Washington. No había reglas y la capacitación fue escasa. Pero la misión era clara: doblegar a los prisioneros que serían interrogados, indicó Sabrina D. Harman, una policía militar estadounidense acusada de perpetrar abusos contra iraquíes en la cárcel de Abu Gharib. "Traían a uno o varios prisioneros ya esposados", indicó Harman en un correo electrónico desde Bagdad. "El trabajo de la PM era mantenerlos despiertos, crear un infierno para que hablaran".
Sus comentarios coinciden con los hallazgos de una investigación del ejército, en el sentido de que la prisión era un caos, no había reglas para los interrogatorios y que la unidad de PM de Harman estaba poco capacitada para la tarea que se le pidió realizar.
Harman, reservista de 26 años, indicó que los miembros de su unidad recibían instrucciones de oficiales de inteligencia militar, operadores de la CIA y contratistas civiles que conducían los interrogatorios. Éstos también les entregaban a los prisioneros. Harman pidió que las preguntas sobre las acusaciones que se le imputan fueran dirigidas a su abogado, quien declinó responder.
Los prisioneros eran despojados de sus ropas, revisados y luego "obligados a estar de pie o de rodillas durante horas", explicó Harman. A veces se les pedía pararse en cajas o sostener cajas o hacer ejercicios para cansarlos.
"La persona que los llevaba determinaba si serían tratados `bien`", explicó. "Si cooperaba podía conservar su ropa y su colchón y podía pedir cigarros y hasta comida. Pero si el prisionero no les daba lo que querían, se le quitaba todo hasta que (la Policía Militar) lo decidiera. Dormir, comer, fumar, la ropa y el colchón, eran todos privilegios, y se concedían según la información recibida".
Harman subgerente de la pizzería Papa John`s en el condado de Fairfax, Virginia, antes de ser enviada a Irak dijo que la compañía recibió entrenamiento en el Fuerte Lee, pero era para "apoyo en combate, no para labores de reclusión". También dijo que nunca le enseñaron las reglas de la Convención de Ginebra sobre trato a prisioneros.
"Nunca vimos algo sobre la Convención de Ginebra y nadie (de la unidad) recuerda haberla visto en alguna clase", dijo Harman. "La primera vez que la leí fue dos meses después de que se me acusó. La leí completa y subrayé todas las faltas en que incurrió la prisión; fueron muchas". La madre de Harman, Robin, dijo que su hija nunca lastimaría a nadie.
"Tiene esa actitud... de querer salvar al mundo", indicó Robin Harman, quien vive en el norte de Virginia. Pero, "llegó allá y se le abrieron los ojos. No se pone en esa situación a jóvenes impreparados".
El viernes, mientras veía al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, declarando en el Capitolio, Robin consideró a su hija un "chivo expiatorio". Y agregó: "Eso es lo que me enoja tanto".
The Washington Post