutar el clima: el calor de la Riviera Maya.

La turista Grant abrazaba la almohada que la acompañó en la emergencia, agradecida de la atención de la gente del lugar. Ironizó que estas vacaciones eran con "huracán incluido".

Astrid Heykamp, una holandesa a la que le faltan por disfrutar 10 días de estancia, se sumó a un grupo de huéspedes voluntarios en la limpieza del hotel que reabría su servicio.

En Cancún, la lluvia se prolongó durante las primeras horas de la mañana, aun después de la reapertura del aeropuerto; una señal al mundo de que Emily había sido un huracán bondadoso.

Durante la emergencia, el Centro de Convenciones fue el albergue de unos mil 500 huéspedes de hoteles. Europa y América estaban representadas en grandes dormitorios improvisados.

Para el mediodía de este lunes, la marea de vacacionistas regresó a sus habitaciones de hotel. Muchos fueron vistos marchar por el bulevar Kukulcán con sus almohadas y maletas.

Levantada la alerta roja, Cancún volvía a vestirse de luces, música y dispuesta a ofrecer muchos cocteles al visitante, bebidas que no hubo el domingo, una noche inolvidable húmeda, pero con ley seca.



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