El prÃncipe y la plebeya
El anuncio del matrimonio del prÃncipe de Asturias, don Felipe de Borbón, con la periodista española Letizia Ortiz ha suscitado tal consenso en España que todos, especialmente los medios de comunicación se han olvidado de que existe una ley fundamental que ha regido la sucesión de la dinastÃa española desde 1776, que impide a un heredero al trono casarse con una mujer que no sea princesa de sangre real, salvo si renuncia a ser rey.
Extraño caso de amnesia, pues hace 11 años prácticamente todos los medios la citaban con frecuencia al referirse (para criticarlo) al noviazgo del prÃncipe con Isabel Sartorius.
Se trata de una Pragmática emitida por el rey Carlos III en el último cuarto del siglo XVIII y que desde entonces ha coexistido con todas las constituciones españolas.
Según dicha Pragmática, los prÃncipes españoles deben casarse con princesas que pertenezcan a una Casa Real, pues de lo contrario quedarán apartados del trono.
Hasta ahora la Pragmática se habÃa cumplido a rajatabla y el mismo rey don Juan Carlos pudo llegar al trono gracias a que su abuelo, Alfonso XIII, renunció al mismo en favor de su tercer hijo, don Juan de Borbón y Battenberg, y éste, a su vez, abdicó en favor de su hijo, el actual rey Juan Carlos.
De los otros dos hijos mayores de Alfonso XIII, el primero, llamado también Alfonso, renunció en privado en 1933, en el destierro, a sus derechos a la Corona, al haberse casado con una cubana. El segundo, Jaime, también hizo lo mismo al contraer matrimonio con Manuela de Dampierre.
Actualmente, la familia real, como el resto de los españoles, se rige por la constitución de 1978, que no establece restricción alguna para los casamientos, excepción hecha de que los miembros de la familia real contraigan matrimonio contra la expresa prohibición del rey y de Las Cortes (el Congreso).
Sin embargo, el mismo artÃculo 57 de la constitución española afirma que la Corona es hereditaria en los sucesores de SM don Juan Carlos de Borbón, "legÃtimo heredero de la dinastÃa histórica" con lo que tácitamente está aceptando como válidas las renuncias de los dos hijos mayores de Alfonso XIII, efectuadas privadamente en el destierro.
Pero la aceptación del anuncio de la boda entre el prÃncipe Felipe y Leticia Ortiz ha sido tan unánime en España que parece difÃcil que la Pragmática de Carlos III vaya a aplicarse en esta ocasión.
La noticia no es que el prÃncipe Felipe vaya a perder sus derechos a la Corona por casarse con una mujer que no es de sangre real, que en el caso de Letizia no es siquiera de familia noble, sino que será el primer rey en casi 230 años que llegue al trono saltándose a la torera la multicitada Pragmática.
Los tiempos cambian y la monarquÃa española se adapta a ellos. Por eso, la novia del prÃncipe ha tenido tal aceptación, porque más que su abolengo pesa que sea una mujer preparada, inteligente y además guapa. Una española actual, vamos.
Como colofón anecdótico, sólo señalar que Victoria Carvajal, el primer amor juvenil del prÃncipe Felipe, también fue una periodista muy hermosa. No se puede decir que don Felipe de Borbón no sea constante en sus preferencias.


