Oaxaca. El próximo domingo, diversas organizaciones de la sociedad civil, entre las que se cuenta el Patronato Prodefensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural del Estado de Oaxaca (Pro Oax), que preside Anselmo Arellanes, marcharán por una de las principales calles de esa ciudad para protestar por las obras de remodelación emprendidas por el gobierno local. El acto unirá a los integrantes de la Fundación Bustamante, la Red Ciudadana de Oaxaca y el Comité de Vigilancia Ciudadana, entre otras agrupaciones, quienes a las 11 de la mañana marcharán desde el ex convento de Santo Domingo de Guzmán hasta el zócalo, donde habrá una jornada de música, pintura y ecología.
La transformación de Oaxaca constituye uno de los programas más polémicos del nuevo gobierno de Ulises Ruiz, quien apenas el 11 de mayo pasado sumó a su lista de proyectos el de instalar un espectáculo de luz y sonido en la zona arqueológica de Monte Albán "sin compartir gastos ni ganancias" con el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y sin tener en cuenta la existencia de una Ley Federal de Zonas y Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos pues, como declaró, "como si no se violara diariamente una ley" (Diario Noticias. Nota de Iván Rendón, 12 de mayo).
Setenta millones de dólares han sido destinados a remodelar plazas y edificios del área céntrica dentro de un proyecto que incluye la transformación del zócalo y la Alameda de Oaxaca, la construcción de estacionamientos subterráneos bajo los dos mercados de la ciudad, la proyección de un segundo piso y diversos desniveles en las únicas arterias viales importantes de la ciudad capital oaxaqueña y varias intervenciones en templos y edificios históricos.
Es obvio que todo esto va a modificar la ciudad, la vida de sus habitantes sobre todo los del Centro Histórico y la expectativa de la ciudad que todo visitante quiere encontrar en la antiguamente llamada Verde Antequera, nombrada desde 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad y que ahora, en lugar de piso de cantera verde, tendrá adoquines rosas y grises.
La oposición social a estas obras ha logrado unir a los sectores más opuestos, pues han levantado su voz lo mismo los boleros que a artistas plásticos, cocineras de las fondas del mercado, vecinos de la calle de Crespo a la que amenazan con quitarle los árboles para ampliar la vialidad, a las cámaras de restauranteros afectados con la medida, a los viejitos que se enamoraron en el zócalo, pero también a integrantes de organizaciones no gubernamentales como Isabel Grañén Porrúa presidenta de la Fundación Harp Helú y al pintor Francisco Toledo, que como integrantes de Pro Oax no cejan en su empeño de impedir la destrucción del patrimonio cultural y natural de Oaxaca.