Insuficiente, la protección financiera en desastres
Los mecanismos bursátiles para obtener recursos en caso de siniestros naturales son aún incipientesHace 20 años, en los dÃas previos a los sismos de septiembre, el gobierno federal lidiaba con un servicio de deuda de poco más de 80 mil millones de dólares y disponÃa de poco presupuesto para canalizarlo al pago de este oneroso compromiso. Los funcionarios de Hacienda y del Banco de México en ese entonces se enfrentaban a las altas tasas de interés.
El sismo los tomó desprevenidos financieramente. El gobierno del entonces presidente Miguel de la Madrid tuvo que declarar estado de emergencia y tomar recursos asignados a otros programas para resarcir parte de los daños, pero en realidad lo utilizado no fue suficiente y sólo se perdieron fondos ya programados.
Tuvieron que pasar dos décadas para que las autoridades financieras del paÃs instrumentaran un mecanismo que les ayude a cubrir una parte de los daños potenciales que pudiera generar un terremoto, de magnitudes similares o mayores a los ocurridos en septiembre de 1985 en el Distrito Federal. Apenas en julio pasado Hacienda emitió un bono por 450 millones de dólares, mismo que ya es dinero disponible en caso de ocurrir un evento sÃsmico.
Especialistas en el tema coincidieron en señalar que aunque es un buen intento, la opción serÃa insuficiente.
Por ejemplo se estima que el huracán Katrina dejó pérdidas materiales por más de 50 mil millones de dólares. En un caso como éste el gobierno deberÃa tener por lo menos cien bonos similares colocados en el mercado para poder afrontar daños del mismo orden y magnitud.
A la fecha no hay cifra que refleje en forma fehaciente el costo que tuvieron los sismos de 19 y 20 de septiembre de 1985; sólo hay inciertos recuentos de los daños: más de 2 mil edificios dañados, 3 mil muertos, otros 3 mil hospitalizados y 50 mil familias sin techo. De costos estimados, nada.
Se buscó a autoridades de Hacienda para pedir detalles de la emisión del llamado Bono Catastrófico y explicaciones del esquema de operación. Arguyeron no tener tiempo; la preparación del presupuesto de la Federación para 2006 los tenÃa ocupados.
Brenda López Cabrera, ganadora del Premio Mexder de 2003 por el trabajo sobre Valuación de Bonos Catastróficos para Terremotos en México, explicó que los bonos son nuevos instrumentos para la prevención de riesgos, parecidos a los reaseguros (firmas que asumen parte de los riesgos financieros del asegurador original) porque protegen contra el exceso de pérdida del asegurador primario. "pero con la ventaja de que cuentan con disponibilidad inmediata de los recursos en caso de emergencia", explicó.
En su investigación detalla: "Los Bonos Catastróficos se crearon por la necesidad de cobertura financiera que no podÃa ser cubierta por un reasegurador tÃpico. El primer bono de este tipo fue emitido en 1988 por un monto de 50 millones de dólares para cubrir temblores en ciertas regiones de Japón; el gobierno de Estados Unidos emitió su primer instrumento en 1996".
En México, hasta julio pasado no se habÃa emitido ningún instrumento de cobertura pese a la alta exposición de sismos y otros sucesos de la naturaleza como huracanes. En mayo de 2003 en el Diario Oficial de la Federación se oficializó la creación de este instrumento en el mercado asà como la regulación a la que estarÃa sujeto el instrumento.
En el modelo propuesto por López Cabrera se usa una proyección para determinar frecuencias de sismos y su probabilidad de ocurrencia en suelo mexicano y hasta los posibles efectos que tenga.
Básicamente la operación del Bono Catastrófico es la siguiente: se trata de que un grupo de inversionistas compren un instrumento respaldado por el gobierno a un determinado plazo, en el cual la apuesta es la no ocurrencia del evento sÃsmico. En caso de ser asà se pagan intereses que deben ser atractivos para los inversionistas. Por ejemplo, López Cabrera sugiere que estos intereses sean de cinco a siete puntos porcentuales arriba de la tasa que ofrecen los Cetes, instrumentos de deuda federal.
"El bono catastrófico es una apuesta donde el riesgo es la probabilidad de ocurrencia del evento y el beneficio son las tasas instantáneas de interés que ofrece. Al gobierno le conviene venderlo porque compensa sus pagos de ocurrencia en desastres naturales con los pagos que el inversionistas le da por la compra del bono", explicó.
La especialista opinó que aún hay mucho por hacer en el mercado de valores mexicano. "La utilización de nuevos instrumentos que permitan al gobierno o empresas generar los recursos suficientes para cubrir los costos de ciertas catástrofes es algo que deberÃa ser una prioridad en un paÃs como México, aunque todavÃa falta profundizar más el mercado de valores para lograrlo", agregó.


