PUEBLA, Pue. A través de los granos importados y distribuidos por Diconsa y los migrantes mexicanos, podrían haber llegado a Puebla y Oaxaca semillas de maíz transgénico, advierte la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), que desconoce cuáles serán los efectos sobre la salud de los consumidores. La contaminación de las variedades criollas de maíz, detectada en 11 comunidades de Puebla y Oaxaca, es un hecho, afirma el documento denominado Evidencias de flujo genético desde fuentes de maíz transgénica hacia variedades criollas? , elaborado por el Instituto Nacional de Ecología (INE), la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) y la Semarnat, cuyos resultados se rehúsan a aceptar las autoridades del ramo a nivel local.
La entrada de maíz alterado es un serio problema para el país, agrega el texto, pues los maíces criollos representan la memoria genética de la agricultura tradicional mexicana, y el daño a sus secuencias genéticas originales es irreparable al patrimonio natural de México. Por esto, los maíces silvestres no podrían competir en un mercado potencialmente amplio para plantas libres de transgénicos.
Esta situación contradice la política nacional de impedir la siembra de maíz con alteraciones en su ácido desoxirribonucleico (ADN) en México, centro de origen del grano y uno de los principales centros de diversificación.
Este hecho puede, además de las consecuencias biológicas, tener efectos legales, sobre todo para la Semarnat y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Recursos Naturales, Pesca y Alimentación (Sagarpa), pues "con su negligencia para proteger al maíz mexicano, han puesto en riesgo la conservación de la diversidad biológica nacional, al no ejercer sus facultades de control sobre los riesgos que conllevan los transgénicos que ingresan al país", precisa un comunicado de la organización ambientalista Greenpeace México.
El inicio
Es justo en el municipio de Palmar de Bravo, ubicado en el valle de Tehuacán, donde los investigadores del INE, Sol Ortiz y Ezequiel Ezcurra, y de la Conabio, Jorge Soberón, encontraron semillas contaminadas, al realizar una investigación a raíz de que la Universidad de California en Berkeley, y técnicos de la Unión Zapoteco-Chianteca de Oaxaca organización campesina de la Sierra Norte de Oaxaca dieron a conocer las afectaciones en los granos.
Entrevistada vía telefónica, Sol Ortiz precisó que en este municipio, situado a hora y media de la capital del estado, se recolectaron muestras de mazorcas y se detectó presencia de secuencias transgénicas entre 3 y 13 por ciento de las semillas, lo que no es alto.
El estudio practicado en dos comunidades de Palmar de Bravo también se aplicó en 20 localidades de Oaxaca. Una muestra adicional de maíz desgranado fue obtenida del almacén de la Distribuidora de Conasupo (Diconsa).
Las semillas fueron germinadas y se extrajo el ADN de las plántulas para analizarlas. La muestra total fue de 800 semillas, en las que se investigó la presencia del segmento promotor 35S, derivado de la coliflor y utilizado como iniciador de genes transgénicos.
Del total de la muestra para las diferentes localidades, 79 plántulas arrojaron resultados positivos para dicho segmento, al igual que 37 por ciento de los granos tomados de los almacenes de Diconsa.
En cuatro localidades oaxaqueñas, ubicadas fuera de la Sierra Norte, en los municipios de Ixtepeji y Tlalistac, en los valles centrales; Nochixtlán, en la Mixteca, y Santa María Ecatepec, en la parte sur de la Sierra de Juárez, se encontraron frecuencias de introgresión transgénicas más altas, de entre 20 y 60 por ciento .
Estos hallazgos sugieren que la contaminación por transgénicos no es un hecho aislado en Oaxaca y Puebla, sino que puede ser un fenómeno generalizado en otras regiones de México. Pero, aún no se sabe si las construcciones del ADN sirvan sólo para que las plantas resistan los efectos de los herbicidas o qué compañías son las responsables de introducir los maíces alterados en territorio nacional.
Para el vocal ejecutivo de Capacitación y Extensionistas de la Secretaría de Desarrollo Rural, Gustavo Jiménez Aguayo, en ninguna de las 20 variedades de maíz sembradas en las 600 mil hectáreas del estado de Puebla se ha detectado secuencias transgénicas.
Incluso, ni siquiera el presidente de la Asociación de Maiceros, Ramón Meza, tiene reportes de este tipo, a pesar de que representa a 300 mil productores, es decir, casi a 70 por ciento de los campesinos que cultivan maíz en la entidad.
La única manera de detectar el maíz alterado genéticamente es por el tamaño de la mazorca, explicó Jiménez Aguayo, al comentar que el uso de transgénicos es para que la planta sea más resistente a las plagas.
