La paz.- Horas después de abandonar su cargo, Carlos Mesa, de 52 años, se deja ver en su casa del barrio de Calacoto. Sonriente, satisfecho "por el deber cumplido de haber evitado lo peor" y por momentos hablando como si aún no hubiera salido del Palacio del Quemado, recibió a EL UNIVERSAL. A modo de bienvenida, este historiador y periodista arranca: "Hemos vivido un infierno. Al filo del desastre todos los días". Resulta interesante hablar con Mesa por la sencilla razón de que está dispuesto a un balance autocrítico: "Yo fui muy ingenuo por creer en la buena fe del Congreso".
Lo peor pasó, pero a su sucesor le queda un gran incendio por apagar.
Todavía la situación es muy complicada. Aún puede haber un coletazo, pero con el correr de los días se irá normalizando. Ahora es importante que el Congreso defina un proceso electoral completo.
Ahora que ya está fuera, ¿por qué piensa que usted fracasó?
Porque intenté poner sobre la mesa todos los temas que caminaban subterráneamente, como autonomías, racismo, los hidrocarburos. Mi error, quizá, fue creer que esa transparencia del diálogo iba a encontrar soluciones, y lo que hice fue sacar los demonios de la caja.
¿Lo afectó la falta de base política y de experiencia en su gestión?
El Congreso pensó que era su enemigo, que al no tener partido yo quería destruirlos. Y no era así. Creo que hoy día tengo una experiencia mayor.
¿Esa experiencia será aprovechada como candidato?
Aquí cuando vienes de una borrachera impresionante se dice que estás chaqui (crudo), y yo estoy aún de chaqui político.
¿Qué saca, en lo personal, de esa experiencia?
Ha sido una experiencia devastadora desde el punto de vista de la tensión, pero muy enriquecedora en todo sentido.
¿Cuáles fueron los momentos más graves de su mandato?
¡Uyyy! Tengo una colección. Pero sin duda el lunes y ayer (jueves). Yo vi que estábamos al borde mismo de la guerra civil, pero de verdad. Son los dos días más duros emocionalmente que he pasado en mi vida. A tal punto que el nombramiento de Rodríguez fue uno de los momentos más felices de mi vida, porque estábamos salvando al país del desastre.
¿Cree que Rodríguez será tan rehén del Congreso como lo fue usted?
Él tiene una salida que yo no tenía: construir un proceso electoral total. La pregunta es si el Congreso el próximo martes va a cambiar la agenda y hacer una ley para acortar su mandato.
Usted saludó a las Fuerzas Armadas en su renuncia. ¿Cómo observa el rol que cumplieron?
Fue muy bueno (...). Las fuerzas militares, a lo largo de 22 años, se han portado impecablemente.
¿No cree que reclamó ayuda internacional, como a los países vecinos y a la ONU, demasiado tarde?
Sí. Debí apelar antes al apoyo internacional.
Le pediría un somero análisis de qué hizo mal y qué le faltó hacer.
Debí intentar un acuerdo político con el Congreso después del referéndum (julio 2004). Creí que se podía producir un proceso de renovación política a partir de la gestión de gobierno y el resultado no fue bueno. Creí en la buena fe del Congreso, y eso en política es de una ingenuidad terrible.
¿Usted admite que fue ingenuo? Usted hace una autocrítica que no hizo en su discurso de despedida. ¿Quiénes deberían imitarlo?
El país entero. Cuando un país llega a un punto como éste, es que hicimos muchas cosas mal. Tenemos que darnos cuenta de que éste es un camino suicida.
EU denuncia la intervención de Venezuela en el conflicto boliviano. ¿Le consta esa presencia?
No tengo? (se ríe), perdón, no tuve mientras estuve en el gobierno indicios de inteligencia. Hay empatía y respaldo de Chávez a Evo; eso es evidente y hasta me parece legítimo.
¿Cómo se desactiva el racismo convencional y el racismo a la inversa que se da en Bolivia?
Bolivia necesita un (Nelson) Mandela y un (Frederick) De Clerk. Los busqué, los busco pero no los encuentro?