Santa Catarina Juquila , Oax. Sobre bicicleta, a lomo de bestia, en vehículos particulares o en autobuses, cerca de 30 mil personas llegan por día, en caravana tras caravana, al santuario de la Virgen de Juquila, una representación no asociada por la grey de la Virgen María y a la que se le atribuyen miles de milagros. Localizado en el centro de esta población de indios chatinos, en la Sierra Sur, a unos 249 kilómetros al sur del estado, su templo fue erigido a finales del siglo XVIII, aunque su devoción fue antes de 1700 en la comunidad cercana de Santa María Amialtepec. Aunque la imagen era llevada por curas a Juquila, regresaba misteriosamente en varias ocasiones, de lo que se acusó a los indígenas de la localidad. Hasta 1719, por un decreto episcopal quedó definitivamente colocada la santísima imagen en el templo a donde hoy recurren sus fieles en pos de la milagrería.
Según los registros históricos, en el invierno de 1633, los indios pusieron fuego a la hierba seca del monte, costumbre para lograr en la primavera un pasto verde para los ganados, pero las llamas alcanzaron por el viento los jacales de Amialtepec y el templo de la Virgen. Todo fue reducido a cenizas, menos la imagen, que quedó con sus vestidos intactos y ligeramente ahumada.
La representación tiene una tercia de vara (30 centímetros) y el grueso de dos dedos (85 centímetros), viste una túnica sobre la que cae el manto que se desprende de los hombros y se tercia airosamente bajo el brazo izquierdo. El cabello se extiende sobre el ropaje, las manos están unidas ante el pecho y los ojos modestamente inclinados.
El calendario litúrgico conmemora en esta semana el Dogma de la Inmaculada Concepción de la siempre Virgen María, pero para la fe del pueblo oaxaqueño se celebra la festividad de la Virgen de Juquila, disociando los dos conceptos.
Juquila que en náhuatl significa lugar de la legumbre hermosa o lugar en donde abunda el quelite azul, en estos días es sede de miles de peregrinos, muchos provenientes de diferentes partes de México y de otros países, principalmente de Centroamérica. Todos, con el único propósito de refrendar su devoción, para pagar sus "mandas" o solicitar su intermediación para obtener un favor divino, postrándose a los pies del icono por excelencia de la religiosidad del pueblo católico oaxaqueño.
Derrama económica
El presidente municipal, Manuel León Sánchez, informó que hasta el próximo lunes se recibirán a 30 mil personas por día. Todas acepta dejarán una derrama económica de un millón de pesos diarios.
Explicó que tienen la necesidad de coordinar acciones con diversas dependencias del gobierno estatal, para dar seguridad y atención a la feligresía.
La mayoría de las caravanas llega por la Sierra Sur, recorriendo desde la capital a Zimatlán en los Valles Centrales; para cruzar Sola de Vega, Juchatengo y El Vidrio, en plena serranía. Este es el punto geográfico de donde empiezan los recorridos masivos a El Pedimento, un punto cercano a Juquila, en donde la gente siembra miles de cruces cada año como pago de "mandas" y aporta dinero para el cuidado de la Virgen.
Hasta ahora es la autoridad municipal la que administra este recurso, a pesar de los reclamos de la Iglesia.
Según el munícipe de Juquila, se colectan unos 30 mil pesos al día y sirven para la construcción del palacio municipal, pago de policías, hospedaje del personal de las distintas dependencias gubernamentales que apoyan en los operativos, recolección de basura, alumbrado público y obras de interés comunitario.
Los peregrinos se instalan en los parques públicos, canchas, atrio de la iglesia y corredores de diversas viviendas, donde haya cupo para pernoctar y marcharse al siguiente día.
Entre los contingentes figuró el de mil 300 ciclistas que salieron de Puerto Escondido, como desde hace 15 años, demorando más de 12 horas. Sortean peligros, principalmente por el pésimo estado de la carretera estatal que conduce a Juquila.
Asimismo, cientos de indígenas de Chiapas arribaron corriendo desde sus comunidades a este lugar. Luego de orar regresan a sus pueblos en un maratón con antorchas que permiten un espectáculo emotivo y maravilloso.