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Bendecidos por San Fermín

España iniciará en breve el rito del "encierro", una de las fiestas populares más célebres del mundo. Correr junto a los toros por calles de Pamplona es para unos exaltación del valor viril; para otros, una práctica peligrosa

Domingo 04 de julio de 2004 Sergio Sotelo/ La Nación/GDA | El Universal

A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición...

Faltan pocos minutos para las ocho de la mañana, y un grupo de mozos vestidos de blanco, pañuelos y fajín rojos, se hace racimo frente a una pequeña imagen que representa al santo de la diócesis de Pamplona, en la norteña región española de Navarra, para entonar por tres veces algo así como un canto propiciatorio de la buena suerte.

Cumplido ese ritual previo, el disparo de un cohete anunciará el comienzo de una atípica carrera cuyo singular atractivo consiste en correr a cuerpo limpio delante de una manada de toros de lidia. Un recorrido que en su origen no tenía más objeto que conducir a las bestias desde unos corrales que hacen las veces de dormidero hasta la plaza de toros donde debían ser toreados, pero que el tiempo y algunos espontáneos temerarios han convertido en una prueba de hombría que tienta a gente (los estadounidenses, australianos y neozelandeses son legión) de medio mundo.



Hemingway, el mejor propagandista

Del encierro de los sanfermines, probablemente la fiesta más internacional junto con el carnaval de Río de Janeiro, se ha escrito (entre otras cosas) que se trata de una suerte de exaltación del valor viril, y también una forma de ritualizar el peligro.

El novelista Ernest Hemingway, el mejor propagandista que ha tenido esta fiesta (que atrae a Pamplona un número de visitantes que duplica con generosidad su población, de 250mil habitantes), aparentemente suscribía ambas tesis.

O al menos así lo interpreta el escritor y crítico taurino Javier Villán al recordar la fascinación que en el autor estadounidense provocaba el desafío que, julio tras julio, transcurre en el suelo adoquinado del casco viejo de la famosa ciudad española.

"Hemingway llevaba en su espíritu un dios de la guerra, un dios de la muerte y un dios del vino. Y eso veía el escritor de fama internascional especialmente en las calles de Pamplona." Tampoco hace falta tener el temperamento sanguíneo del autor de Adiós a las armas " ni reparar en las derivaciones simbólicas del popular encierro para sentir que en el arrojo de los corredores hay efectivamente algo de fascinación por el riesgo y mucho de química y adrenalina.



Monstruos astados

No resulta demasiado difícil componer la escena: seis toros con más de 600 kilos colgando de un esqueleto de 1.60 metros de alzada; con dos cuernos, que dice el romance, largos como puñales; varias docenas de corredores (los mozos en el argot sanferminero) en la estrecha confusión de una calle de 10 metros de ancho; un par de manadas de toros mansos abriendo y cerrando el cortejo...

Y todo ello, toros bravos, corredores y astados mansos, en movimiento y bajo el eco trepidante de la banda sonora que van trenzando los jaleos y suspiros que, desde el otro lado de la valla de seguridad, emiten algunos cuantos madrugadores y varios cientos de trasnochadores ebrios que dan un especial "toque" a esta fiesta conocida en todo el mundo y también muy criticada.



Religión, comercio y tauromaquia

Cuentan los historiadores locales que los sanfermines surgieron de la conjunción de tres fiestas distintas que simultáneamente, y desde distintas épocas, venían desarrollándose en la normalmente provinciana y levítica Pamplona: los festejos religiosos que en honor de su patrono celebraba "desde tiempo inmemorial" la capital del antiguo reino de Navarra, las ferias comerciales organizadas por los gremios a partir del siglo XIV y las taurinas, que también a partir de ese siglo "se ciñen a la celebración de las corridas de toros".

Como no podía ser de otra forma, a esa híbrida filiación le pone colofón lo que indefectiblemente suele redondear en España cualquier festejo verdaderamente castizo: la gastronomía.

¿Ejemplos? Basta uno: las meriendas pantagruélicas que se despachan los pamploneses en las tardes de toros y que, cómo bien señala Pedro Lozano Bartolozzi, escritor y cronista sanferminero, no son precisamente para ser descritas... "Suculentos bacalaos ajoarrieros, sabrosas magras, estofado de toro, bonito con tomate, cordero en chilindrón y polvorones y garrapiñadas." Eso, apenas para merendar.

Y a la mañana siguiente, vuelta a correr.



En contra

Según la agencia Europa Press, este año la asociación estadounidense de protección de los animales People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) escenificará , un día antes del inicio de las fiestas, un "encierro humano" en el que un grupo de estadounidenses, alemanes, italianos y franceses se desnudará en las calles de Pamplona para exigir que se ponga fin a los encierros con toros.

Es la tercera vez que se realiza esta protesta, consistente en recorrer desnudos los 800 metros del encierro.



DETALLES

Cuándo: La fiesta se celebra en Pamplona, España, del 6 al 15 de julio.

Qué: Además del tradicional encierro, hay comparsas de gigantes y cabezudos, corridas de toros y peñas nocturnas. El acto final de las fiestas es el Pobre de mí. La gente canta: "Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín".

Para saber más: www.pamplona.net y www.sanfermin.com



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