El enamoradizo. Se enamora de su novia, de las amigas de su novia y de cuanta mujer que se le pone enfrente. Se encapricha con todas las chicas que conoce y busca conquistarlas con las más delicadas artes de galán de telenovela. Se caracteriza por ser muy guapo. Su imagen es fantástica, pero varía con cada nueva conquista.
El único antídoto seguro contra este "Narciso" es nunca mostrarse satisfecha ante sus fuegos de artificio.
El marido arrepentido. Sale con una chica pero está casado y "enamorado de su mujer". Ni disfruta ni deja disfrutar los ratos que pasan juntos porque siempre aparece la sombra de la "otra". Esta situación le genera un sentimiento de culpa. Hay que huirle.
El divorciado pródigo. Hace poco empezó una nueva vida, de la cual intenta hacer parte a su novia, pero aún se atormenta con sus recuerdos de casado y reniega de su recobrada soltería. Todavía no logra conciliar el sueño y pasa las noches en vela.
Los que preocupan
Es el tipo de hombres que caen en el ridículo y en el absurdo, despiertan curiosidad por su forma de ser y son aquellos que sería difícil llevar a la cena de Navidad de la empresa, a la celebración del cumpleaños con amigos o a presentar con la familia. Es mejor mantenerlos en secreto y conservarlos como un vicio íntimo.
El aprendiz. Nunca ha tenido una novia. Es inseguro, solitario, atolondrado y poco atractivo como objeto de deseo. Espera a que lo inicien no sólo en las artes del erotismo y la convivencia, sino en las de la vida humana en general.
El adversario. Es polemista, pesimista y negativo; además de depresivo, oscuro y apocalíptico. Con él es necesario hacer acopio de buen humor y sentido crítico, pues intentará arrastrar a su compañera a las profundidades del abismo.
El edipo. No necesita explicaciones: busca una sustituta de su madre.
El saboteador. Disfruta de la vida con los demás, excepto con su pareja. Con ella se muestra incapaz de pasar momentos agradables, mostrarse alegre y compartir un rato de paz. Es incapaz de confesar el fastidio que le provoca su chica.
El adolescente. Es el típico hombre que se mantiene igual aunque hayan pasado 30 años. Es irresponsable, fiestero y alérgico a los compromisos. Presume de feminista, lo cual según su ideología, equivale a ser un mal educado.
El inventado. Es una creación propia, puede ser cualquier hombre pero al que se le han asignado cualidades y defectos para enamorarse de él.
Es un espejismo de acuerdo con las propias obsesiones que puede resultar en un verdadero engaño, porque en realidad es un hombre que no tiene nada que atraiga en serio.
Los que aburren
Son especialistas en poner a prueba la resistencia. Se trata de personas demasiado ocupadas con sus personalidades aburridas, sus elaboradas fantasías y sus costosas actividades como para darse cuenta de lo que pasa alrededor. Una de sus características es que una vez que desaparece incluso se llega a olvidar cómo era.
El pensador agudo. Es aquel que pone en tela de juicio todas sus actitudes y las de su compañera. Intelectualiza la relación hasta extremos que no se conciben y no para de hablar. Siempre está observando, analizando y procesando. Es incapaz de ser espontáneo y de expresar un comentario banal o entusiasta.
El interesante. Es un típico ejemplar que siempre está en pose y adopta diversas personalidades. Al parecer vio todas las cintas de Humphrey Bogart y se aprendió sus personajes de memoria. Cree que debe adoptar un aire interesante para parecer atractivo a las mujeres. Es listo y tiene una imaginación prodigiosa; sin embargo, no deja de ser un mal partido.
El genio. Tiene gran capacidad para contar historias fuera de lo común, es inteligente y bastante entretenido al principio; no tarda en aburrir con sus excentricidades y llega a cansar a las personas con sus desvaríos e iniciativas. En realidad es un gran mitómano que ocupa su tiempo en la invención de planes, mentiras, teorías, conspiraciones y negocios imposibles y no le queda tiempo para atender a su compañera.
El yogur. Al principio parece alimenticio, satisfactorio y bueno para la salud, pero después de salir 15 días con él resulta espeso, ácido y soso. De inicio se muestra abierto y trata todos los temas sin rubor ni reservas, pero pronto empieza a volverse repetitivo y tremendamente aburrido.
El dueño y señor. Como cualquier señor feudal de la Edad Media, pronto empieza a sentir que tiene todo el poder sobre su mujer. Se enferma de celos y se torna posesivo, vigila todos los actos de su pareja y construye una imagen distorcionada de ella con base en sus peores temores. Es intolerante, agresivo, posesivo, mandón, celoso y agotador.
Los que agobian
Este tipo de partidos provocan que las mujeres reafirmen sus gustos, su amor por la libertad y el anhelo por vivir de manera independiente, porque son tan dependientes que llegan a cansar y por tanto ellas aprenden a reconocer su don de mando y a decir "¡Basta!" Algunos de estos ejemplares son: El trovador contemporáneo. Le gusta imaginarse como un paladín de la justicia y del amor. Sus interpretaciones son sobreactuadas y artificiales. Abusa de la metáfora y el símil y se siente encantado con su papel de loco enamorado. Se siente héroe romántico e intenta seducir por medio de poemas malos y noches de guitarra a la luz de la luna.
El camaleón. Su principal preocupación es caerle bien a todo el mundo y ampliar su círculo de amigos y conocidos. Intenta hacerse el gracioso todo el tiempo, idea bromas y comentarios para llamar la atención, es un trepador social y cambia de posición y personalidad según la ocasión.
El casadero sensiblero. Tiene características de la sensibilidad femenina. Por ejemplo, llora cuando ve en televisión a un recién nacido y tiene en alta estima los valores familiares, por lo tanto sueña con tener esposa e hijos.
El merengue. Es agobiante por excelencia. Llega a fastidiar por su exceso de azúcar. Es dulce, cálido, suave, comprensivo, atento y emotivo.
El servicial. Siempre está disponible. Quiere solucionar los problemas prácticos de su pareja y aprovecha todo momento para demostrar sus aptitud para todo tipo de labores. Sólo puede llegar a ser un buen amigo. (Olga Valenzuela ) Fuente: Claudia Haro. ?Guía del mal partido?. Todos los hombres... no son iguales. Editorial Océano Ambar, 2005.