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El príncipe y la plebeya

Miércoles 05 de noviembre de 2003 Gerardo Jiménez Valdés | El Universal

El anuncio del matrimonio del príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón, con la periodista española Letizia Ortiz ha suscitado tal consenso en España que todos, especialmente los medios de comunicación se han olvidado de que existe una ley fundamental que ha regido la sucesión de la dinastía española desde 1776, que impide a un heredero al trono casarse con una mujer que no sea princesa de sangre real, salvo si renuncia a ser rey.

Extraño caso de amnesia, pues hace 11 años prácticamente todos los medios la citaban con frecuencia al referirse (para criticarlo) al noviazgo del príncipe con Isabel Sartorius.

Se trata de una Pragmática emitida por el rey Carlos III en el último cuarto del siglo XVIII y que desde entonces ha coexistido con todas las constituciones españolas.

Según dicha Pragmática, los príncipes españoles deben casarse con princesas que pertenezcan a una Casa Real, pues de lo contrario quedarán apartados del trono.

Hasta ahora la Pragmática se había cumplido a rajatabla y el mismo rey don Juan Carlos pudo llegar al trono gracias a que su abuelo, Alfonso XIII, renunció al mismo en favor de su tercer hijo, don Juan de Borbón y Battenberg, y éste, a su vez, abdicó en favor de su hijo, el actual rey Juan Carlos.

De los otros dos hijos mayores de Alfonso XIII, el primero, llamado también Alfonso, renunció en privado en 1933, en el destierro, a sus derechos a la Corona, al haberse casado con una cubana. El segundo, Jaime, también hizo lo mismo al contraer matrimonio con Manuela de Dampierre.

Actualmente, la familia real, como el resto de los españoles, se rige por la constitución de 1978, que no establece restricción alguna para los casamientos, excepción hecha de que los miembros de la familia real contraigan matrimonio contra la expresa prohibición del rey y de Las Cortes (el Congreso).

Sin embargo, el mismo artículo 57 de la constitución española afirma que la Corona es hereditaria en los sucesores de SM don Juan Carlos de Borbón, "legítimo heredero de la dinastía histórica" con lo que tácitamente está aceptando como válidas las renuncias de los dos hijos mayores de Alfonso XIII, efectuadas privadamente en el destierro.

Pero la aceptación del anuncio de la boda entre el príncipe Felipe y Leticia Ortiz ha sido tan unánime en España que parece difícil que la Pragmática de Carlos III vaya a aplicarse en esta ocasión.

La noticia no es que el príncipe Felipe vaya a perder sus derechos a la Corona por casarse con una mujer que no es de sangre real, que en el caso de Letizia no es siquiera de familia noble, sino que será el primer rey en casi 230 años que llegue al trono saltándose a la torera la multicitada Pragmática.

Los tiempos cambian y la monarquía española se adapta a ellos. Por eso, la novia del príncipe ha tenido tal aceptación, porque más que su abolengo pesa que sea una mujer preparada, inteligente y además guapa. Una española actual, vamos.

Como colofón anecdótico, sólo señalar que Victoria Carvajal, el primer amor juvenil del príncipe Felipe, también fue una periodista muy hermosa. No se puede decir que don Felipe de Borbón no sea constante en sus preferencias.



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