TEXTO J. JAIME HERNÁNDEZ . CORRESPONSAL
El Universal
Sábado 20 de mayo de 2006
YUMA, Arizona.- En el lenguaje del desierto, los viejos les llaman las brechas del diablo . Por sus rutas han desaparecido miles de inmigrantes en busca del sueño americano . Algunos de ellos logran superar trayectos infernales, dejando tras de sí una de las más arriesgadas formas de poner tierra de por medio con el hambre y la miseria. Otros, en cambio, mueren en medio de un frenesí de desesperación y locura que los empuja a buscar agua entre la arena o a comer cactus espinosos que, al final, no logran salvarles de la calcinación en vida. "En el desierto hay quien tiene suerte y muere de un paro cardiaco. Se desploman después de caminar durante dos o tres días. Otros experimentan muertes terribles; sufren un largo proceso de combustión en vida. Primero se desorientan, luego sufren una sicosis por la falta de agua que los empuja a arrancarse los pelos, a escarbar en la arena hasta que se les desgarran los dedos y a comer plantas espinosas que no logran mitigar su sufrimiento.
Las muertes más horribles las experimentan las mujeres y los niños, que son los más débiles. Las mujeres mueren desangradas porque el calor les altera todo el sistema hormonal y los periodos se les adelantan. En cuanto empiezan a sangrar, ya están condenadas a muerte". Esteban Sánchez Urquídez sabe de lo que habla.
Como director del Grupo Cuau- htémoc de Derechos Humanos en el sector de Yuma y San Luis Río Colorado, Sánchez ha visto morir a mucha gente entre sus brazos.
Junto al reverendo Robin Hoover, de la organización Human Borders (Hermanos en la Frontera), recorren las brechas del diablo para rescatar todos los días -vivos o muertos- a cientos de inmigrantes que fracasan en su intento por cruzar por el desierto de Yuma y remontar hacia el norte en busca de un pariente o de un mejor futuro.
La sangre llama
"Últimamente, la mayor parte de la gente que intenta cruzar la frontera por el desierto tiene a un hermano, a un esposo, a una hija. Y cada vez es más frecuente la muerte de mujeres que van en busca del esposo o niños que van a reunirse con sus padres. Tan sólo este año, nosotros hemos registrado los casos de casi 80 mil niños que han intentado cruzar para reunirse con sus padres. La sangre llama y por eso aceptan el riesgo de morir en el desierto", dijo Esteban Sánchez.
Según Richard Hays, portavoz de la Patrulla Fronteriza en el sector de Yuma, en lo que va del año fiscal (que inició el 1 de octubre), el número de detenciones ya suma 96 mil 632, mientras que el promedio de deportaciones por día oscila entre las 400 y las 600. En ese mismo periodo, el número de muertos, es decir, número de cuerpos que han sido encontrados por ellos, alcanza la veintena.
"Esto supone un aumento de más de 17% en relación con el mismo periodo del año pasado. El incremento responde en gran parte a un cambio en el flujo migratorio ante el incremento en la vigilancia en otras áreas de la frontera", aseguró Hays a EL UNIVERSAL.
En un intento por frenar la oleada de inmigrantes que todos los días intentan cruzar por el desierto de Yuma, la Patrulla Fronteriza trabaja a marchas forzadas para extender el muro hacia el este del desierto de Yuma. Nuevas vigas de acero reforzado, que se alzan a dos metros de altura del suelo, así como barreras en 18 puentes, han sido edificadas con la esperanza de reducir el número de inmigrantes o contrabandistas que todos los días intentan cruzar el desierto.
Esta estructura de acero reforzado, que se alza en medio del desierto, forma parte del proyecto que pretende sellar con un triple muro una franja fronteriza de casi 600 kilómetros, según la iniciativa respaldada por el presidente George W. Bush y aprobada por el Senado el pasado 16 de mayo.
Nada, sin embargo, permite aventurar que la construcción de este muro y el envío de la Guardia Nacional pondrán fin al ancestral fenómeno de la migración: "La voracidad de Estados Unidos por la mano de obra barata de los mexicanos y el llamado de la sangre entre familias que han sido separadas aseguran el futuro de la migración por muchos años más. No importa cuántos muros y guardias pongan del otro lado de la frontera. La gente seguirá emigrando y arriesgando su vida a través de las brechas del diablo", aseguró Esteban Sánchez.