El Patio de los Leones olía a perfumes de boutique. Los blancos dientes de Luis Miguel brillaban hasta la última de las 192 sillas adornadas con funda de banquete nupcial. La Chanel número 5 pidió el micrófono, arqueó la espalda y con las mejillas rojas atrevió una metáfora: "Luis Miguel, yo no sé en qué otros países de Latinoamérica tengas discos de oro, pero te aseguro que en mi corazón ya tienes un disco de platino".
Luis Miguel peló los ojos y mostró su mejor lado (el derecho). "¡Ah!, ¿de verdad? Pues muchas gracias".
Obsesion y Eternity también tomaron el micrófono, mostraron sus modelos de noche y se dirigieron a Luis Miguel en tono de colegiala a punto del primer beso: "Me gusta mucho tu disco, yo te conocí durante un concierto y quiero preguntarte si en lo espiritual eres tan exitoso como en lo profesional".
Más cauta, Ana María Lomelí le preguntó si alguna vez había llevado serenata. "Hace mucho tiempo que no lo hago", respondió El Sol .
"Pues todas tenemos nuestro balconcito esperándote", gritó la conductora.
Los dientes de Luis Miguel brillaron con una sonrisa que iluminó el Patio de los Leones y le cerró un ojo: "Luego me dices cuál es el tuyo". La conductora cayó rendida en su asiento.
Veinticuatro preguntas después, Luis Miguel dijo: "Muchas gracias por venir"; se metió la mano derecha al bolsillo y ondeó la izquierda en señal de despedida. Su diseñador de imagen debió estar feliz, la presencia de Luis Miguel sigue siendo perfecta.