Organismos genéticamente modificados
Un organismo transformado por ingeniería genética puede ser una planta, animal, hongo, bacteria o alga, a cuya cadena de ADN se introducen genes de otro organismo que puede pertenecer a la misma especie o ser completamente distinto.
En teoría, esto significa que se pueden pasar genes de una bacteria e introducirlos a una planta o animal, por lo que los organismos genéticamente modificados son seres vivos inéditos en la naturaleza, y poseen información genética que no existía en su especie.
Hasta ahora hay dos usos de los organismos genéticamente modificados: la liberación en el ambiente y la producción de medicamentos, en donde no hay daños al ecosistema.
De acuerdo con Greenpeace México, los riesgos de que estos organismos sufran modificaciones, una vez liberados varían de acuerdo con su construcción, pero se desconoce cómo se van a comportar en el medio ambiente, al que podrían afectar a mediano y largo plazos.
Los posibles efectos pueden no ser evidentes en las primeras generaciones, sino años después y acentuarían la pérdida de variedades criollas y comerciales.
Asimismo, aumentaría en forma considerable la presencia de herbicidas en los campos de maíz, debido a que 70 por ciento de los cultivos transgénicos comerciales han sido modificados para resistir los fumigantes.
Un dato importante encontrado en mayo de 1999, por investigadores de la Universidad de Cornell, es que el polen transgénico es transportado por el viento y depositado sobre una planta silvestre conocida como algodoncillo , de donde se alimentaron las larvas de mariposa Monarca en Estados Unidos, lo que provocó su menor crecimiento y una muerte prematura.
Impacto en la salud
Los posibles daños a la salud aún no se definen. Existen casos de productos elaborados con transgénicos ya comercializados, que tuvieron que retirarse del mercado, tras comprobarse que dañaron a las personas, porque sí tuvieron efectos directos negativos en el cuerpo humano. Hasta ahora, la discusión se ha centrado en las reacciones alérgicas y resistencia a antibióticos.
Han alertado sobre el uso de genes modificados en medicinas, la Unidad de Agentes Bacterianos del Instituto Pasteur, responsable del Centro Nacional sobre Mecanismos de Resistencia a Antibióticos de Francia; así como el Consejo Médico de Berlín, la Asociación Médica Británica y los gobiernos de Suiza, Alemania, Francia, Reino Unido, Grecia, Luxemburgo, Austria, Estados Unidos, Noruega e India.
Impacto en la agricultura
En México, a pesar de que Greenpeace entregó información sobre la resistencia a antibióticos y el maíz Bt de Novartis una de las variedades transgénicas que se importan de Estados Unidos a la Secretaría de Salud, se desconoce si la dependencia tomó medidas, lamenta la organización ambientalista.
Los campesinos que siembren maíz con variaciones no sólo se enfrentarán a la presencia de nuevos genes en sus cultivos, sino también a un problema legal, pues los transgenes están patentados.
A principios de 2000, la Oficina Europea de Patentes (EPO, por sus siglas en inglés) otorgó a la empresa química y agrobacteriológica estadounidense Dupont una patente para una variedad de maíz rico en alto contenido de aceites, en especial de un ácido graso conocido como oleico, y que abarca variedades de maíces criollas o mejoradas.
Al igual que Dupont, las firmas Monsanto, Syngenta, Pulsar y Aventis discutieron, en octubre del año pasado, con la Sagarpa la posibilidad de legalizar la siembra de maíz transgénico en el país, lo que fue criticado por Greenpeace México, que exigió a la dependencia tomar medidas para remediar la contaminación de los granos, en lugar de ceder a las peticiones de las compañías y tratar de legalizar su entrada al país.
Y es que mientras en diversas partes de mundo aumenta la prohibición de importaciones y siembra de transgénicos, así como el rechazo a productos derivados de organismos genéticamente modificados, por parte de consumidores; en México sucede lo contrario.
De acuerdo con cifras de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), en 1998 y 1999 entraron 5 millones de toneladas, aunque en el último año, el porcentaje de maíz transgénico mezclado con maíz convencional estuvo cerca de 25 por ciento .
Acciones para frenar la contaminación
Para el Instituto Nacional de Ecología (INE) y Greenpeace, es urgente impulsar campañas para proteger la diversidad agrícola tradicional, fuente de desarrollo de la alimentación mundial, y monitorear en forma intensiva a corto y largo plazos, para determinar la magnitud del problema y su evolución.
Además, la organización ambientalista exige fincar responsabilidades legales a los funcionarios y empresas responsables de la contaminación, y aplicar de forma inmediata el principio precautorio para detener las importaciones del maíz, mediante la solicitud de separación del grano enviado por exportadoras estadounidenses.
El INE propone la creación de mecanismos de distribución de maíces transgénicos, para evitar su uso en los cultivos, así como certificar que las semillas criollas estén libres de estas alteraciones.