Washington . La creciente criminalidad y violencia de pandillas en América Latina, especialmente en México y Centroamérica, son una amenaza directa a la seguridad, el crecimiento económico y la consolidación democrática, afirmaron expertos estadounidenses. Entre 100 mil y 300 mil pandilleros en México y Centroamérica representan un problema que trasciende fronteras y, aliados con unos 800 mil miembros de 30 mil pandillas en Estados Unidos, son ahora motivo de preocupación para la policía y los servicios de inteligencia internacionales.
De hecho, "son una de las mayores amenazas para la seguridad de todos los estadounidenses", afirmó Chris Sweker, director adjunto de la División de Investigaciones Criminales de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).
En América Latina esas pandillas, especialmente la Mara Salvatrucha , son manifestación de una situación social que, combinada con problemas de lento crecimiento económico y desigualdad en el ingreso, crea una situación de enormes proporciones.
Muchos miembros de las maras y otras pandillas, frecuentemente jóvenes que crecieron en EU, son deportados a sus países de origen, que nunca conocieron, por lo regresan ráídamente a EU. Con frecuencia cometen crímenes o se establecen a lo largo del camino. Los mareros son, por ejemplo, responsables frecuentes de actos de violencia contra migrantes centroamericanos en México.
Más aún, según el especialista de la FBI, una reunión "cumbre" de la Mara en la ciudad hondureña de San Pedro Sula fue para discutir "cuestiones de liderazgo internacional interno del grupo" y no para abordar una alianza con grupos como la organización extremista islámica Al-Qaeda.
La criminalidad afecta a Latinoamérica a tal grado que su producto per cápita sería 25 por ciento mayor si la criminalidad fuera del mismo nivel que en el resto del mundo, aseguró Adolfo Franco, administrador adjunto para América Latina y el Caribe de la Agencia para el en Desarrollo Internacional (AID) de EU.
En una audiencia ante el Subcomité de Relaciones Internacionales para el Hemisferio Occidental, Franco dijo que en muchos países "la división entre violencia de pandillas juveniles y narcocrimen organizado es cada vez más borrosa".
En Centroamérica especialmente, dijo, "muchas de las amenazas a la democracia, los derechos humanos y la seguridad ciudadana son financiadas con masivos recursos del crimen organizado, lavado de dinero, contrabando de personas y otras empresas transnacionales ilícitas entrelazadas".
Franco señaló que el crimen está vinculado con los esfuerzos para reformar los sistemas judiciales y combatir la corrupción, toda vez que entre 1996 y 2003, hasta 96 por ciento de los crímenes en México quedaron impunes y prácticamente 75 por ciento de los delitos no son reportados.
En Brasil, "sólo alrededor de 8 por ciento de unos 50 mil asesinatos cometidos anualmente son perseguidos con éxito". En América Central, los gobiernos de El Salvador y Honduras señalaron que las pandillas son una amenaza tan grande para su seguridad nacional como el terrorismo para Estados Unidos.