C on más de 50 años en el negocio, Raúl Caballero ha visto de todo. A su paso por el diseño de trajes, el empresario vistió hasta a ex presidentes; Miguel de la Madrid está entre su extensa cartera de clientes.Caballero tenía nueve años cuando entró a trabajar en una sastrería de la colonia Doctores. La escasez de dinero en su familia lo obligó a desempeñar esta actividad desde niño. "Al principio barría o hacía diferentes mandados", recuerda.
Fue a los 12 años cuando empezó a conocer parte del "arte de coser".
Sin embargo, relata que la práctica iniciócuando zurcía la ropa de sus compañeros en un internado.
"Cuando los profesores descubrieron lo que hacía me expulsaron y por temor a represalias de mi padre, me refugié con un sastre", relata.
El dueño de Camisería y Sastrería Stefano refiere que su maestro fue José Ballesteros, quien elaboró la ropa para Adolfo López Mateos y Agustín Lara.
Caballero se adentró en ese oficio y a los 21 años llegó al rango de maestro y fundó su primer negocio en la Zona Rosa. Antes, dice, el buen vestir e ir con un sastre era algo muy común, no como ahora que ya se perdió la tradición.
La gente, los políticos y los artistas tenían el buen gusto por verse bien. Ahora eso ya cambió un poco.
Las personalidades públicas prefieren comprarse un traje de marca que no está hecho a su medida y así fomentan el consumo de firmas y no la mano de obra mexicana, que se valora en el mundo de la moda.
Incluso, algunas casas europeas se piratean a los sastres mexicanos porque consideran que son de lo mejor. Muchos de las grandes marcas de Nueva York o Los Ángeles tienen sus negocios apuntalados por operarios nacionales.
Luego de su primer experiencia como empresario, Caballero trabajó con distintas casas y maestros, y ya para 1985 establece Camisería y Sastrería Stefano, la cual se mantiene hasta ahora.
En la época de los 80, Raúl Caballero vestía a políticos como Ramón Aguirre y Bernardo Sepúlveda Amor, y a Claudio Brook.
Sin embargo, reconoce que el negocio va a la baja, porque las nuevas generaciones ahora se van por la moda y no por la ropa bien hecha.
"Mis trajes tienen la misma calidad o son superiores a los industriales porque se utilizan los mismos materiales europeos, con la ventaja de que la mano de obra es mejor y el atuendo se diseña justo a la medida de la gente", asegura.
En su negocio, la materia prima se trae de otros países porque varias de las empresas de calidad que había en México cerraron, tal es el caso de Ribitex, Bourlington y Textiles Morelos. Y asegura que aunque su trabajo es artístico está muriendo, aunque hay sastres que mantienen vivo el interés por este oficio en el país.
Insiste en que la diferencia entre un traje a la medida y uno industrial es que la persona se ve mejor, y el primero llega a durar hasta 15 años y cuesta menos que la ropa de firma.
"Los trajes que hago cuestan entre 12 y 18 mil pesos y uno de marca es más caro, pero no dura tanto", indica.
Además, los cortes son personalizados, porque la clientela pide detalles que los hace verse diferentes a un Hugo Boss o a un Ferragamo.
El empresario insiste que es contradictorio que grandes personajes compren su ropa en Europa cuando en México tienen calidad y mano de obra calificada.
Antes, asegura, la gente llevaba a sus hijos al sastre para que les hicieran sus pantalones. Ahora, les dan mil o 2 mil pesos para que se vistan con ropa que a las dos lavadas ya no sirve, porque la tela se burbujea o pierde la forma.
En las prendas a la medida no se gasta, se invierte. Caballero recalca que un traje que se adquiere en 2 mil pesos sólo durará dos o tres lavadas, por lo que vale la pena algo caro, pero que a la larga saldrá más barato.
Lo ideal, dice, sería que abone una parte a un sastre y le vayan pagando poco a poco, porque al final tendrán algo de calidad. De esa manera la gente se podrá hacer de un buen guardarropa.
A decir de Caballero, también se puede optar por tela más económica, pero que ésta no se vea mal. Las que tienen mucho poliéster duran menos y generan calor.
En el caso de las camisas, más vale una cara y de calidad que una barata.
"Este artículo se tiene que lavar después de su uso y eso lo desgasta, pero si es de 100% algodón y tiene un buen corte puede durar hasta 10 años", comenta.
"Hay clientes que vienen a cambiarles puños y cuello hasta tres veces a sus camisas y la tela sigue con buena presentación. Pero si ésta no es de calidad, no dura lo mismo", dice.
Falta cultura del vestir
El empresario afirma que falta darle educación a los jóvenes en cuanto al buen vestir.
"Cuando salen de la universidad y comienzan a trabajar ya necesitan de un buen traje, pero como nadie le enseñó a ir al sastre se compran cualquier producto, sin importar su calidad", comenta.
El sastre de alta costura con más de 50 años en el negocio considera que el futuro de esta actividad va a la baja, pues la apertura de las fronteras a productos europeos y estadounidenses les afecta, aunque se mantienen en la lucha por sobrevivir.
Sin embargo, sus metas van más allá. Caballero pretende abrir una academia de sastrería para crear nuevas generaciones que rescaten ese oficio mitad arte, mitad elegancia.
Asegura que a pesar de que el negocio se reduce, todavía hay personas que quieren desarrollar esta actividad, de ahí la intención de formar a nuevos sastres.
El empresario explica que el objetivo es abrir su centro de capacitación en Cuernavaca, Morelos, pues en la provincia mexicana todavía hay gente dispuesta a aprender, dejando a un lado sólo el interés de ganar dinero.