Por el momento, a la realeza ya no le preocupan sus escapadas nocturnas o ciertas actitudes de rebeldía que fueron la delicia de los tabloides británicos. Ahora, lo que inquieta del príncipe Harry de Inglaterra son las repetidas bajas por enfermedad o malestar que ha comenzado a registrar el joven de 20 años, a tan sólo 16 semanas de haber iniciado su formación militar en Sandhurst, la academia castrense de mayor prestigio en el Reino Unido. Harry, el tercero en la línea de sucesión de la corona británica, ha padecido en menos de cuatro meses de formación militar: constantes dolores de cabeza y garganta, gripes, resfriados y ampollas en los pies.
Malos augurios
La mala racha en la salud del príncipe comenzó con una lesión en la rodilla, que sufrió durante la serie de pruebas de resistencia física, carrera de obstáculos y ejercicio tipo militar, que realizó para ingresar en Sandhurst.
Sin embargo, y curiosamente, la lesión se agravó en octubre de 2004, mientras el príncipe entrenaba a un grupo de niños en el rugby. Eso le permitió retrasar su preparación militar (prevista para enero), hasta el 9 de marzo de este año.
Claro que los malpensados, que abundan en los tabloides de Inglaterra, sostienen que el hijo menor del príncipe Carlos y la fallecida princesa Diana postergó su entrenamiento porque no se sentía listo para levantarse todos los días a las cinco de la mañana, lustrar sus botas, planchar sus camisas y tender su cama. Y que mucho menos acababa de hacerse a la idea de limpiar baños y caminar 30 kilómetros cargando una pesada mochila bajo la lluvia.
Y es que, a pesar de tener sangre azul, el segundo hijo de Carlos como cualquier otro cadete, debe acatar las normas de la exigente academia, en la que está prohibido llevar celulares y conservar más de una fotografía de un familiar, entre otras restricciones. (Para fortuna de los sufridos alumnos pueden beber "moderadamente").