Buenos Aires. La ratificación del presidente Carlos Mesa en el cargo, por parte del Congreso, puede convertirse en "un bumerán". Ayer, su ahora opositor Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo (MAS) y máximo dirigente cocalero, estrechó una alianza con la Central Obrera Boliviana (COB) y con el movimiento indigenista para declararle "la guerra" al gobierno neoliberal, hasta que "se avenga a negociar una ley de hidrocarburos para todos los bolivianos". La nueva alianza la misma que en octubre del 2003 provocó la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada anunció "la profundización de los bloqueos de rutas, marchas y huelgas en todo el país" y consideró el llamado de Mesa a una movilización para hoy en contra de esas medidas de fuerza "como una provocación, una declaración de guerra contra los bolivianos más desposeídos".
Evo Morales, quien el martes aprobó que Carlos Mesa siga en su cargo pero le exige una ley que aplique la retención de 50 por ciento de las regalías a las multinacionales petroleras, fue más lejos anoche, cuando denunció que "el gobierno está preparando el estado de sitio, e incluso hasta un posible autogolpe", lo que fue desmentido por el ministro de la Presidencia, José Galindo.
Lo hizo después de que Mesa, en una conferencia de prensa con los corresponsales extranjeros, desmintiera que su gobierno "haya girado a la derecha" o que se "parezca al de Sánchez de Lozada", y amenazó con "aplicar la legislación vigente para terminar con los bloqueos que afectan al país".
Mesa, ratificado por el Congreso y con un apoyo en las encuestas de 52 por ciento , estableció un acuerdo de gobernabilidad de cuatro puntos básicos con los partidos tradicionales, renovando la alianza que sustentaba a Sánchez de Lozada en el gobierno e impulsando así a la unión de la COB, el Movimiento Pachacuti de Felipe Quispe y Morales (estos dos hasta ayer enemigos irreconciliables) con el MAS. Además participan de esta ofensiva las Juntas Vecinales de El Alto y Cochabamba, quienes en la conferencia de prensa en la mañana se tomaron de las manos y al unísono gritaron: "¡Patria o muerte! ¡Venceremos!".
En la presentación, Quispe sostuvo que "nosotros le hicimos presidente a Mesa y ahora nos da la espalda y nos enfrenta con los bolivianos llevándolos a las calles (por la movilización convocada para hoy). Ya acabamos con Goni (como se lo conoce a Sánchez de Lozada) y ahora lo haremos con él".
Como si la crisis se rebobinara como una mera película, el clima se asemeja al previo a las sangrientas jornadas del 17 de octubre del 2003. Amenazas, cortes de rutas y hasta enfrentamientos regresaron ayer, después de 24 horas de tregua, en El Alto, en Cochabamba, Sucre y La Paz.
En el barrio paceño de Santa Cruz, un grupo de vecinos se enfrentó a golpes contra los chóferes de buses que cortaban una avenida, lo que puede ser una muestra nada más de lo que podría derivar la crisis.
"Serán 3 mil o 4 mil por ciudad, los que salgan contra 85 por ciento de bolivianos que vive en la pobreza", desafió Morales.
Entre desafío y desafío, entre amenaza y amenaza, Mesa reiteró la convocatoria a Morales para "dialogar con racionalidad" y negociar una ley que se base en 18 por ciento de las regalías y 30 por ciento de impuestos en las ganancias brutas. Al cierre de esta edición, el dirigente cocalero aceptó el diálogo. "Que ponga día y hora. Seguiremos con todos los movimientos sociales", respondió, al tiempo que advirtió que "el 50 por ciento de las regalías es inegociable". Un intento de diálogo cuyo comienzo aún se ve lejano.