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El peso de Atlacomulco

Domingo 03 de julio de 2005 Fidel Samaniego/Enviado | El Universal

TOLUCA, Méx.- Apenas se sentó ante su escritorio, el joven que ya por fin se sentía gobernador del estado, recibió un llamado telefónico. "Es el profesor", le anunció la secretaria. Sorprendido, un par de segundos después escuchó esa voz, la del poderoso político y empresario, quien le saludaba con respeto.

"¡A sus órdenes, profesor!", exclamó César Camacho Quiroz. "No, al contrario. Yo estoy a sus órdenes, señor gobernador. Para eso le hablo, para ponerme a su disposición. Sepa usted que ahí en su despacho, en su mesa de trabajo, tiene un timbre, y que en cuanto lo apriete, ahí estaremos todos con usted para lo que disponga", respondió Hank González.

La escena, hace ya casi una década, muestra una de las formas y los fondos con los que se conducía esa clase política mexiquense, el Grupo Atlacomulco.

Unos años más tarde, Toluca disputaba la final del campeonato de futbol en la Bombonera. En el palco de honor estaba el gobernador Montiel con la mayoría de sus antecesores, todos menos uno, Emilio Chuayffet.

Este domingo los integrantes del legendario grupo, miembros de esa clase, estarán en torno a Enrique Peña Nieto, el candidato priísta, el que ni siquiera había nacido cuando la mayoría de ellos ya caminaban por la senda del poder. Una familia con sus pleitos y reconciliaciones, con sus códigos y sus intereses.

Ayer, en la sede estatal del PRI, estaba ya instalada una gran carpa que cubría la plazoleta. Parecían prepararse para un festejo. Llegaban al lugar centenares de refrescos. Ante la oficina de prensa se agolpaban representantes de algunos de los periódicos y revistas que abundan en la entidad. Algunos de ellos, sin rubores, exigían a gritos que les pagaran lo que se les debía. En otras oficinas se desarrollaban reuniones. Enrique Peña Nieto llegó más tarde para encontrarse con los integrantes de su equipo cercano.

"Estamos listos para todo. Tendremos representantes en todas las casillas. Un ejército de abogados recorrerá el estado para lo que se ofrezca. Estamos alertas para enfrentar los intentos de los otros de provocar un conflicto postelectoral", confió uno de los estrategas de la campaña.

En ese momento, al nacer la tarde, ya estaban solas las instalaciones en el primer piso de un edificio en la avenida Villada, todos se habían retirado. Quedaban solos los cartelones de propaganda en favor del panista Rubén Mendoza Ayala.

En otro rumbo de la ciudad, la calle Lago Tixtla, tres mujeres parecían aburrirse en la casa de campaña de la aspirante perredista Yeidckol Polenvsky. "Todos están en México", dijo una de ellas al cronista.

El día antes de la elección. En los portales del centro toluqueño, la gente paseaba, se metía a los expendios de tortas de chorizo. Allá al fondo, ese despacho, el que cuenta la leyenda que tiene un timbre en el principal escritorio. Ahí, donde llegará el gobernador número 75 en la historia del estado de México.



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